Darío
Ramírez.
El gobierno federal se ha esforzado
en no proveer de justicia a los familiares de los 43 estudiantes desaparecidos
de Ayotzinapa. Hay organizaciones, papás, mamás y amigos que siguen en su lucha
por obtener justicia. Pero hay una fuerza importante que provoca el abandono
por el clamor de justicia, verdad y reparación del resto de la sociedad.
Abandonar Ayotzinapa es un grave
error que no debe consumarse.
El aparato burocrático institucional
del gobierno, bajo el arte del engaño, ha provisto de mentiras continuas a la
sociedad mexicana. Organismos internacionales y nacionales de derechos humanos
han cuestionado el actuar de la PGR de manera permanente y su infinita
capacidad para hacer malabarismos con la justicia. Pasan procuradores hasta
llegar a un encargado de despacho (que claramente tiene más un papel de velador
que de procurador interino) y el expediente (si le podemos llamar así a estas alturas)
cambia de manos y la investigación se queda varada.
El día de
ayer el Poder Judicial Federal nos
recordó que Ayotzinapa todavía está pendiente. Nos recordó que la justicia por
saber el paradero de los 43 muchachos sigue siendo un tema de primer orden
nacional, aunque las campañas políticas (todas) ignoren ésta y otras
violaciones graves a los derechos humanos.
El Consejo de la Judicatura Federal
informó que el Primer Tribunal Colegiado de Circuito del Décimo Noveno
Circuito, al resolver los amparos en revisión 203/2017 al 206/2017, ordenó
reponer la investigación del caso Ayotzinapa dada la gravedad de las
irregularidades detectadas, así como la creación de una Comisión de
Investigación para la Justicia y la Verdad en el caso Iguala.
Es decir, no hay verdad histórica. No hay debido
proceso. No hay justicia, y no sabemos el paradero de los 43 normalistas de
Ayotzinapa.
La sentencia es una severa llamada de
atención a la PGR y su interminable negligencia. Por ejemplo, a continuación,
algunos de los extractos más importantes:
En el
párrafo 1033 de la sentencia, se establece: “…no se aprecia que se hayan explorado siquiera las líneas de
investigación que apuntaban a la participación del personal del Ejército
Mexicano, y la Policía Federal; y encima de ello, tampoco aparece que se hayan
investigado los actos de tortura, lo que conlleva que igualmente no se ha
indagado al personal a quien se atribuyen tales actos, entre ellos, a los
integrantes de la Secretaría de la Marina Armada de México”.
Otro ejemplo
es lo señalado por los Magistrados en
los párrafos 1148 y 1149 de la sentencia, pues en los mismos establecen:
“1148.…la investigación precedente, que en general estuvo dirigida a practicar
y poner sólo énfasis en aquellas pruebas que pudieran apoyar una versión de los
hechos que narraron varios detenidos en sus declaraciones auto-incriminatorias
(cuya legalidad, como se vio ha sido cuestionada por este Tribunal Colegiado),
acorde a la incineración de los estudiantes en el basurero de Cocula y el
depósito de sus restos en el Río San Juan”.
O bien en el párrafo 1149: “De esta manera al conceder un peso excesivo
a la referida versión de los hechos, se dejaron de explorar otras líneas de
investigación”.
Y, algo de lo más relevante: La
sentencia ordena crear una Comisión de Investigación para la Justicia y la
Verdad en el caso Iguala, como un “procedimiento alternativo” (párr. 1102) para
subsanar y corregir la deficiente actuación de la PGR. Para su conformación, la
resolución pone especial énfasis en la necesidad de que participen las
víctimas, sus representantes, la CNDH y organismos internacionales. En este
sentido, destaca que se refrende la relevancia que ha tenido el Grupo
Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) en el presente caso e
inste a que en la nueva etapa de investigación éste sea escuchado mediante sus
integrantes, afirmando que “no sólo sería factible sino además recomendable que
se vislumbrara un nuevo período de participación” del Grupo (párr. 1134).
“Ahora, tomando en consideración que
lo sucedido en Iguala, Guerrero, los días veintiséis y veintisiete de
septiembre de dos mil catorce, constituye un hecho sin precedente, y ello da
lugar a adoptar medidas y determinaciones que quizás tampoco encuentran
antecedente en la historia moderna de nuestro país. Para este tribunal
colegiado, está claro que el éxito de dicha Comisión será también el éxito del
propio Estado, y de sus instituciones, pero, sobre todo, constituirá la
materialización de la verdad y la justicia, en el marco del estado de derecho
que debe prevalecer en todo país democrático, como el nuestro”.
En otras
palabras, cuando menos se esperaba,
desde Tamaulipas, llega un duro regaño a la PGR el cual dice: Así no se hacen
las cosas.
Ya se está hablando si el Tribunal
Colegiado se extralimitó en sus facultades. Puede ser. Sin duda es un buen
insumo para análisis jurídicos que deben de seguir.
Sin embargo, debemos de reconocer que el Tribunal fue
valiente. Y en momentos en que por lo general los jueces se esconden en
letanías procedimentales, es una bocanada de aire fresco ver a unos magistrados
que deciden enfrentar una grave carencia del Estado. Eso, en sí mismo, ya
debemos de agradecerle al Tribunal.
“Si tomamos en cuenta que la Corte
Interamericana ha ordenado la creación de este tipo de comisiones cuando la
investigación no cumple con las características de independencia, imparcialidad
e inmediatez, el tribunal colegiado tiene un buen argumento para sostener la
validez de su sentencia”, argumentó Sergio López Ayón.
López Ayón
continúa… “La sentencia implica un
mandato que subordina al Ministerio Público a seguir las líneas de
investigación que señalen las víctimas, acompañadas por la CNDH. Y la violación
de este mandato puede implicar desacato judicial. La pregunta es cuáles serán
las implicaciones de una investigación con estas características, que
contraviene el mandato constitucional que la persecución de los delitos debe
hacerse bajo el mando y conducción del Ministerio Público.”
El debate
seguirá, pero la sentencia confirma que
la verdad sobre Ayotzinapa no está dicha y que el gobierno federal ha mentido
permanente y constantemente. La sentencia (bien escrita y detallada) hace un
minucioso análisis de los elementos de la acusación basadas en testimonios y
confesiones arrancadas bajo tortura y malos tratos, de las malas prácticas que
son violaciones flagrantes a las garantías de los procesados y un completo
desprecio al debido proceso por parte de la PGR.
Peña Nieto logró su cometido: negar
justicia en el caso Ayotzinapa. Pero hoy por hoy, a pesar de que los años han
pasado, el Tribunal nos recuerda que no podemos cejar en la demanda de conocer
el paradero de los normalistas y castigo a los perpetradores.
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