Ricardo
Ravelo.
Bajo el
mando de sus dos últimos administradores centrales –Aristóteles Núñez Sánchez y Osvaldo Santin Quiroz –el Sistema de
Administración Tributaria (SAT) se convirtió en una dependencia cuyos mandos no
sólo prohijaron la corrupción, sino que solaparon todo tipo de maniobras dando
rienda suelta al contrabando en todo el país, negocio que opera sin dique de
contención bajo protección de altos funcionarios de esa dependencia federal.
Es ampliamente conocido cómo en la
Administración General de Aduanas (AGA), por ejemplo, opera una red de
funcionarios vinculados con el contrabando a gran escala en las 49 aduanas del
país; también es público que los grandes contrabandistas internacionales,
importadores de telas chinas y otras mercancías, pagan millones en efectivo que
se reparten entre los allegados del alto mando del SAT.
Nadie ignora tampoco que el crimen
organizado, Los Zetas y el cártel del Golfo –dos de las organizaciones
criminales más violentas del país –controlan el tráfico de armas, de drogas y
dinero a través de las aduanas y que esto no es un secreto para el jefe del SAT
ni para la Secretaría de Hacienda. Esos grupos criminales también financian
algunas campañas políticas, desde hace varios años, en Veracruz y Tamaulipas.
Pero dentro de SAT la camarilla que encabeza
Santin se protege y se blinda a pesar de que algunos funcionarios, como
Guillermo Peredo Rivera, Administrador Central de Operación Aduanera del SAT,
sigue despachando a pesar de tener dos carpetas de investigación abiertas en la
Procuraduría General de la República (PGR).
Las investigaciones tienen que ver
con delitos de abuso de autoridad, usurpación de profesión y de funciones y uso
indebido del servicio público, todo ello solapado por su anterior jefe,
Aristóteles Núñez y ahora por Osvaldo Santín, otra pieza del mismo esquema que
arribó al cargo tras la destitución de Aristóteles.
La historia de Peredo Rivera siempre
ha estado ligada a escándalos de corrupción. La empresa Sanruch
Comercializadora S. de R.L. de C.V., por ejemplo, presentó una demanda de
carácter penal precisamente por abuso de poder. Al funcionario se le considera
dentro del SAT y de la Administración General de Aduanas como un hombre
violento, explosivo y autoritario.
También se le acusó de encubrir un presunto abuso sexual
cometido por Yadeneiro Hernández Austria, exadministrador de la aduana de
Ciudad Juárez, en contra de funcionarias de esa área, caso que incluso llegó a
la Cámara de Diputados, donde se exigió su renuncia, pero sus protectores
–Aristóteles Núñez y ahora Osvaldo Santín –lo cobijaron porque simplemente es
un funcionario que forma parte del esquema de negocios que salpica a todos por
igual.
La denuncia de la empresa Sanruch
sacó a flote que Guillermo Peredo firmó documentos en calidad de Maestro sin tener
registro alguno en la Dirección General de Profesiones de la Secretaría de
Educación Pública en el momento de los hechos.
Tras la
denuncia, de inmediato salieron en su
defensa otros miembros del clan de la corrupción en el SAT y en Aduanas: Ricardo Treviño Chapa, Gerardo Aberto Suárez
Hasbach y Aristóteles Núñez. Y no pasó nada. Peredo Rivera siguió en la
Administración General de Evaluación, donde nadie le impidió firmar documentos
y ostentarse como Maestro sin serlo.
Esta protección excesiva del poder
hizo que Peredo Rivera pronto se ganara el mote de El maestro chocolate, por
aquello de que carecía (o carece) de documentación oficial que acredite que
está capacitado para desempeñar las altas funciones que actualmente tiene en el
SAT.
Durante su
paso por Aduanas se supo también que en
este ejercicio indebido de usurpar funciones y profesiones –práctica que, por
cierto, ocurre mucho en el SAT, donde abundan los recomendados y dejan fuera a
los hombres de carrera –se documentó que Peredo Rivera tenía el nombramiento
como Administrador de Operación Aduanera 1 y firmaba documentos como
coordinador de Aduanas Región Pacífico-Norte y como Administrador de Operación
Aduanera 4, unidades adscritas a la Administración General de Aduanas. Todo a
conveniencia.
Al
funcionario privilegiado del SAT también
se le cuestiona que usurpe profesiones. Una búsqueda exhaustiva en la Dirección
General de Profesiones de la SEP no arrojó ningún dato sobre su cédula como
Maestro, con lo cual quedó acreditado que también ejercía funciones indebidas
en el servicio público, particularmente en el SAT.
Peredo
Rivera también tiene sus protegidos. Uno
de ellos es Edmundo Almaguer Contreras, quien fue acusado de exceso de poder en
algunas aduanas donde trabajó. A este funcionario, se asegura, se le solapa la
corrupción dentro del SAT y se le tolera su nepotismo, pues su esposa, Daniela
Corral Yépiz, jefa de departamento, labora desde hace poco más de dos años en
la Administración Central de Operación Aduanera bajo la protección de Peredo
Rivera.
Los delitos en los que ha incurrido
Peredo Rivera ya derivaron en la apertura de carpetas de investigación por
parte de la PGR, donde se también se investigan delitos asociados a la
corrupción y al mal desempeño de sus funciones en las aduanas.
Por ejemplo,
la PGR cuenta con la carpeta
FED/MICH/LAZ/0001417/2018 –con número de oficio AYD-LAZ-7655/2018 –signado por
el agente del Ministerio Público Federal y Determinación de Lázaro Cárdenas,
Michoacán. Pese a la indagatoria, el funcionario del SAT ahí sigue disfrutando
de sus negocios, sus ganancias y la descarada impunidad que lo cobija. Así es
el sexenio de Enrique Peña, el descaro absoluto, por decir lo menos.
Todo esto y más ocurre en el SAT. Y
ante ese escenario corrupto llama la atención que en varias entidades del país
las plazas de administradores centrales de auditoría se reparten entre amigos,
compadres, cómplices y muchas veces los nuevos funcionarios de esas áreas ni
siquiera han hecho carrera en el SAT y ni siquiera cuentan con una carrera
universitaria. Basta que sean amigos del amigo, hijos del amigo de un alto
funcionario y con eso es suficiente para alcanzar una plaza en el SAT, obtener
una administración de auditoría en cualquier oficina del país.
En la ciudad
de Veracruz, por ejemplo, existe un caso
penoso y no menos lamentable. Un empleado del SAT con las mejores
calificaciones y reconocimientos se dio a la tarea, hace cuatro años, de buscar
una oportunidad para ascender al puesto de administrador central de auditoría.
Tocó la puerta del SAT a nivel
federal y recibió portazos y silencios. A lo largo de la última década ha visto
desfilar a jóvenes sin experiencia, que ni siquiera se han formado en el SAT,
que con toda la facilidad del mundo son recomendados para esos cargos a través
de diputados y senadores.
Este funcionario veracruzano recurrió
al entonces senador José Yunes Zorrilla, actual candidato del PRI al gobierno
de Veracruz, cuando era senador de la República y encargado de la Comisión de
Hacienda. Tenía confianza en él. Le llevó su currículo, su historial laboral y
le pidió, firme la palabra:
–Ayúdame, Pepe, a lograr mi sueño
profesional. Tengo las mejores credenciales en el SAT, la experiencia y el
conocimiento. Quiero ser administrador de Auditoría Fiscal en Veracruz.
Yunes
Zorrilla se comprometió a gestionar su
ascenso. Lo citó más de diez veces en su oficina del Senado, siempre con la
promesa por delante: “Si, te voy a ayudar, cuenta con ello, yo hablo con el
jefe del SAT, no te preocupes…
Así han pasado casi cuatro años y la
promesa del senador y actual candidato del PRI no se cumplió. Simplemente Yunes
Zorrilla mintió, engañó y le dio largas al asunto, muy al estilo de prometer,
pero no cumplir. De igual forma actuaron sus allegados, títeres con sueldo.
El funcionario del SAT todavía tiene
esperanzas de que Pepe Yunes, el candidato del PRI, cumpla su palabra. De vez
en cuando lo aborda durante sus giras como candidato y le promete lo mismo: “Ya
casi está tu asunto, estoy haciendo la gestión, te espero aquí, te espero allá,
vete a la ciudad de México…”
–¿Y usted le
cree a Yunes Zorrilla? –se le pregunta.
–Me ha
fallado.
–Le cree?
–se le insiste.
–Ya no sé qué pensar. Aquí sólo veo
desfilar a personas a sus nuevos cargos, ordenados por el jefe del SAT,
mientras yo sigo esperando que alguien cumpla su palabra.
Yunes, dice, ya no contesta ni los mensajes, menos
cumplirá su palabra. Así es el candidato del PRI en Veracruz.
Se asegura que en Veracruz el
candidato José Yunes está perdido en el limbo: a menudo suspende sus giras,
deja plantada a la gente en los mítines de campaña. Su palabra, sin fuerza, se
hunde en la mentira y en el descredito.
Por otra parte, se asegura que Yunes
Zorrilla ya pactó su derrota en Veracruz, aunque él lo niega y asegura que
ganará el 1 de julio. Nadie le cree.
Muchos priistas que se enriquecieron
de forma descomunal en el duartismo abandonaron al PRI y se sumaron a la causa
azul para llevar a Miguel Ángel Yunes Márquez a la gubernatura de Veracruz.
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