Francisco
Ortiz Pinchetti.
Buen
puntacho se aventó Mikel Arriola Peñalosa al someterse voluntariamente al
“detector de mentiras”. El candidato del PRI a la jefatura de Gobierno de la
Ciudad de México se sometió a la prueba y la superó. De acuerdo a los
resultados que entregó el Instituto Latinoamericano de Poligrafía México, el ex director del IMSS aprobó con 80 por
ciento de puntaje.
Según se
supo, entre las preguntas que le
realizaron figuraron las relativas a sus propiedades declaradas en su
declaración, las presuntas compras ilícitas de inmuebles, el consumo de
mariguana y posibles casos de nepotismo. Aprobó holgadamente. El propio
Instituto que aplicó la prueba aclaró que ésta se pasa a partir de 60 por
ciento.
Hay que
agradecerle al dinámico candidato no sólo sus afanes por superar el estigma de
ser candidato de un partido absolutamente desacreditado, sino también por poner
un ejemplo a todos los aspirantes a puestos de elección popular. Y no me
refiero sólo a sus contrincantes en la lucha por la gubernatura capitalina.
Sería bien interesante que en efecto
se sometieran voluntariamente a esa prueba la candidata de la coalición “Por
México al Frente”, Alejandra Barrales Magdaleno, y la aspirante de Morena,
Claudia Sheinbaum Pardo. Nos enteraríamos cuando menos de qué tan cierto es lo
de sus mansiones en Miami, en el caso de la primera, y sabríamos si realmente
estuvo enterada la ex delegada en Tlalpan de las irregularidades graves que
existían en el fatídico colegio Rebsamen de Coapa, donde murieron 17 niños y
siete adultos durante el terremoto del 19 de septiembre pasado.
Pero lo realmente sabroso sería que
fueran los candidatos presidenciales quienes se pusieran el aparatito que
detecta las mentiras mientras les hicieran una serie de preguntas nada cómodas
para escudriñar sus adentros más profundos, sin poder escapar al interrogatorio
so pena de verse vergonzosamente ventaneados.
Podría por fin aclararse el
reburujado caso de la bodega de Ricardo Anaya Cortés, en Querétaro, y saber si
efectivamente participó en un caso de lavado de dinero o cuando menos si estaba
enterado del origen verdadero de los 53 millones de pesos que le pagó por el
local el empresario Manuel Barreiro Castañeda, a quien no conocía, pero a cuya
boda asistió y ahí bailó encantado de la vida.
También podríamos enterarnos de las maniobras de
Anaya Cortés para impedir que Margarita Zavala Gómez del Campo fuera la
candidata del PAN a la Presidencia de la República y si el entonces presidente
nacional del partido recurrió a prácticas nada democráticas y muy gandallas
para hacerse de la postulación que hoy se asoma al naufragio.
Y qué decir de José Antonio Meade
Kuribreña. Una vez sometido al “detector de mentiras” sabríamos, entre mil
cosas más, si es cierto o no que estuvo enterado de las transferencias de
recursos del erario, concretamente de la Secretaría de Hacienda que estuvo a su
cargo, a las campañas electorales del PRI, como los 254 millones de pesos
desviados en esa forma en Chihuahua en
2016 y por lo cual está preso el entonces secretario general del CEN del
tricolor, Alejandro Gutiérrez, subordinado entonces del presidente nacional
priista Manlio Fabio Beltrones.
Sabríamos
también si como encargado de las
finanzas del país Meade Kuribreña supo y solapó el endeudamiento brutal de los
gobiernos del mandatario veracruzano Javier Duarte de Ochoa y del chihuahuense
César Duarte Jáquez, en cuyo caso sería cómplice de esas ilegalidades. ¿O no lo
supo, joder?
Igualmente
podríamos conocer la verdad de varios de los misterios que envuelven a Andrés
Manuel López Obrador, que suele “batear” muy a sus estilo los cuestionamientos, por ejemplo, sobre el origen de los
recursos con los que él y su familia vivieron entre 2006 (incluidos sus viajes
interminables por todo el país), cuando perdió por primera vez la elección
presidencial, y julio de 2014, cuando empezó a recibir 380 millones de pesos
anuales de prerrogativas no electorales a partir del registro oficial de Morena
como partido político.
Nos enteraríamos qué tan ciertas son
sus intenciones de revertir las reformas estructurales conseguidas en el actual
sexenio, o sus ofrecimientos a los odiados empresarios integrantes de la “mafia
del poder” y la “minoría rapaz que ha saqueado a este país”, de que en realidad
nada ocurrirá y que podrán dialogar ahora resulta como buenos amigos para
lograr el desarrollo del país. Habrá, dijo el Peje, “una relación de
cooperación”. También sabríamos de dónde sacó el dato de los 500 mil millones
de pesos que según él mide la corrupción en el país y cómo los recuperará como
por arte de magia en cuanto asuma la Primera Magistratura.
Esto y mucho
más podríamos saber gracias al “detector de mentiras”. Me temo sin embargo que
los candidatos dirán que ya no tienen tiempo para aplicárselo… ¡Bola de
mentirosos!
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