Martín
Moreno.
La pregunta
que, hoy por hoy, corre de boca en boca entre millones de mexicanos, a solo 45
días de la elección presidencial, es: ¿en
qué encuestas podemos confiar? ¿Cuáles han fallado y cuáles son confiables?
“Una encuesta es una fotografía del
momento, que en cualquier instante puede cambiar”, es el escudo de los
encuestadores. Es un pretexto absurdo por dos razones básicas. Primera.
Entonces, ¿a dónde queda el profesionalismo, la preparación y la ética de los
encuestadores que, se suponen, son profesionales? Cobran, y muy caro, sus
encuestas, por lo tanto, su trabajo debe tener un mínimo de rigor y asumirse
como ENCUESTADORES PROFESIONALES. Comodino les resulta decir: “La gente puede
cambiar de opinión en la urna”. Ok. Sin embargo, para eso está la vacuna del
margen de error, en todo caso. Segunda: son encuestas que se divulgan ante la
opinión pública a través de los medios, luego entonces, influyen directamente
en el criterio de los votantes y por lo tanto se les debe EXIGIR a los
encuestadores un mínimo de profesionalismo, ética y rigor a la hora de difundir
una encuesta. No basta con poner, a pie de página, la metodología. Se requieren
parámetros adicionales que exhiban o recuerden a aquellas encuestas que fallaron”. (Extracto de mi libro 1/Julio/2018
Cambio radical o dictadura perfecta. Capítulo: “Las encuestas que fallaron en
2012”. Edit. Random House / Aguilar).
¿Hay perversidad o manipulación en
muchas encuestas? Sí.
¿Hay intereses económicos y políticos
en muchas encuestas? Sí.
¿Hay encuestas confiables? Sí.
Echemos un
vistazo, entonces, a las que por sus propios números, resultados y tendencias,
y no por opinión o interpretación del columnista, son encuestas no confiables,
y en cuáles sí se puede confiar. A final de cuentas, insistimos: sus números
son los encargados de calificar a las encuestas. (Información extraída del
mismo libro):
LAS
ENCUESTAS NO CONFIABLES
Peña Nieto
ganó la elección presidencial del 2012 por 7.5 puntos de diferencia sobre Andrés
Manuel López Obrador. ¿Qué pronosticaban las encuestas?:
BUENDÍA
& LAREDO: daba a EPN (54.3%) el triunfo sobre AMLO (21.4%), es decir, por
33 puntos. La diferencia era abismal. Falló
en su trabajo.
GEA-ISA:
daba a EPN (36%) el triunfo sobre AMLO (16%), por 20 puntos. La diferencia era
notable. Falló en su trabajo.
BGC-EXCÉLSIOR:
le daba en junio a EPN (44%) el triunfo sobre AMLO (28%), por 16 puntos. La
diferencia era considerable. Falló en su
trabajo.
PARAMETRÍA-EL
SOL DE MÉXICO: daba en junio a EPN (43.9%) el triunfo sobre AMLO (28.7%), por
15 puntos. La diferencia era notable. Falló
en su trabajo.
CONSULTA
MITOFSKY: le daba en junio a EPN (43.6%) el triunfo sobre AMLO (29.2%), por 14
puntos. La diferencia era amplia. Falló
en su trabajo.
LAS
ENCUESTAS CONFIABLES.
PERIÓDICO
REFORMA: le daba en junio a EPN (29%) el triunfo sobre AMLO (26%), por 3
puntos. La diferencia se ubicó dentro del margen de error. Acertó en su trabajo.
¿Por qué
algunas encuestas fallan y otras son certeras?
¿Por qué son
más confiables unas sobre otras?
Con base en
los muestreos presentados en esta columna, ¿por qué Buendía & Laredo se
equivocó por tanto margen (33%) en 2012, mientras el diario Reforma fue certero
y estuvo, con tan sólo 3%, dentro del margen de error? ¿Qué hizo mal Buendía
& Laredo y qué hizo bien Reforma? Este punto sería tema de estudio
profundo.
Sin embargo,
más allá de metodologías, lo que cuenta
es el resultado: Reforma, por sus propios números, será confiable rumbo al uno
de julio de 2018, mientras que a Buendía & Laredo, GEA-ISA, BGC-Excélsior,
Parametría y Consulta Mitofsky – insistimos: evaluando bajo sus propias
encuestas, números y porcentajes-, habrá que verlas con una dosis de reserva y
de desconfianza. (En la praxis, las encuestas, en realidad, se autocalifican
por sí mismas bajo una premisa rotunda: son o no son confiables).
Por ello, hoy vemos a diversas encuestas que dan
bandazos: algunas tratando de inflar a Ricardo Anaya para acercarlo a AMLO, y
otras a Pepe Meade, intentando ubicarlo en segundo lugar. Ambos ejercicios, muy
alejados de la realidad electoral.
No se vale mentir dentro de una
democracia.
No se vale intentar manipular al
electorado.
No se vale hacer trampa.
Aquí está la información. Tengamos
memoria.
¡Y votemos, por supuesto!
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