Atzayaelh
Torres.
Al parecer Pemex no puede hacerse de
recursos si no es con deuda. Lamentable. Apenas la semana pasada decidió emitir
una tercera colocación en lo que va del año, por 3 mil 150 millones de euros,
que se sumarán a una ya demasiado abultada deuda total que comienza a alarmar.
Tan sólo en lo que va de este gobierno la deuda
financiera neta de Pemex se ha incrementado en más de 100 por ciento. Dicha
duplicación pasó de 51 mil 924 millones
de dólares en 2013, cuando se tomaron las riendas de la todavía paraestatal, a
106 mil 292 mil millones de dólares en el primer trimestre de este año.
Hay que
poner en contexto que la caída en los precios internacionales que dio la
bienvenida a este gobierno, hizo pasar a Pemex momentos complicados,
principalmente con proveedores. Sin embargo,
y a pesar de los fuertes problemas de recortes presupuestales que enfrentó, la
finalidad de los recursos obtenidos, vía deuda, no ayudaron a mejorar la
situación de la empresa productiva del Estado.
Aquí los resultados de dicha
'estrategia', que ha sido responsabilidad compartida de sus tres directores
generales: Emilio Lozoya, José Antonio González Anaya y hoy Carlos Treviño: su
producción de crudo y gas sucumbió una cuarta parte en ese mismo periodo (sí,
25 por ciento), mientras que la refinación lleva un 50 por ciento; es decir, en
cinco años Pemex dejó de producir la mitad de los petrolíferos ante la
ignominiosa política energética de las autoridades, CORRUPCIÓN RAPAZ de
anteriores administraciones de la petrolera y una franca apuesta a refugiarse
en el opaco negocio de la importación de combustibles.
Así, ¿qué cuentas van a entregar al siguiente
gobierno si hoy tienen los indicadores operativos por los suelos? La lógica del
endeudamiento de Pemex ha sido impulsada más por la necesidad de pagar
impuestos y sostener estructuras 'corporativas' plagadas de corrupción,
manteniendo a un consejo de administración ineficiente, puesto por trámite,
inoperante por voluntad.
En materia financiera Pemex actúa
como un padre de familia que vive todos los días el fin de quincena y al que
todos sus hijos le piden, piden y piden dinero a raudales para actividades que
tienen que ver con todo, menos con la actividad petrolera.
Esta semana Carlos Treviño, el
director de Pemex, dijo que si se cancelan los contratos petroleros de la
reforma (aunque nadie haya dicho que se van a cancelar), Pemex no tendría dinero para echar adelante los contratos firmados con
privados, los famosos farmouts, ni mucho menos tendrían para indemnizar a sus
nuevos socios… Y LE CREEMOS, PUES LAS PRIORIDADES DE LA EMPRESA ESTÁN EN
TODO MENOS EN LO QUE DEBERÍA.
¿Boicot?
Una prueba
más de la mala gestión que están llevando a cabo al interior de Pemex, y que
también tiene que ver con el uso de los recursos, es el Programa Operativo del
Tercer Trimestre (POT-III) 2018 y el Programa Operativo Financiero Anual de
Trabajo (PROFAT) 2019, del cual tengo copia, donde la instrucción a los bloques norte y aguas someras es la
contención de actividades en los pozos petroleros con la finalidad de ser lo
más selectivos posibles y ahorrar costos vinculados a actividades físicas
relativas a la perforación, terminación, reparaciones mayores entre otras. Esto
pese a que tiene más ingresos porque el precio de la mezcla mexicana está en
sus mayores niveles desde hace cuatro años y la producción está por los suelos.
Acorde con ello, a la fecha no se
logran acuerdos entre el área de Procura y Abastecimiento, y Juan Javier
Hinojosa Puebla, director de Pemex Exploración y Producción. Parece que hay una
lucha de poderes internos al interior de Pemex, y aun cuando Hinojosa Puebla
tiene trabajando a marchas forzadas a su equipo para sacar iniciativas de
contratación al vapor que sustituyan los contratos que acaban el 30 de junio de
este año, Miguel Ángel Servín Diago, el de Procura, no está dispuesto a caer en
los errores cometidos durante administraciones pasadas, como aquel contrato por
200 millones de dólares que se le otorgó a un consorcio de tres empresas encabezado
por Proveedora de Fluidos Mexicanos, usando su favorita asignación directa, en
el epílogo de la administración de Emilio Lozoya.
Después del
1 de julio Pemex tendría que preparar el
relevo en el gobierno, y para los amantes de las teorías conspirativas,
pareciera que lo que se pretende es boicotear al próximo presidente de México,
entregando un Pemex sin herramientas para operar y sin contratos de obra y
servicios que permitan la exploración y explotación de los campos petroleros
para que la 'salvadora y naciente industria petrolera privada', pueda rescatar
los pisoteados indicadores.
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