El medio británico, que es influyente
en las clases política y financiera internacional y que apoya abiertamente el
liberalismo económico, tiene un discurso muy parecido al del ex presidente
mexicano Vicente Fox Quesada y al de la élite empresarial, y usa los mismos
argumentos que los adversarios del político de izquierda utilizaron contra él
en 2006 y 2012:
La revista
británica The Economist publica hoy dos grandes ensayos sobre Andrés Manuel
López Obrador. Los dos son muy parecidos. En
el primero detalla las condiciones que, dice, lo acercaron al triunfo en su
tercer intento por la Presidencia: el crimen y la corrupción. Descarta un enojo
popular por la desigualdad en un país con 53 millones de pobres.
El segundo
texto es un editorial de la casa, que podría resumirse en el último párrafo: “Nos preocupa la Presidencia del López
Obrador, pero le deseamos suerte. Si él falla, lo peor es lo que podría
continuar”.
En ese editorial critica que López
Obrador “no sabe nada” de cómo se mueve el mundo. Insiste en que no respeta a
las instituciones.
Donald Trump
“está constreñido por el Congreso, un poder judicial independiente, una prensa
libre y una burocracia con una larga tradición de seguir la ley. López Obrador,
por el contrario, gobernará un país que ha sido democrático solo desde el año
2000, y donde la corrupción es generalizada y está empeorando. El principal
trabajo del próximo presidente debería ser reforzar las instituciones que
sostienen una economía moderna, la democracia y, sobre todo, el estado de
derecho. El riesgo con López Obrador, quien será el primer presidente no
inclinado a la tecnocracia en 36 años, es que hará exactamente lo contrario”.
The
Economist dice que en estos días los
mexicanos “están de acuerdo” en dos cosas: la victoria de su equipo de fútbol
sobre Alemania el 17 de junio fue magnífica, y que las elecciones del 1 de
julio serán las más importantes en décadas.
“El aspirante a la Presidencia Andrés
Manuel López Obrador lidera una coalición llamada ‘Juntos haremos historia’.
Sus oponentes temen que logre eso, de mala manera”, inicia.
“López Obrador, quien ha competido
por la Presidencia dos veces, tiene un aire de incorruptibilidad que encanta a
muchos mexicanos. Promete una ‘revolución radical’. Algunos oyen eso como una
amenaza. López Obrador a veces se ha opuesto a las medidas que los gobiernos
anteriores han tomado para modernizar la economía. Sus críticos lo comparan con
Hugo Chávez, cuya ‘revolución bolivariana’ ha traído la ruina a Venezuela. El
populismo nacionalista que ofrece no se parece a nada que México haya visto
desde principios de los años ochenta. Y si las encuestas son correctas, él
ganará”, señala.
Agrega: “Con eso, el segundo país más grande de
América Latina se unirá a un puñado de democracias donde los electores se
rebelaron contra el orden establecido. Lo que está a punto de suceder en
México se parece a la elección de Donald Trump en Estados Unidos, el voto de
Gran Bretaña para dejar la Unión Europea y el giro de Italia hacia el
populismo. Puede repetirse en Brasil, donde el favorito para ganar la
presidencia en octubre es Jair Bolsonaro, que habla con saña sobre los
homosexuales pero que es partidario del gobierno militar”.
La revista
inglesa analiza las causas variadas de la ira popular. “En América Latina, como en otros lugares, los votantes están furiosos
con las élites que consideran corruptas, ineficaces y condescendientes. Así
como los populistas estadounidenses condenan el ‘pantano’ en Washington y los
brasileños están horrorizados por la inmundicia de su clase política, López
Obrador fulmina contra la ‘mafia del poder’ que, según él, controla a México”.
Según The
Economist, “la tecnocracia mexicana tuvo sus éxitos. Las políticas económicas
ortodoxas han asegurado un crecimiento relativamente constante, aunque poco
espectacular desde la década de 1990”.
Detalla cómo
gracias al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) con los
Estados Unidos y Canadá, que entró en vigor en 1994, “México es el cuarto mayor
exportador mundial de vehículos de motor. El presidente saliente, Enrique Peña
Nieto, abrió la energía y las telecomunicaciones a la competencia y está
tratando de imponer estándares más altos en un sistema escolar deficiente. Por
desgracia, el progreso ha sido más lento de lo que los políticos prometieron y
es desigual. El sur de México, donde vive un cuarto de la población, tiene
arados tirados por bueyes en lugar de líneas de ensamblaje. Según la propia
medida de México, casi el 44 por ciento de sus ciudadanos son pobres”.
“La fuente principal del descontento
de los mexicanos no es la desigualdad, sino el crimen y la corrupción, que se
han desatado bajo Peña. La tasa de homicidios ha roto un récord establecido en
2011. El partido gobernante [el PRI] ha visto innumerables escándalos. Resultó que
la casa de 7 millones de dólares de la esposa de Peña [Angélica Rivera] había
pertenecido a un contratista del gobierno. En una elección ordinaria, los
mexicanos abandonarían el PRI de Peña y regresarían al conservador PAN. Pero
después de sus últimos años en el poder plagados de crímenes, de 2006 a 2012, también
están hartos de eso. Quieren un cambio, que López Obrador ciertamente ofrece”.
The
Economist cita que los partidarios de AMLO dicen que ha madurado, y que su
historial como alcalde popular de Ciudad de México de 2000 a 2005 demuestra que
siempre fue pragmático. “Ha hecho las paces con el TLCAN y ya no habla de
revertir la Reforma Energética. Promete ejecutar un presupuesto disciplinado,
respetar la independencia de Banxico y no aumentar los impuestos. Algunas de
sus ideas, como un programa de aprendizaje a nivel nacional, tienen sentido”.
“Pero parece tener poca idea de cómo funciona
una economía o una democracia modernas –segura–. Menosprecia a las
instituciones independientes, como la Suprema Corte. Habla de hacer que México sea autosuficiente en alimentos y en la
construcción de refinerías de petróleo, lo que es poco probable parece tener
poca idea de cómo funciona una economía o democracia moderna parece tener poca
idea de cómo funciona una economía o democracia moderna le que tenga sentido
comercial. Sus ideas son simplistas. Quiere reducir a la mitad los salarios de
los altos funcionarios, incluido el presidente, y someterse a un referéndum
revocatorio cada dos años. Aunque personalmente limpio, ha formado alianzas con
políticos que son todo lo contrario. Denuncia la Reforma Educativa de Peña, que
ofrece a los niños pobres la oportunidad de un futuro mejor. Sí, López Obrador
se ha reinventado a sí mismo, pero como un paquete de contradicciones”.
“Eso hace
que su presidencia sea un experimento arriesgado. Los mercados financieros
podrían domesticar a un gobierno de López Obrador. Pero una mayoría en el Congreso para su partido también podría alentar
el radicalismo. Podría funcionar bien si, por ejemplo, frena la corrupción o
enfrenta a Estados Unidos por el comercio. Lo más probable es que el progreso
siga siendo difícil de alcanzar. México no puede detener el soborno sin las
instituciones que desprecia López Obrador. Y con los proteccionistas a la
cabeza en sus dos estados miembros más grandes, el TLCAN podría colapsar”,
afirma The Economist. “Eso envenenaría aún más las relaciones con los Estados
Unidos, lo que posiblemente pondría en peligro la cooperación sobre las drogas
y la inmigración.
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