Martín
Moreno.
A prácticamente dos semanas de la
elección presidencial, la mayoría ya decidió por quién votar. Un dato duro: el
famoso “voto útil” ya engrosa, desde hace semanas, el abultado porcentaje de
preferencia electoral en favor de Andrés Manuel López Obrador. De ahí que
alcance niveles exorbitantes de entre 50 y 54%, números muy altos para cualquier
candidato a nivel mundial. Allí reposa ya el “voto útil”. ¿O cómo explicar,
entonces, la diferencia tan abismal entre el primero con el segundo y tercer
lugar? Inalcanzable el tabasqueño.
Así, cada
vez es menor la franja de indecisos.
Y después del tercer debate, el
porcentaje de quienes aún no deciden su voto, será cada día más delgado. (En
realidad, no habría qué esperar, tras el debate en Mérida, que las preferencias
electorales tuvieran un vuelco dramático. Si acaso se moverían 2 o 3 puntos hacia
arriba o abajo, que en nada cambiarían las tendencias generalizadas, con López
Obrador como virtual ganador de la presidencia de México).
Hay que votar. ¡Por supuesto! No es
opción, sino obligación.
Hay que
votar por quien uno prefiera. ¡Por supuesto! Sin presiones empresariales ni
amenazas corporativas. La libertad individual es intocable.
Hay que castigar a los partidos o
políticos que convirtieron a este sexenio en el más corrupto de la historia –solo
equiparable al desastre financiero del salinismo-. ¡Por supuesto! Para eso es
el voto y las elecciones.
Y precisamente por ese voto de
castigo razonado y obligado. Por lo que significó el gobierno de Enrique Peña
Nieto – corrupción, impunidad, violencia fuera de control, inseguridad,
opacidad, mentiras históricas, mala economía para las mayorías, privilegios a
élites y poderes fácticos, censura a voces y plumas críticas, entre otros
lastres-, ese voto será numeroso y severo. Ojalá que el 2 de julio estemos
hablando de una votación promedio del 70% o más del padrón electoral.
Aunque Pepe
Meade lo niegue, la elección del uno de
julio será, por fuerza, un referéndum en el que el gobierno de EPN estará
sometido a escrutinio.
Meade no ha
sabido, entre otras cosas, dónde está parado y de quién realmente es candidato:
en la boleta electoral no estará él, sino Enrique Peña Nieto.
Meade es el candidato del gobierno.
¿Quién lo puede negar?
Y por eso, a juicio de esta columna,
hay razones de peso para no votar por él.
Aquí, las
razones que a nuestro entender deben valer para no votar por José Antonio Meade
el domingo uno de julio:
• Porque es el candidato de Enrique
Peña Nieto.
• Porque es el candidato de Luis
Videgaray.
• Porque es el candidato del PRI más
corrupto: el mexiquense.
• Porque es el candidato de Carlos
Romero Deschamps.
• Porque es el candidato de un
sistema abusivo, corrupto e injusto.
• Porque avaló y fue parte de los
gasolinazos.
• Porque ha sido cobarde: aceptó, sin
chistar, ser candidato del peñismo, sin siquiera intentar deslindarse de la
corrupción de Peña, de su familia, de sus colaboradores, de su gobierno y del
PRI.
• Porque ha sido cobarde: aceptó, sin
chistar, ser el candidato del peñismo sin siquiera intentar controlar y manejar
su propia campaña presidencial, permitiendo, arrodillado, que fuera el
salinista Aurelio Nuño quien decidiera lo que Meade piensa, habla y dice en sus
discursos.
• Porque solamente será una extensión
del gobierno peñista: impunidad a los que corrompieron y se corrompieron,
intocabilidad para los poderes fácticos que continuarán sometiendo a mercados,
precios y consumidores, y benevolencia para los que se cuelgan del sistema a
fin de seguir lucrando con contratos públicos a cambio de favores personales.
• Porque su candidatura jamás prendió
por una razón innegable y de fondo: fue impuesto desde Los Pinos y en el
rostro, piel y sonrisa de Meade, se observan el rostro de Peña Nieto, la piel
de Videgaray y la sonrisa de Romero Deschamps.
Podrá haber
más razones para no votar por Pepe Meade. Seguramente. Es cuestión de gustos y
de enfoques.
Sin embargo,
creemos que éstas son, sino todas, sí las principales.
Y usted, ¿ya
decidió por quién votar?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.