Gabriel Sosa
Plata.
Bajo la
intensidad de las campañas políticas, en los últimos días se ha reforzado la
percepción que hay un acuerdo entre Andrés Manuel López Obrador y las
televisoras, particularmente por la cobertura informativa favorable que se ha
dado en televisión al candidato de la coalición “Juntos Haremos Historia”.
En
contraste, Ricardo Anaya, candidato de la coalición “Por México al Frente”, no
ha sido tratado de la misma manera y como destacó el doctor Raúl Trejo Delarbre
en La Crónica (11 de junio), “las televisoras convierten en acontecimiento
político un video anónimo, sin interés informativo, creado para calumniar” al
queretano. En dicho video, como se recordará, aparece un hermano de Manuel
Barreiro refiriéndose a las supuestas operaciones de lavado de dinero en
beneficio de Anaya y sus aspiraciones presidenciales.
Esta semana, sin embargo, hubo un
giro informativo. Justo en el noticiario estelar de Televisa que conduce Denise
Maerker, se presentó un reportaje de Fátima Monterrosa en el que se revela que
la senadora con licencia del Partido del Trabajo (PT) y candidata a la Alcaldía
de Álvaro Obregón por la misma coalición que apoya a Andrés Manuel López
Obrador, facturó a nombre del Senado gastos personales que ascienden a los 700
mil pesos entre los años 2016 y 2017.
Un dispendio
de recursos, al parecer no relacionado con su labor como legisladora, que
generó innumerables críticas a la política, pero sobre todo a quien la
respalda: López Obrador. El caso se suma al cuestionamiento de políticos que se
han sumado a la campaña del candidato a la Presidencia, como Lino Korrodi,
operador financiero de Amigos de Fox; el ex presidente del Partido Acción
Nacional (PAN), Manuel Espino, y la postulación de candidatos impresentables
como Napoleón Gómez Urrutia, ex dirigente minero, para ocupar un lugar en el
Senado, o Patricio Zambrano, considerado para la Alcaldía de Monterrey.
Para quienes trabajan en los medios
de comunicación, es claro que este tipo de notas raspan en algún sentido al
candidato presidencial y abonan a la percepción que López Obrador protege a
personajes corruptos o de cuestionable trayectoria en aras de ampliar sus
alianzas y fortalecer su candidatura con tal de llegar al poder, con los costos
que sean necesarios.
Si Televisa supuestamente ya pactó
con López Obrador ¿por qué darle vuelo a una nota que revela los supuestos
excesos de una Senadora, que como carambola pega al candidato presidencial?
¿Por qué un hecho cuestionable merece tanto espacio, a diferencia de otras
denuncias de corrupción que se han evidenciado en el actual sexenio y que
también perjudican al candidato de la coalición “Todos por México”, ¿José
Antonio Meade?
Una primera
respuesta es que el pacto es sólo con
López Obrador, pero sin incluir a ninguna de las personas que apoya o aspiran a
cargos de elección de su partido. Algo similar a lo que ocurre en cuanto a la
relación con el presidente de la República en turno: él es intocable, pero no
el resto de los funcionarios.
Una segunda
posibilidad es que había el interés de
empujar a otros candidatos a la Alcaldía de Álvaro Obregón. No creo que le
interese mucho esto a Televisa, pero no quería dejar de mencionarlo.
Una tercera
respuesta es que no hay pacto y que en
la investigación de la periodista Fátima Monterrosa había “nota”, como se dice
en el gremio periodístico, que merecía un espacio importante en el noticiario
estelar. Su difusión sólo podría lograr un impacto en este momento electoral,
no después, y advertir así la ciudadanía sobre el perfil de una candidata.
Después de todo para eso sirve el periodismo ético.
Paralelamente,
el reportaje serviría de mensaje para
demostrar que Televisa no ha hecho pacto con López Obrador ni con cualquier
otro candidato y que quienes aseguran lo contrario están equivocados. Es más,
AMLO declaró que el reportaje de Fátima Monterrosa “es parte de la guerra
sucia” en contra de su coalición, a la cual (esto no lo dijo él, sino quien
esto escribe) ¿se prestó Televisa?
En todo
caso, como comenté la semana pasada, sabremos
de algún acuerdo si, en caso de ganar AMLO, la agenda del Movimiento de Regeneración
Nacional (Morena) en materia de medios y telecomunicaciones se modifica a favor
de algún interés mediático y rompe con lo que hasta ahora ha defendido en el
Congreso.
DERECHO DE
RÉPLICA.
A partir de
la revelación de Televisa, Layda
Sansores solicitó ejercer su derecho de réplica. Ella quería hacerlo en el
noticiario, en vivo, y ocupar el mismo espacio que se le concedió al reportaje
que la alude. Denise Maerker no aceptó. Concedió la réplica a través de la
grabación que haría la reportera que hizo la investigación, pero la candidata
se negó.
Horas antes, la candidata respondió
en una carta que esos recursos se utilizaron para la cena de fin de año para
trabajadores del Senado, “quienes reciben un ingreso quincenal de mil 750
pesos, y no tienen prestaciones laborales”. Luego subió un video a sus redes
sociales en el que refrenda su posición: que se trata de una mentira, que hay
una línea de ataque en su contra porque confrontó a Peña Nieto, etc. Ese video
fue transmitido íntegro en el noticiario de Denise Maerker.
La ley reglamentaria de derecho de
réplica no precisa si la réplica debe hacerse, si procede, en vivo o no. Sólo
se refiere a concederlo en caso de información inexacta o falsa en la siguiente
emisión. Si se niega, el medio debe argumentar las razones. No es el caso. El espacio se abrió,
pero la candidata no quiso sujetarse a la condición que impuso Televisa para
materializarlo. A mi parecer, la televisora no violó la ley.
Independientemente del diferendo, la
revelación es la punta del iceberg sobre el gasto dispendioso y discrecional de
senadoras y senadores, que debe investigarse con mayor profundidad. También es
necesario indagar la manera en cómo ejercen esos recursos otros legisladores
porque es ofensivo para nuestra sociedad y abona al desprestigio de una
institución del Estado mexicano.
Con el poder que tiene para obtener
testimonios y documentos, Televisa podría aportar mucho en este caso. No puede
creerse que Layda Sansores sea la única legisladora que habría incurrido en
falta legal o ética. El abanico para difundir hechos similares sin distinciones
ni colores partidistas puede crecer y habría un aporte social, pero también a
la credibilidad del medio de comunicación. Bajo este escenario, ¿hasta cuándo
vendrán los reportajes sobre la corrupción en el círculo más cercano del
presidente? ¿Hasta que termine el sexenio, como casi siempre ocurre?
AMLO
RESPETARÁ REFORMA DE TELECOMUNICACIONES.
Ayer se
llevó a cabo el foro “¿Ganamos o perdemos los consumidores con la reforma de
telecomunicaciones?”. Lo convocó Irene Levy, de Observatel, y Carlos Martínez,
de Central Ciudadano y Consumidor. Fue un éxito, ya que hubo representantes del
órgano autónomo, el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), de la
industria, de la academia y público en general que literalmente abarrotó el
salón principal de Casa Lamm.
El “plato fuerte” fue la
participación de los representantes de Ricardo Anaya, López Obrador y José Antonio
Meade, quienes coincidieron en abatir la brecha digital, incrementar la
conectividad, aumentar la infraestructura de telecomunicaciones y promover la
alfabetización digital.
El representante de López Obrador,
Abel Hibert, calificó la Reforma de telecomunicaciones como exitosa. También
dijo que si el candidato gana la presidencia se respetará la autonomía del IFT
y que se incentivará el aprovechamiento de la llamada red compartida para
mejorar la prestación de servicios en todo el territorio nacional.
“No queremos inventar el agua
caliente”, dijo
Hibert ante las dudas que la industria pudiera tener sobre el proyecto de
nación que propone en telecomunicaciones la coalición Juntos Haremos Historia.
Precisó que no hay ninguna relación o acercamiento con el empresario Carlos
Slim, con el fin de beneficiar a su empresa América Móvil. “El preponderante
(en telecomunicaciones) debe seguir con sus obligaciones”, dijo.
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