Javier Risco.
Quejarse de la violencia desde la
comodidad de un puesto público pierde todo su valor si estando en funciones
dejas crecer al monstruo desde el interior.
Hoy, tanto el Jefe de Gobierno
actual, José Ramón Amieva, como el suspirante a Senador, Miguel Ángel Mancera,
tienen bajo su responsabilidad haber dejado gestarse, crecer y explotar uno de
los mayores conflictos sociales y laborales en una de las pocas (quizá la
única) instituciones del gobierno capitalino que cuenta con el respaldo y
admiración ciudadana: el cuerpo de bomberos.
Hace meses,
tras la renuncia del Jefe Vulcano, en
este espacio expusimos la forma en que el entonces líder sindical Ismael
Figueroa estaba siendo premiado por el Frente con una candidatura pese a las
múltiples denuncias que había de explotación a los bomberos sindicalizados,
pese al uso electoral del cuerpo de bomberos, pese a su fatal y casi
inexistente desempeño como “independiente” en la Asamblea Constituyente… desde
entonces el conflicto creció.
Las constantes denuncias públicas que
el Jefe Vulcano, Raúl Esquivel, quien hoy forma parte de la Comisión de
Reconstrucción, hizo en contra de Figueroa se cristalizaron de la forma más
trágica: con el asesinato de Javier García Salinas, un bombero opositor a
Figueroa, con 27 años de servicio en el cuerpo de Bomberos y que denunció
públicamente al hoy candidato al Congreso local de intimidación y amenazas. De
hecho, días antes de que lo mataran, subió un video a sus redes sociales en el
que responsabilizaba a Ismael Figueroa de cualquier daño a él o su familia. No
sirvió la advertencia.
Peor… dos días antes de su homicidio, García
Salinas pidió la intervención de José Ramón Amieva en el conflicto laboral del
sindicato de Bomberos, petición que como la que el Jefe Vulcano hizo a Miguel
Ángel Mancera por 2 años, fue ignorada.
“Vengo a denunciar que a partir de la
segunda quincena de abril nos suspendieron el pago, porque no quisimos apoyar
al candidato, ex secretario del Sindicato de Bomberos, en su campaña. Señor
José Ramón Amieva: tome cartas en el asunto, porque somos 27 familias que
estamos en esta misma situación.
“No pone un alto. Se está comportando
como solapador de estos delincuentes electorales, si no es que cómplice”, acusó en un video que queda como
prueba de la omisión.
Nadie hizo nada y murió.
Hace un par
de meses, en una manifestación
multitudinaria en las afueras de la Asamblea Legislativa, Ismael Figueroa
señaló abiertamente a dos reporteros de estar “vendidos” como una incitación a
la violencia contra ellos. Sus agremiados se lanzaron contra los periodistas y
todo quedó registrado en un video que circuló a través de redes sociales y por
lo que me atrevo a no usar la presunción de inocencia.
Otro episodio de violencia que
terminó sin consecuencias. Otro episodio en contra del Bombero. Otro reclamo al
Frente por una candidatura sin méritos. Otro grito al vacío.
Este mismo personaje fue investigado
por el INE por estar presionando a los bomberos para cambiarse de domicilio a
Benito Juárez (donde originalmente sería candidato para una diputación federal)
y así obtener votos, lo que está calificado como “turismo electoral” y que
implica un delito. Nada pasó.
Es verdad que el asesinato de Javier
García no puede atribuírsele directamente a Figueroa y que debe abrirse una
investigación; sin
embargo, diferentes botones de muestra a
lo largo de dos años dan cuenta el deterioro de la institución y su uso con
fines políticos. Los bomberos se volvieron en la ciudad como los transportistas
en el Edomex: el brazo armado del gobierno en turno. ¿Y la candidata Alejandra
Barrales a quien se le ha cuestionado por mantener la candidatura de Figueroa?
Argumentando golpeteo político en lugar de exigir una investigación a fondo. ¿Y
aún se preguntan por qué con cada tragedia surge la frase de ‘Fue el Estado’?
Un gobierno omiso ante los gritos de auxilio es, siempre, responsable de las
consecuencias.
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