Dolia Estévez.
En Estados
Unidos, los ex presidentes también reciben pensiones vitalicias. Obama,
Clinton, los dos Bushes y Carter cobran 207,000 dólares anuales cada uno. En
2017, el Departamento del Tesoro erogó 2 millones 840 mil dólares para esa
partida. Sin embargo, el tema no
despierta pasiones. Y es que, a diferencia de nuestro país, los mandatarios se
hacen ricos después de dejar el cargo, no durante el cargo. Elemental.
Los ex presidentes estadounidenses
ganan millones de dólares en discursos y libros. Bill y Hillary Clinton, por
ejemplo, cobran alrededor de 200 mil dólares por discurso. En dos horas ganan
el equivalente a un año de pensión. Entre 2001 y 2016, la pareja percibió 139
millones de dólares sólo en presentaciones.
Los libros es otro negocio altamente
redituable. Penguin Random House pagó 65 millones de dólares por los derechos
de autor de las autobiografías de Barack y Michelle Obama. El ex Presidente
demócrata recibió un adelanto de 20 millones de dólares.
Los críticos
argumentan, con justificada razón, que las pensiones son un desperdicio de
fondos públicos. Aun así, no es tema polémico. Y es que 2 millones 840 mil
dólares del monumental presupuesto de egresos anual de Estados Unidos es una
gota en el océano.
En México también es un gasto superfluo,
pero por otros motivos. Los hoy pensionados dejaron la presidencia convertidos
en millonarios. Robaron abierta o solapadamente, o dejaron que otros lo
hicieran por ellos. “Un político pobre es un pobre político”, fue el infame
legado que el maestro de Atlacomulco transmitió a la clase política.
El interés
de las pensiones—ayudar a representar al país con dignidad y agradecer su
servicio público—no es el problema de fondo. El problema de fondo está en compensar a servidores públicos cuyas
gestiones han estado marcadas por actos de corrupción, abuso de poder, mal
manejo de recursos, clientelismo, violación de derechos humanos, crisis
económicas, violencia, inseguridad, muertes e impunidad. El problema de fondo
está en mantener a individuos que se hicieron ricos a expensas del erario.
De acuerdo a
una investigación de Linaloe R. Flores,
las pensiones, apoyos en gastos de servicios, seguridad y personal para
Echeverría, Salinas, Zedillo y Fox, más las viudas de de la Madrid y López
Portillo, significan una erogación para el erario de un estimado de 44 millones
499 mil 701 pesos, (SinEmbargo 07/05/18). En dólares, la suma no dista mucho
de las pensiones de cinco expresidentes estadounidenses.
La propuesta
del candidato puntero Andrés Manuel López Obrador de eliminar las pensiones
vitalicias, misma que reiteró el mes pasado, ha sido bien recibida por sus
seguidores y, como es de esperar, rechazada por los aludidos. Fox dijo que a él
“nadie le va a quitar” su pensión, porque “de eso vivo”. Las pensiones, añadió,
evitan que robe y garantizan que los expresidentes tengan una vida “decente”
(SinEmbargo 25/08/17). Por su parte, Felipe Calderón señaló que quitar la
pensión a los ex presidentes pondría en peligro su seguridad, aunque aclaró que
“no pasa nada” pues la dona a un grupo de beneficencia (El Financiero
16/04/18).
El rechazo a las pensiones refleja la
impopularidad de los ex presidentes. Para buena parte de la sociedad, son un
grupo de privilegiados que se creen estar por encima de la ley. Ningún ex
Presidente mexicano ha sido acusado judicialmente de corrupción u otros
delitos, mucho menos juzgado. No obstante, todos tienen cola que le pisen.
Raúl Salinas fue símbolo de
corrupción e impunidad. Se le conocía como “Mister Ten Per Cent” por el 10 por
ciento de comisión que cobraba por cada concesión de contrato público durante
el sexenio de su hermano. Se le encontraron cuentas millonarias en Suiza y 41
propiedades. Estuvo 10 años en prisión por homicidio y enriquecimiento ilícito.
El sexenio
del cambio tampoco se libró de acusaciones de tráfico de influencias y
nepotismo. Marta Sahagún fue acusada de
utilizar su influencia en el gobierno de su marido para beneficiar a sus hijos
con contratos de obras públicas. Una investigación determinó que el daño
ocasionado a la hacienda pública por irregularidades detectadas en la
adjudicación de contratos otorgados a una empresa vinculada con Manuel y Jorge
Bribiesca, hijos de Sahagún, ascendía a más de 1,000 millones de pesos. Fox y
Sahagún fueron criticados de haber presuntamente usado fondos del erario para
reconstruir su rancho en Guanajuato que, según un colaborar, “estaba en
completo deterioro porque el ex presidente no tenía para darle mantenimiento”.
Fox negó las acusaciones y aseguró que fue reconstruida con dinero propio
(Expansión 28/11/12).
Fox quizá sea el que más ha degradado
la institución presidencial. El año pasado, fue contratado por la empresa
estadounidense Super Deluxe para que filmara tres videos con ataques y
vulgaridades dirigidos a Trump. Se estima que cobró miles de dólares
(SinEmbargo 12/07/17). Aun así es el que más se opone al fin de la pensión.
Las pensiones vitalicias son
privilegios que ningún ex presidente se ha ganado. No le pueden pedir a la sociedad que los mantenga cuando lo único que
le dieron fue infortunios.
Adelante con la propuesta de
despojarlos de un beneficio que no merecen.
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