Javier
Sicilia, fundador del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, presentó
su renuncia a la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), donde
acompañó la administración de Jesús Alejandro Vera Jiménez y donde, dice, ya no tiene espacio y está cansado de
“agravios” de la actual administración.
Y es que desde 2014, el poeta fue
nombrado director de Derechos Civiles, luego secretario de Extensión, donde fue
creado un programa de atención a víctimas, desde donde se hicieron las
denuncias de las fosas clandestinas de Tetelcingo y Jojutla.
Luego, fue nombrado coordinador de
comunicación universitaria y finalmente fue integrado como parte del Programa
de Estudios de la Complejidad y Formación de Ciudadanía, como coordinador de
los estudios de la complejidad.
En una dura
carta de renuncia, dirigida al rector Gustavo Urquiza Beltrán, el escritor acusa a la nueva administración
universitaria de querer “dominar” y usar “clientelismo” para controlar a la
UAEM, luego de considerar que “no era el más capaz” de la terna de candidatos a
rectoría presentada en noviembre pasado al Consejo Universitario de la cual fue
electo.
En realidad,
dice Sicilia: (eres rector) “por tu
temperamento bonachón, el más cómodo, el más manipulable, el menos
independiente, el más burócrata”.
Sigue en su
carta: “todo ser humano, Gustavo, merece
respeto, deferencia, sentido de la alteridad; mucho más cuando en el orden de
una institución que se funda en estructuras jerárquicas, ese ser humano es, por
el puesto que ejerció y por su trayectoria al servicio del saber y del país,
alguien que merece, por parte de quien está en la representación de la
institución, una deferencia más precisa”.
Sin embargo,
“lejos de ello, tu actitud hacia mí no
ha sido la de una autoridad, no la de un rector que tiene a su cargo el buen
gobierno de una institución universitaria, no la de un académico con su par,
sino la de un hombre timorato sin ningún sentido de las relaciones humanas y
políticas”.
Luego se queja de haber sido
despojado de un asistente, “asignado para cuidarme de las amenazas que había
recibido por parte del Gobierno”.
“Otro día, también sin protocolo
alguno, me despojaron del automóvil que se me había asignado para atender mis
funciones como Secretario de Extensión y luego como Coordinador de Comunicación
Universitaria”.
Continúa: “otro día más, sin procedimiento
administrativo alguno, me pidieron la entrega de la Coordinación, al grado que
tuve que exigir que cada una de esas entregas, a la que la nueva administración
tenía derecho, se hiciera con los protocolos correspondientes”.
Finalmente: “me bajaste arbitrariamente el salario, y
no has tenido a bien tener un diálogo conmigo al respecto, a pesar de que te he
buscado”, para lo cual fue desconocido incluso “el contrato que el anterior
rector –es decir el representante en ese entonces de la Universidad Autónoma
del Estado de Morelos (UAEM)– y yo firmamos en diciembre del año pasado, en el
que se me otorgaba, por mi trayectoria y mis méritos, la categoría de Profesor
Investigador de Tiempo Completo Titular C y Coordinador de Estudios de la
Complejidad”.
También reclamó que durante un foro realizado en la
UAEM sobre la Ley de Seguridad Interior, al cual asistió Jan Jarab, el
representante del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, “no
sólo no te presentaste”, sino que además “permitiste un clima de linchamiento a
mi persona, a la del ex rector y a la de su esposa y de intromisión del líder
sindical de los maestros –un hombre cuya ignorancia es proverbial y cuya tarea
debe circunscribirse a asuntos laborales– en la libertad de expresión y de pensamiento
que tendría que ser uno de los distintivos del espíritu universitario”.
En la carta,
el poeta se dice víctima de “terrorismo
laboral”, es decir, “una forma en la que la gente sin legitimidad ejerce el
poder cuando llega a un puesto de gobierno, se llama, en lenguaje moral,
prepotencia”. Dice que esto le da derecho a demandar a la Universidad, pero no
está en su interés, por lo que lo único que merece es “desprecio”.
Sé, dice
Sicilia, “que soy un personaje incómodo
para quienes actúan de manera inmoral”. Se deslinda de “los miserables que han
querido responsabilizarme mediante rumores y suciedades de su propio desastre”,
es decir, de la crisis financiera de la UAEM.
Asegura que la verdadera causa de
ello es “los abusos a las dignas conquistas laborales”, como las becas a hijos
de académicos en escuelas privadas, las pensiones y jubilaciones, los 90 días
de aguinaldo, entre otras.
Sí acepta la
responsabilidad de “haber intentado reformar a la UAEM, de haber defendido la
autonomía universitaria de un gobernador y de una clase política corrupta y
antidemocrática, que tú (se refiere al rector Urquiza), sometido a los
intereses más siniestros de los sindicatos universitarios y de un gobernador
corrompido, estás entregando indignamente”.
Así como de haber contribuido a crear
“un modelo de trabajo para la búsqueda de desaparecidos que ha sido elogiada
por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas y por la Suprema Corte de
Justicia”, a partir del hallazgo de las fosas clandestinas de Tetelcingo y Jojutla.
Finalmente,
citando a Frank Zappa, dice a la nueva
administración que “confunden el estar arrodillados con el estar empinados, una
posición que no les envidio”.
Por ello, “desde esa dignidad, que es mi riqueza y
que muchos de ustedes parecen no conocer; desde esa dignidad que está por
encima de las abyecciones y de la reducción de una universidad a un botín al
servicio de poderes que tienen al estado de Morelos y a su universidad
devastados, renunció a ella a partir del 1 de junio de 2018”.
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