Salvador
Camarena.
Durante el
debate de candidatos a la presidencia de la República del 22 de abril, Ricardo
Anaya lanzó una pregunta al abanderado priista José Antonio Meade que en las
siguientes semanas ha rebotado por aquí y por allá.
“Te pido que tú contestes, sin rodeos,
con claridad, tu jefe, Enrique Peña Nieto, ha gobernado con honestidad, ¿sí o
no, José Antonio?”, emplazó Anaya. El tres veces secretario de Estado con Peña
Nieto dejó la pregunta sin contestar.
El cuestionamiento ha perseguido a
Meade. El 7 de mayo, en Tercer Grado, Carlos Loret de Mola la reiteró: “Desde
el punto de vista de José Antonio Meade, ¿es honesto el presidente Enrique Peña
Nieto?”.
José Antonio
Meade: “Sí. Yo trabajé con dos
presidentes como secretario de Hacienda. Yo trabajé con el presidente Calderón
y con el presidente Nieto (…) y estoy convencido de que en ninguno de los dos
casos los animaba algo distinto que el país le fuera bien”.
Y en
entrevista colectiva en Milenio TV, a Jesús Silva-Herzog Márquez le contestó de
manera casi idéntica.
No sabemos
si el candidato Anaya quiso, con su pregunta, ensuciar a Meade, quien se
presenta en esta elección como un funcionario de manos limpias.
Pero independientemente de la
intención de Anaya, la pregunta ha capturado a los colegas, tanto que quizá no
repararon en que tal como está, es muy difícil de responder, por Meade o por
quien sea. ¿O ustedes encuentran fácil establecer si alguien es o no es honesto
en su actuar? El panista no preguntó si Peña Nieto era corrupto, si había
cometido delitos, o si era del conocimiento de Meade que hubiera incurrido en
actos de corrupción, o si le había solicitado impunidad para Moreira, o dar
manga ancha a Duarte (cualquiera de los dos); no, cuestionó otra cosa, la
honestidad, y con ello nos metió en meandros propios de la filosofía o cuando
menos la ética, pues qué compleja la cuestión de la honestidad de un gobernante
mexicano, aun si sus iniciales son EPN.
De las
preguntas que nos hagamos como sociedad dependerá la utilidad de las eventuales
respuestas que obtengamos en ese cuestionamiento.
Creo que
estamos ante una pregunta ociosa. De la misma forma en que se critica a López
Obrador cuando dice que dado que él es honesto en su gobierno la corrupción
amainaría, el cuestionamiento de Anaya nos lleva por un camino equivocado:
¿Solo la deshonestidad de Peña explicaría que haya corrupción en, digamos,
Capufe? ¿Como el presidente no era honesto, entonces al gobernador de Quintana
Roo no le quedó más que dedicarse al expolio?
Puestos a hablar de honestidad, a mí
me habría gustado más escuchar cómo se explica Meade a sí mismo —y a sus
eventuales votantes— el caso de la 'casa blanca', o la casa de Malinalco de
Luis Videgaray. Y ya que estamos en esas, cómo explica Anaya que no se
convirtió él, desde la figura prominente que fue en la Cámara de Diputados, en
un campeón de la creación de una instancia del Congreso que, de manera ejemplar
e inédita, investigara el conflicto de interés de la operación inmobiliaria de
los Peña en las Lomas. O qué responsabilidad asume el panista de que no
tengamos hoy una fiscalía que sirva y tantos meses sin fiscal anticorrupción, etcétera.
En
cristiano: es un número teatral eso de
si Peña Nieto es honesto o no lo es; dediquemos mejor esa energía a lograr que
actos específicos de quebranto a la ley tengan el castigo debido.
A lo mejor si empezamos por hacer
pagar sus culpas a cualquier funcionario que sea encontrado en falla, sea un
director general o un subsecretario, luego quizá podríamos ir por un oficial
mayor, o en una de esas llegamos a la cima, a actos de corrupción imputables en
las titularidades de las secretarías de Estado.
Si tuviéramos certeza de que en
ninguna de esas dependencias, ni en instancias empresariales o sociales, hay
impunidad, ufff, qué relevante sería, entonces sí, saber si el presidente es
honesto, porque para empezar sería una rareza: cómo que el jefe no es probo si
toda la sociedad rechaza y castiga la corrupción en cualquier nivel.
Pero no, el
chiste es saber si la culpa todita de nuestra corrupción se la va a llevar
consigo Peña Nieto a Ixtapan el 1 de diciembre. Ta güeno.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.