Salvador
Camarena.
Iniciaron
las campañas locales, último eslabón de unas elecciones en las que se disputan
tres mil 326 puestos.
A pesar de
lo anterior, en la capital del país nos la pasamos con la mira puesta en cinco
candidaturas, que hoy en realidad son tres: la de Ricardo Anaya y la de Andrés
Manuel López Obrador, aspirantes a la presidencia de la República.
Es cierto
que en los estados donde habrá renovación de gubernatura la cosa es diferente.
Se habla y mucho de la competencia entre los respectivos candidatos a
gobernador.
En cambio, tengo la impresión –quizá equivocada— de
que en la Ciudad de México no se habla lo suficiente de las elecciones en las
que se renovarán jefatura de gobierno, 16 alcaldías y la Asamblea Legislativa.
Aislemos por
un momento el proceso electoral chilango. ¿Diríamos
que aquí también la ciudadanía está resuelta a llevar a cabo un voto de castigo
al gobierno, es decir al PRD? ¿O la ventaja que tiene hoy Morena en las
encuestas en la elección local se explica primordialmente por añoranza a quien
fuera jefe de gobierno de 2000 a 2005? ¿O una combinación de ambos factores:
desgaste del partido que ha gobernado desde 1997 pero sobre todo arraigo de una
de las ex figuras de ese partido?
En lo que dirimimos de qué va la
elección capitalina, la ciudad de México vive sin jefe de gobierno (si el
anterior nos quedó a deber, el actual ni a broma llega), sin Asamblea
Legislativa (demasiados en campaña), con inseguridad creciente y manejos
discrecionales de parte de los patrones de Donceles: hace días nos enteramos que “de 898 millones de pesos que deberían asignarse
‘preferentemente’ a reconstruir, los diputados Leonel Luna, Mauricio Toledo y
Jorge Romero sólo destinaron 270 millones. En cambio, etiquetaron 2 mil 400
millones para dádivas”. (Reforma 30/04/18)
Supongo que esa noticia al Frente ya
no lo afecta, porque a nivel capitalino ya nada puede sumir más en el
desprestigio al partido de Luna y Toledo, y tampoco al partido de Romero.
Como tampoco pareció importarle al
PRI que ayer la diputada local Dunia Ludlow anunciara su renuncia a una
militancia de 14 años.
“Me voy
porque defiendo que son los mejores perfiles quienes deben ocupar los cargos
públicos. Porque no estoy de acuerdo en sembrar miedo entre la ciudadanía, en
lugar de proponer cómo mejorar al país. No estoy de acuerdo en privilegiar la
polarización sobre la reflexión”, dijo en un tuit Ludlow al despedirse del PRI.
La diputada
agregó que se quedará a trabajar en contra de “los malos procederes” en materia
de desarrollo urbano que “son la constante en la Asamblea Legislativa”; y
denunció, igualmente, los malos manejos en los temas de la reconstrucción, la
falta de un proyecto claro en la misma, y la necesidad de defender las
alcaldías abiertas.
Qué sugerente que sea precisamente
una diputada que no jugará en la elección la que al renunciar a su partido nombra
con todas sus letras las aberraciones por las que atraviesa el exDF: la
reconstrucción no es prioritaria, el desarrollo urbano está plagado de vicios,
hay un esquema de gobierno agotado, al sistema anticorrupción y de
transparencia sólo lo pelan para tratar de coptarlo... Todos juegan a eso,
incluido por supuesto Morena.
Yo no sé si
la corrupción se combata como se barren las escaleras, de arriba hacia abajo,
según dice ya saben quién.
Pero si no
revisamos cómo se hace política abajo será pueril, por no decir más feo, la
ilusión de que con la llegada de un nuevo presidente cambiarán las cosas en el
país.
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