Javier Risco.
¿Qué tan lógico le sonaría que yo le vendiera un seguro en
caso de accidente con cobertura por los siguientes dos años, pero que le
pusiera como cláusulas que ese seguro aplica sólo si durante el accidente se
rompe la pierna izquierda, pero no aplica si la que se rompe es la derecha? ¿O
que aplica nada más si el accidente lo tiene entre las ocho de la noche y las
tres de la madrugada? ¿Aceptaría?
El sentido común y un buen asesor financiero le diría que es
una mala apuesta. Y lo es. La misma mala
apuesta en seguros de cobertura contra desastres naturales con la que México ha
perdido 77 millones de dólares, por la adquisición de bonos catastróficos que
durante tres administraciones han resultado en pérdidas de dinero público que,
para colmo, terminó en cuentas de paraísos fiscales en empresas de papel.
Las malas noticias no
acaban ahí. Los 77 millones de dólares que se pagaron en primas y cuotas salieron,
precisamente, del Fondo Nacional de Desastres Naturales (Fonden).
La mala apuesta que no
sólo ha dejado al país sin el pago de esos seguros, con la responsabilidad de
asumir los costos de la reconstrucción, sino que además ha resultado en
pérdidas justo para el Fondo, cuyos recursos públicos deberían usarse para el
pago de daños.
Leyó usted bien. En una nueva entrega del proyecto
internacional de investigación periodística, #ParadisePapers, los periodistas
Daniel Lizárraga y Raúl Olmos, de Mexicanos Contra la Corrupción y la
Impunidad; Isabella Cota, de Quinto Elemento Lab, y Mathieu Tourliere, de la
revista Proceso nos contaron ayer ‘la
catastrófica historia de los Bonos Catastróficos’, que durante las
administraciones de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto fueron
adquiridos como un seguro en caso de terremotos y huracanes, pero que sólo en
dos ocasiones –y una de ellas de forma incompleta–, ha podido ser cobrado por
las absurdas condiciones que se aceptaron como parámetros.
Vayamos con calma, el asunto es complejo. Paso a paso: ¿Qué
son estos bonos y cómo funcionan? “Un bono de riesgo catastrófico es, en
palabras sencillas, una apuesta contra la naturaleza. Una en la que participa
en este caso el gobierno emisor, por un lado, y un grupo de inversionistas
globales, por el otro”, dice el texto que nació a partir de los papeles
filtrados conocidos como #ParadisePapers.
En 12 años se han adquirido cuatro de estos bonos en los que
inversionistas, a través de una empresa de papel ubicada en las Islas Caimán,
colocan su dinero apostando a que, en México, durante el tiempo de cobertura no
ocurran sismos mayores a 7.5 grados en el centro del país y 7.9 en las costas
del Pacífico, así como huracanes con categoría mayor a 4 o 5 cuando tocan tierra.
Si la naturaleza es ‘buena’ y ninguna de esas condiciones ocurre, los
inversionistas tendrán de vuelta su dinero, sin el pago de impuestos, por estar
en un paraíso fiscal, y con una compensación extra –que es secreta– (todo
dinero público que México obtiene del Fonden).
¿Recuerda 2007? ¿Le suena la inundación de Tabasco que dejó
500 mil damnificados y pérdidas por dos mil 918 millones de dólares? ¿Qué tan
fresco tiene el desastre en 2010 con el huracán Alex y las Tormentas Karl y
Mathew, que cobraron 19 vidas, un millón de damnificados y pérdidas por casi
ocho millones de dólares? ¿O los huracanes Ingrid y Manuel que, entre otras
cosas, sepultaron el pueblo de La Pintada, en Guerrero, dejando 157 muertos? ¿O
el huracán Odile, que con categoría 4 mató a 18 personas y dejó daños por más
de mil millones de dólares? Sin ir más atrás… ¿qué tan catastrófico le pareció
el sismo de 7.1 grados que nos azotó el 19 de septiembre pasado?
Por ninguno de ellos
México recibió un solo peso. Algunos, como los huracanes, por haberse dado en territorios
que el bono no cubría; otros, como el sismo, por haberse tratado de magnitud
menor a 7.5 grados, que era la apuesta de México y los inversionistas. Todas, tragedias en las que México tuvo que
solventar con sus recursos el desastre. Dos de los cuatro Bonos Catastróficos,
por cierto, adquiridos por el hoy aspirante presidencial del PRI, José Antonio
Meade.
En 2016, la Auditoría
Superior de la Federación pidió que se revisaran las contrataciones de estos
bonos que se basan en parámetros y no en daños. También lo advirtió Carlos
Valdés, exdirector del Cenapred. Pero el gobierno, fiel a su costumbre, hizo
oídos sordos y firmó un nuevo bono que tiene cobertura hasta para 2020.
Pero no, no se emocione, esa apuesta ya la perdimos, pues el
sismo del 7 de septiembre es el único que sí ha cumplido al 100 por ciento los
parámetros y se le pagó a México 150 millones de dólares, y otra de las
condiciones es el que el seguro se paga sólo una vez. Así se lucra con la
tragedia.
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