Adela
Navarro Bello.
El segundo debate entre los
candidatos a la Presidencia de la República que organizó el Instituto Nacional
Electoral, se convirtió en una caricatura de un debate real.
El formato, uno de los más modernos
en el mundo y para el cual en el INE se asesoraron con expertos de otros
países, particularmente de los Estados Unidos, no fue aprovechado por los
candidatos, quienes se limitaron a actuar como comediantes de standup, incluida la utilización de
accesorios y la coreografía, sino que los
moderadores no tuvieron ni la preparación ni la capacidad para guiar el
encuentro hacia la propuesta política, y ampliar los temas al debate nacional
–como sí sucedió en el primer debate-.
Resulta increíble ante la pobreza de
argumentos por parte de los candidatos Ricardo Anaya Cortez, José Antonio Meade
Kuribreña y Andrés Manuel López Obrador, y pues Jaime Rodríguez Calderón, que
los tres primeros se hayan proclamado ganadores del encuentro de ideas que
terminó en un espectáculo cómico dramático, donde ponderaron los insultos y los
ataques por encima de las ideas y los proyectos.
Si hubo
ganadores del debate, esos fueron los activos locales. La Universidad Autónoma
de Baja California, cuyos alumnos y personal colaboraron profesionalmente para
la realización del encuentro con las autoridades del INE y personal del Estado
Mayor que se hizo cargo de la seguridad en la Máxima Casa de Estudios de Baja
California, la ciudad de Tijuana cuyos restaurantes, hoteles y negocios habrían
tenido una derrama económica ante la llegada de los equipos de candidatos,
partidos, políticos, INE, periodistas, conductores y demás. También el Valle de
Guadalupe, donde durante viernes y sábado previos al debate, se recibió la
visita a la Ruta del Vino, de prácticamente la mayoría de los antes
mencionados. De ahí en fuera, no hay muchos ganadores del debate, y ciertamente
entre estos no están los candidatos.
Aun cuando
por primera y única ocasión en este proceso electoral, el debate tendría la
participación de público, después de una aparente rigurosa selección de entre
todos quienes integran el listado nominal de Baja California, los 42 convidados no pudieron participar
del todo, y quienes lo hicieron, básicamente se centraron en el mismo tema
-aunque se supone que la selección de preguntas también correría a cargo de los
moderadores-, lo cual llevó a que la segunda y tercera parte del debate se
anquilosaran.
Yuridia Sierra y León Krauze, los
moderadores, fue evidente que no tuvieron la suficiente preparación sobre la
temática de la frontera, o de México en el mundo, cuando –incluidas las
preguntas de los ciudadanos participantes- centraron la discusión en los dichos
del presidente de los Estados Unidos, los migrantes (extranjeros y nacionales),
los deportados, la seguridad de los deportados, la seguridad de los migrantes,
la seguridad de la frontera, e incluso los jóvenes conocidos como Dreamers que
residen en los Estados Unidos. Muchas preguntas elaboradas de distinta forma,
pero versando sobre los mismos temas.
En la categoría de seguridad en las
fronteras, los candidatos dejaron ver su falta de conocimiento y preparación,
lo mismo en el trato a migrantes, y el combate el crimen organizado. Quedaron
fuera del supuesto encuentro de ideas, los trámites aduanales que afectan a
productores de todo el país en las fronteras con Estados Unidos, sea para la
importación o exportación de mercancías, la participación nacional en la
industria maquiladora, los aranceles, las devaluaciones del peso, la
competitividad en la frontera, las relaciones bilaterales económicas,
académicas y de investigación, la disparidad entre impuesto al valor agregado
en las fronteras de ambos países, la relación de México con otras naciones en
materia de acuerdos comerciales, de coordinación contra la inseguridad, los
acuerdos, planes y convenios entre países, muchos temas más allá del Tratado de
Libre Comercio, el muro, y los connacionales residiendo en el vecino país.
Ninguno de los candidatos presentó
propuestas elaboradas, razonadas, programadas, medibles, más allá de sus
sentimientos de encono por el nacionalismo exacerbado, o sus intenciones para
obtener un resultado que tampoco explicaron a detalle. En general los candidatos
expusieron las causas de los problemas, el contexto actual de los
procedimientos, y solo refirieron buenas intenciones para transformar esos
escenarios en beneficio para todos.
Ninguno, ni Meade, ni Anaya, ni López
Obrador, mucho menos Rodríguez, fueron capaces de presentar un proyecto de
nación para las fronteras de México y su relación con el mundo.
El debate al
que los protagonistas le restaron seriedad para promover la discusión política,
destacó por convertirse en una suerte de
espectáculo político cómico, donde todos participaron con ocurrencias,
accesorios, frases ingeniosas para hacer reír, posturas retadoras e intentos de
humillación pública.
Todos los candidatos, quizá un poco
menos Rodríguez Calderón, llegaron cargados de accesorios, láminas, fichas,
documentos, productos, cartelones, y hasta un costal y una cartera, que fueron
mostrándose entre ellos, no para reforzar la propuesta que aportaban, sino para
denostar al otro. No hubo un solo documento o accesorio que fuera utilizado para
sustentar una idea en favor de un plan de gobierno. Todos fueron exhibidos para
dañar la reputación del otro, en montajes de monólogos ofensivos para el
contrincante, desde Anaya con su gráfica de la inversión en la Ciudad de México
hace más de 15 años, pasando por Meade y su texto extraído de un expediente
judicial, para concluir con la portada de Proceso que enarboló López Obrador.
Quienes utilizaron el espacio en el
gimnasio de Los Cimarrones de la UABC para caminar, lo hicieron de forma
dramática, sea para invadir el espacio vital de sus competidores, o para
simular una cercanía con el público asistente al que todos dejaron si
respuestas estructuradas.
Entre la
seriedad actuada de José Antonio Meade, la risa congelada de Ricardo Anaya,
Andrés Manuel López Obrador sacando su cartera para cuidarla, y Jaime Rodríguez
prácticamente pidiendo que lo atacaran también a él, el debate concluyó en la
frivolidad de la comedia, lo acartonado de las actuaciones, y un par de
moderadores que exigían respeto a su tiempo para hablar, y en algunas ocasiones
fueron tras una respuesta que al final no obtuvieron.
Quizá fue el formato que los
aspirantes no entendieron, y los moderadores desaprovecharon –contrasta con la
actuación de los tres moderadores del primer debate-, o quizá es que los
candidatos no se tomaron en serio el segundo encuentro del Instituto Nacional
Electoral, pero quedaron mucho a deber a los electores, que prácticamente en
vivo y a través de redes sociales, se volcaron en producir caricaturas y memes sobre
los actuaciones de los aspirantes, para contribuir a la comedia en que la
política electoral se convirtió en México el domingo 20 de mayo de 2018, con el
debate de caricatura. Ciertamente como informan en el INE, el más visto en la
historia de los debates.
Resultó
lamentable que ni siquiera para el minuto de cierre que tenían los candidatos,
se hubiesen preparado. Ninguno argumentó con un discurso distinto a los que han
presentado a lo largo de la campaña, ninguno particularizó en los temas del
debate, ninguno elaboró más allá de pedir el voto con las palabras de siempre.
Una pena la actuación de los
candidatos que no debatieron ni ideas ni proyectos, y que hicieron de la
política electoral en México, una caricatura.
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