Alejandro Páez Varela.
“El silencio mata”, se lee en una cinta a modo de mordaza
durante la Caravana al Sur en Coatzacoalcos, Veracruz, 17 de septiembre de
2011. Es una foto de Prometeo Lucero, tomada del informe de Artículo 19
Desde hace tiempo corre la versión de que funcionarios de
primer nivel y muy cercanos al presidente Enrique Peña Nieto le han hincado el diente
al enorme negocio de la publicidad oficial. Es un rumor, y se ha quedado allí
porque, se dice, a pocos les conviene moverle. La mayoría de los grandes medios
y una lista larga de periodistas con renombre se beneficiaron del dispendio; se
les dio lo que nunca antes en la historia. Y nadie se atreverá a moverle mucho
al tema. Por ahora.
Hablamos de 60 mil
millones de pesos en seis años: una montaña de billetes. Si Peña hubiera
ordenado la construcción de casas de un millón cada una, estaría repartiendo,
en estos momentos, unas 60 mil viviendas. Imagínense el tamaño del negocio.
En últimas fechas, sin
embargo, el rumor se ha robustecido entre algunos de los dueños de los grandes
medios mexicanos. Se habla del “hartazgo de algunos” por la voracidad otros.
–¿De qué,
específicamente, están hartos los dueños?
–De dar moche.
–¿Moche? ¿Moche-moche?
¿A funcionarios en Los Pinos? –pregunté a una fuente que no está en el Gobierno
federal sino del lado de los medios beneficiados.
–Al menos uno de ellos
estuvo colectando cuota entre los dueños de medios o entre los gerentes durante
estos años.
Lo cuento como me lo
dijeron y nada más. Una primera fuente me lo dijo así hace dos semanas. Una
segunda (que es la que cito con textuales) me dio los mismos datos hace apenas
una semana.
Se habla de un alto
funcionario que se habría encargado de recolectar cuotas precisas por la
asignación de publicidad oficial. Eso.
Aclaro de una vez que
NO tengo un solo dato que lo confirme. Es información muy delicada porque
involucra a gente de primer nivel no sólo en Los Pinos, sino en la prensa
mexicana.
Pero explicaría
perfectamente por qué el derroche. Era derroche y era reparto, parece.
Corrupción de altos vuelos con un presupuesto de miles de millones de pesos, y
contando.
El gran reto para los
dueños de los corporativos de medios mexicanos, en este momento, es acercarse a
Andrés Manuel López Obrador; mostrarse amables con él y fumar la pipa de la
paz. Sobre todo, los que llevan 18 años haciéndole la vida imposible.
Y están haciendo todo
lo que está en sus manos para acercársele. Todos, todo. Saben que a estas
alturas las posibilidades de que pierda son, realmente, nulas. Esta semana
arranca el Mundial y operará a favor del izquierdista, curiosamente, cuando
siempre ha jugado en su contra: paralizará la
actividad política y los mexicanos dejarán de escuchar. Entonces es de
esperarse que las encuestas no se muevan. Tome usted la foto de esta semana y
es casi con la que llegaremos al 1 de julio, a menos de que pase algo muy, pero
muy extraordinario.
La mayoría de los
grandes que tomaron su tajada de la montaña de dinero –o al menos de quienes he
escuchado algo– tienen una cierta resignación. Saben que lo que les entregó
Peña Nieto no podrá repetirse con López Obrador. Eso más o menos lo apechugaron, no
sin susto: la adicción al dinero público
es mucha; vivieron como reyes mientras, según datos de Artículo 19, sus propias
redacciones se empobrecieron. Los salarios, en estos años de derroche, no
mejoraron para los de a pie.
“Las asignaciones
presupuestales que se destinan a distintos medios de comunicación para publicidad
oficial no son reflejo de las condiciones laborales que las y los periodistas
gozan; es decir, aunque el medio recibe recursos millonarios del Gobierno
federal o los gobiernos locales, no tiene como efecto que quienes participan de
éste tengan al menos la certeza de que sus notas serán pagadas o sus derechos
laborales respetados. Basta señalar que, de acuerdo con el Observatorio Laboral
de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, el sueldo de un periodista
oscila entre los 6,000 y 15,000 pesos mensuales, según el estado de la
República donde labore (el promedio salarial nacional es de 12,000 pesos
mensuales). Asimismo, a pesar del contexto de riesgo al que se enfrenta el
ejercicio periodístico, son muy pocas las empresas de medios que se preocupan
por garantizar seguridad social”, dice el informe “Democracia Simulada, Nada
qué Aplaudir”, presentado el 20 de marzo pasado por la organización
internacional.
Claro que el informe no
fue publicado por la mayoría de los medios.
Pero me regreso a donde estaba:
Difícilmente habrá, con
AMLO, el dinero que los grandes medios y ciertos periodistas estaban
acostumbrados a recibir. Y algunos están asustados, también señalaba (con base
a los datos que he podido recoger, que son unos cuantos).
Mi cálculo es que,
para justificar un ajuste, el eventual Gobierno de López Obrador deberá
evidenciar el tamaño del derroche. Deberá mostrar algo de lo que se hizo con la
montaña de dinero para poder ganarse a la opinión pública y poder aplicar un ajuste
a la baja en el dispendio. Esa, digamos, sería una jugada genial. Pero una magistral sería, sin duda, abrir
una gran investigación sobre esos recursos. Y exponer, si se encuentra, la
presunta corrupción de la que se habla con insistencia.
El eventual Gobierno de
AMLO tendrá la sartén por el mango. Si exhibe algo de lo que pasó, si le pone
una patada a la montaña de billetes, podría justificar, de cara a la sociedad,
un ajuste en ese gasto. Y eso necesariamente pasará por exhibir uno o varios
casos de corrupción con el reparto de publicidad oficial.
También suena, mucho,
que hubo acuerdos con ciertos gigantes que manejan la publicidad conocida como
“programática”, que es la que va a Internet. Algunos creen que inevitablemente
se tendrá que ver hacia la oficina de Alejandra Lagunes Soto Ruiz, quien pasó
por MSN, Yahoo, Televisa y Google México antes de entrarle a Presidencia de la
República en la Coordinación de Estrategia Digital Nacional, inventada en este
sexenio.
Sólo digo lo que
escucho. Repito: no me consta nada.
Un personaje clave en
la montaña de billetes es el vocero presidencial, Eduardo Sánchez. No digo que
él sea a quien ahora se menciona entre ciertos dueños de medios grandes. Nada
más digo que es personaje clave en el destino de miles de millones de pesos de
publicidad oficial durante el sexenio de Peña Nieto.
Pero, bueno, de
Eduardo Sánchez hay pocos datos públicos. De acuerdo con su declaración
patrimonial, la que se presenta a la Secretaría de la Función Pública (SFP),
pudo tomar decisiones sobre el reparto de 2012 a 2014, cuando estuvo en la
Secretaría de Gobernación, específicamente en la Subsecretaría de normatividad
de medios.
De allí se brincó a la
vocería, que también tiene relación directa con los medios con los que Presidencia
de la República habla. En su declaración patrimonial, Eduardo Sánchez no aceptó
hacer públicos sus datos patrimoniales y tampoco los relacionados con sus
posibles conflictos de interés. ¿Por qué lo decidió así cuando estuvo en MVS
como encargado del área jurídica durante 10 años?
Los datos sueltos
indican que hay una empresa, Eduardo Sánchez Hernández y Asociados S.C., en la
que dice que fue abogado de 2006 a 2012. Pero ésa no tiene contratos con el
Gobierno federal, de acuerdo con el Portal de Obligaciones de Transparencia.
Como digo, hay pocos datos de él o sobre el tema. Algunos
creen que es cosa de tiempo: la fiesta
en Los Pinos ha terminado. O casi.
Siento que habrá poca
información sobre el tema en las siguientes semanas, o meses, hasta que estalle
por algún lado. Algunos creen que va a estallar porque va a estallar: hablamos
de 60 mil millones de pesos ejercidos con toda discrecionalidad, sin control.
La montaña no se puede
ocultar bajo la cama porque es una montaña, y punto. Y si, como se pregona, el
pacto de impunidad está por terminar, cualquier viento en el futuro inmediato
hará volar billetes por todos lados.
Yo sólo digo lo que escucho; no me consta nada.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.