Como parte
del relanzamiento de campaña del candidato priista José Antonio Meade
Kuribreña, quien continúa en tercer lugar de la preferencia electoral, su
equipo de tecnócratas fue relevado por la parte política que conoce al partido,
dada la estrategia fallida de un discurso de confrontación, una mala
coordinación y falta de vinculación con las bases militantes, dijeron
analistas.
A menos de 50 días de la elección y
durante el arranque de campaña de gubernaturas, en la dirigencia nacional del
Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Ochoa Reza fue sustituido
por René Juárez Cisneros, y tanto el coordinador general de campaña, Aurelio
Nuño Mayer, como el vocero, Javier Lozano Alarcón, han perdido presencia
mediática.
“Finalmente los tecnócratas
terminaron doblando las manos al reconocer que del PRI no sabían una jota,
porque es un partido muy complejo. En cuanto llegó René Juárez le quitaron el
freno de mano a un coche que se estaba sobrecalentando y las cosas empezaron a
funcionar”, aseguró el analista político José Fernández Santillán. “Si hoy hay
una gran distancia porcentual entre Andrés Manuel López Obrador y Ricardo
Anaya, eso se lo debe agradecer el tabasqueño a los tecnócratas”.
El miércoles
pasado, cuando Juárez Cisneros tomó el cargo de dirigente provisional, se
colocó a lado de Meade. “Vengo de la entraña propia del PRI, del que me siento
profundamente orgulloso”, afirmó durante su toma de protesta. Ochoa comenzó su
discurso de agradecimiento y despedida del cargo que ocupó por casi dos años y
Nuño, dubitativo, intentó también ponerse a lado de Meade, pero finalmente se
regresó a la esquina contraria. Desde Twitter, Lozano felicitó al nuevo
presidente del tricolor.
“Son tiempos de demostrar de qué
estamos hechos”, dijo Juárez al siguiente día frente a la Comisión Política
Permanente. “Aquí cabemos todas las generaciones de priistas”. Sin embargo,
pese a su experiencia política a diferencia de la de Ochoa, Nuño y Lozano, este
giro “no les alcanzará” para revertir los resultados por “el hartazgo” de la
ciudadanía hacia el tricolor, por lo que se enfocarán en el Congreso, consideraron los especialistas.
En el PRI
hay dos fracciones. Por un lado, la de los políticos conformada por Miguel
Ángel Osorio Chong, quien era presidenciable, y Manlio Fabio Beltrones, quien
fue removido de la dirigencia tras los resultados de las elecciones estatales
de 2016. Por el otro, están los tecnócratas que estaban en Secretarías de
Estado y son dirigidos por Luis Videgaray Caso. Antes del relevo, se intentó
acercar a Osorio Chong, Beltrones, Juárez Cisneros y a Beatriz Paredes al
equipo de campaña de Meade, pero no bastó.
El PRI,
evocó el analista Fernández Santillán, nunca había sido “colonizado” por la
tecnocracia. Se llegaba a la gran dirigencia del PRI después de una larga
carrera política. No obstante, tras la
salida de Beltrones, “Videgaray puso a un hombre de su máxima confianza,
Enrique Ochoa, el cual no tenía ninguna experiencia política ni trayectoria de
puestos de elección popular. Se hicieron del poder, pero no del respaldo de los
priistas. También pusieron como candidato de la Presidencia a otro tecnócrata
(Meade), quien pertenece al grupo del ITAM”.
El analista
José Antonio Crespo coincidió en que no
basta con tener la credencial del PRI o una militancia, ya que se debe saber cómo
operan las bases. “Meade ni siquiera es militante, pero Videgaray, que ha
manejado y tomado muchas decisiones, incluso impulsando la candidatura, no lo
conoce bien. Nuño tampoco. Son una élite tecnocrática que se maneja en el
gobierno, que son funcionarios competentes, pero el manejo y conocimiento de
las campañas es muy distinto; se necesita mucha experiencia y haber pasado por
el partido en distintos niveles”.
Dado que Ochoa Reza es “temperamental
e iracundo”, expuso
Fernández Santillán, no hubo una
compatibilidad entre la dirigencia tecnócrata “arrogante y sin tacto social”
con las bases militantes priistas ni con los gobernadores estatales. Meade se
quedó estancado.
“No entienden la política partidista,
no tienen un roce social. Para hacer política hay que salir y rozarse con el
pueblo, y estos son gente que se formó en las oficinas públicas”, afirmó el
analista. Además, no había coordinación entre la gente de Videgaray, Meade ni
Lozano. “Hay una antipatía entre los jefes regionales del PRI y los tecnócratas
que llegaron a querer ordenar e hicieron huelga de brazos caídos; no les hacían
caso”.
Otro error de este equipo de tecnócratas
dijo el analista José Antonio Crespo, fue “el lenguaje duro y de confrontación”
con el que incluso metieron a José Antonio Meade y no les resultó. “Le pegaron
a Anaya, pero con López Obrador fue contraproducente porque no crecía”.
Durante el
proceso de campaña, el equipo de Meade señaló al abanderado del Frente de
supuesto lavado de dinero a través de la compraventa de una nave industrial en
Querétaro. Luego alimentaron el discurso de miedo contra López Obrador. Meade
siguió sin levantar.
Ahora,
evaluó Crespo, ya dieron un giro a una posición más conciliadora y moderada,
pues se ha visto a René Juárez ya sin
descalificar. “Que era lo que hacía Ochoa, Lozano y también ya cambió Nuño en
el tono. Movieron a los golpeadores, quizá no quitarlos públicamente, pero que
ya no aparezcan casi e ir con un discurso de tranquilidad y propuestas”, afirmó.
Fernández
Santillán expuso que en la competencia electoral sirven las propuestas y
contrastes. “Erraron al seleccionar el
blanco polémico: no era Anaya, sino Andrés Manuel López Obrador. Fue un cálculo
torpe. Para quien trabajaron los priistas fue para López Obrador”.
VAN POR EL
CONGRESO.
El dirigente
René Juárez Cisneros lleva una semana de intensa campaña tanto en las calles,
por ejemplo, el evento con los petroleros y su líder Carlos Romero Deschamps,
como en medios de comunicación y redes sociales con entrevistas y debates. Ha
recibido el respaldo y felicitación de Miguel Ángel Osorio Chong, César
Camacho, Claudia Ruiz Massieu, Vanessa Rubio Márquez, entre otros. Es decir, de
los dos polos priistas. Se ha reunido con priistas y con la Confederación de
Trabajadores de México, el brazo sindical del tricolor.
Durante una
entrevista radiofónica con Joaquín López Dóriga, reconoció que la campaña
necesitaba reforzarse uniendo a la militancia priista. El viernes por la tarde
se reunió con los tecnócratas Meade y Nuño para definir estrategias de trabajo.
“Que nadie se confunda: somos un solo cuerpo, un solo equipo”, tuiteó el
candidato.
La estrategia, expuso Juárez, es de
abajo hacia arriba. “Los votos están en el territorio. Vamos a luchar por cada
regiduría, propietario y suplente, todos valen, todos cuentan, todos aportan, y
a partir de ahí, vamos a construir la gran victoria de Meade”, declaró.
Para el
analista político José Antonio Crespo, a Ochoa “le falló” la operación de los mítines,
vincularse con las bases, asesorar adecuadamente los actos y acercarse a los
priistas. En eso René Juárez es más conocedor desde hace mucho tiempo.
“Están tratando de subsanar, pero es un poco
tarde. De todas maneras, el peso contra el PRI es brutal. El enojo, el
hartazgo, el resentimiento es brutal. No tienen muchas oportunidades y además
cometieron muchos errores de campaña y de lenguaje de los voceros”, reiteró.
“Si les sirve, les dará unos puntos
de más, pero no como para remontar y ganar. Ya no va a ser suficiente”, calculó.
Para
Fernández Santillás también ya es tarde, porque la gente anti López Obrador se
está yendo por el frentista Anaya.
“Ya no les va
a alcanzar para ganar la Presidencia de la República, pero tienen que trabajar porque no solo está en juego el Poder
Ejecutivo, sino también el Legislativo”, dijo.
López Obrador, recordó, busca la
mayoría absoluta en el Congreso, por lo que el PRI necesita ser oposición junto
con el Frente Ciudadano para evitar el presidencialismo.
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