Gabriel Sosa Plata.
Andrés
Manuel López Obrador hará su cierre de campaña en el legendario Estadio Azteca.
La elección de ese lugar, propiedad de Televisa, le ha generado innumerables
críticas al candidato porque esto representaría, según se ha dicho, un acuerdo
político con las televisoras, la claudicación a uno de los poderes fácticos y
un ejemplo más de las contradicciones de su discurso.
Debe
admitirse que en este proceso electoral Televisa y TV Azteca han sido en
general condescendientes con López Obrador. El candidato también lo ha sido con
ambas empresas, a diferencia de lo ocurrido en las elecciones presidenciales de
hace seis y doce años. Por ejemplo, durante el segundo debate presidencial de
2012, el entonces candidato del PRD, PT y Movimiento Ciudadano afirmaba que el
grupo económico que domina el país es “también dueño de los medios de
comunicación más influyentes del país y así es como manipulan, así es como
administran la ignorancia”, y que “con la publicidad, con la mercadotecnia”
buscaban imponer a Enrique Peña Nieto. “Hay un monopolio de la comunicación en
nuestro país. Vamos a democratizar los medios de comunicación”, prometía.
A seis años
de distancia, con una reforma de telecomunicaciones que ha modificado las
reglas del juego, hay una situación algo distinta, que pudo haber suavizado,
junto con otros factores, el discurso de López Obrador sobre las televisoras y
en general con los medios de comunicación. Sin embargo, también debe aceptarse
que el partido de López Obrador ha mantenido, en la mayoría de los casos
relacionados con los medios, una agenda congruente con sus principios, desde su
nacimiento.
Morena, debe
recordarse, se opuso a la llamada Ley Chayote (que preserva la discrecionalidad
en la asignación de los recursos de la publicidad gubernamental), a los
retrocesos en materia de derechos de las audiencias, a la Ley de Seguridad
Interior y sus consecuencias en el espionaje, a la criminalización por la
instalación de estaciones de radio sin la concesión correspondiente, entre
otros cambios regulatorios contrarios al interés general.
También sus
diputados han propuesto iniciativas a favor de un control más estricto a la
publicidad de comida chatarra, a la protección a la privacidad y a eliminar de
la ley la disposición que priva de las instalaciones y equipos a las personas
que presten servicios de telecomunicaciones o de radiodifusión, sin contar con
concesión. Es decir, propuestas que en su mayoría afectan intereses de las
televisoras, de los grandes grupos radiofónicos y otros medios de comunicación.
Es por esta visión que Morena y López
Obrador han ganado la simpatía de diversos sectores de la población y su
intención de voto. Traicionar esta agenda por una cobertura informativa
favorable sería desastroso y decepcionante para el electorado,
independientemente de lo que diga la plataforma electoral y sus proyectos a
desarrollar en los seis años siguientes si ganan la elección.
Por lo tanto, lo que hasta ahora hay
es especulación sobre los acuerdos con las televisoras, comprensible ante los
resultados de las encuestas y la cercanía con la jornada electoral. También es
comprensible el tono conciliatorio de ambos actores (televisoras y candidato)
por el probable triunfo de López Obrador y para evitar un nuevo flanco de
batalla que poco contribuye a sus causas e intereses.
TEMAS
SENSIBLES.
Si López
Obrador llega a la Presidencia será hasta ese momento que sabremos si hubo o no
acuerdo previo con las televisoras y otros medios de comunicación.
¿Cuáles son
algunos de los temas particularmente sensibles de esta relación?
El principal, a mi parecer, es la
publicidad gubernamental. La llamada Ley Chayote, aprobada por el PRI y sus
partidos satélites, que entra en vigor el primer día de enero de 2019, debe
revertirse si se pretende acabar con el gasto discrecional en imagen y dejar de
favorecer solo a un puñado de empresas (y periodistas). ¿López Obrador y los
legisladores de Morena promoverán la reforma con visión democrática, a favor de
la pluralidad y la libertad de expresión? ¿disminuirán los elevados montos
asignados para imagen? Si es así ¿cómo repartirán el dinero?
Otro tema muy relevante es el que
comenté hace unas semanas en Sin Embargo (15 de mayo): se acerca la prórroga de
concesiones de Televisa, TV Azteca y los principales grupos de radio. El
Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), como órgano autónomo, tiene el
sartén por el mango en cuanto a las contraprestaciones o pagos por dichas
prórrogas, pero el Gobierno federal, a través de la Secretaría de Hacienda,
tiene un peso importante en la fórmula que determina los montos a pagar. Con la
actual fórmula, se pagarían cantidades multimillonarias. Los concesionarios se
oponen a ello y han propuesto modificarla por obvias razones. ¿Qué hará López
Obrador si llega a la presidencia? ¿hará que paguen lo que resulte de los
cálculos o reducirá mediante un nuevo referente las contraprestaciones vía
Hacienda?
Los derechos
de las audiencias es un tema más, que no debe subestimarse. El Gobierno de Peña
Nieto tiró por la ventana los escasos alcances de estos derechos incluidos en
la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión; combatió legalmente los
lineamientos que al respecto aprobó el IFT; elaboró y publicó los lineamientos
de clasificación de programas de radio y televisión para satisfacer los
intereses comerciales de la industria mediática y de los anunciantes
subestimando las opiniones y recomendaciones de organizaciones de la sociedad,
incluidas las de padres y madres de familia; boicoteó los esfuerzos de la
Secretaría de Salud para combatir la publicidad de comida chatarra en horarios
en los que niñas y ninos ven la televisión, entre otras acciones. También esto
debe revertirse y Morena ha coincidido con esta posición. Si su candidato gana
las elecciones ¿mantendrán esta postura?
En cuanto a los medios públicos, de
igual manera se esperaría un cambio radical para que algunos de ellos recuperen
sus principios y dejen de ser voceros gubernamentales. Hay diversas iniciativas
legales, con las que simpatiza Morena, que podrían sacarse del escritorio para
reformular el modelo de radiodifusión pública y acoplarse al Estado democrático
que anhelamos. Esto implicaría dotar de mayor autonomía al IMER, a Canal 22, a
Radio Educación, a Once TV, al Sistema Público de Radiodifusión del Estado
Mexicano (SPR) y al sistema de radiodifusoras indigenistas. Paralelamente, la
agencia mexicana de noticias, Notimex, está obligada a corregir el rumbo como
órgano de Estado y dar la vuelta a la página de un episodio oscuro que se ha
caracterizado, en años y meses recientes, por estar al servicio del presidente,
su partido y su candidato.
Por supuesto hay otros asuntos en los
que Morena, López Obrador y los partidos políticos que lo apoyan tendrían la
oportunidad de demostrar que se equivocan quienes los ven como nuevas estrellas
del Canal de las Estrellas y de otros medios, como quitar la facultad a la
Secretaría de Gobernación en la regulación de contenidos, impulsar la
producción nacional independiente en radiodifusión, producir más cine nacional,
así como fortalecer y expandir la radio y la televisión comunitarias e
indígenas.
Pronto lo
sabremos, si el voto mayoritario los favorece.
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