Este 2018, el Partido de la
Revolución Democrática (PRD) volvió a las cifras de 1991 cuando compitió por
primera vez para la entonces Asamblea de Representantes del Distrito Federal:
consiguió sólo 6 curules y por la vía plurinominal para el que será el nuevo
Congreso de la Ciudad de México, superado por su aliado el Partido Acción
Nacional (PAN) que consiguió 11, nueve por principio de mayoría relativa y 2
plurinominales.
En 1991 el recién nacido PRD obtuvo 6
curules, todas plurinominales; el PAN, 10; el
Partido Revolucionario Institucional (PRI), 40, todos por mayoría relativa. El
entonces Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional obtuvo
cuatro.
La distribución de la elección del
pasado 1 de julio ubica a Movimiento Regeneración Nacional (Morena) con 38
legisladores, al PAN
con 11, al PRD con seis, al PRI con cinco, al PT con tres, al Partido Verde
Ecologista de México (PVEM) con dos y al Partido Encuentro Social (PES) con
una.
El PRD capitalino atribuyó parte de
su derrota a que Andrés Manuel López Obrador “Utilizó la fuerza política y
territorial del PRD para extrapolarla a un ‘nuevo movimiento’ que capitalizó el
descontento y enojo de la ciudadanía hacia los tres partidos que gobernaban en
el país: PRI, PAN y PRD”, se lee en comunicado publicado la semana pasada.
En el texto
también atribuyó parte de la derrota a
que “el Gobierno de Miguel Ángel Mancera (primer Jefe de Gobierno no militante
del PRD, respaldado por Marcelo Ebrard y López Obrador) también fue castigado
por los capitalinos, quienes durante los tres últimos años de gobierno le
dieron una evaluación negativa especialmente en materia de seguridad, movilidad
y desarrollo urbano, y por no haberlo percibido como un contrapeso del Gobierno
priista de Peña Nieto. Este voto de castigo lo pagó el PRD en las urnas”.
Analistas y
líderes perredistas coinciden en que el
resultado “desastroso” para el Sol Azteca se debe a la alianza con el PAN y a
un abandono del partido en la ciudad por parte de la dirección nacional y
estatal.
Ricardo
Anaya Cortés, quien fue candidato de la alianza PAN-PRD-MC a la Presidencia de
la República, arrastró más votos para el PAN en la capital del país, que para
su socio perredista. Mientras que las bases de militantes del PRD optaron por
el candidato de izquierda Andrés Manuel López Obrador para la Presidencia y
Claudia Sheinbaum Pardo a la Jefatura de Gobierno.
“Fue una gran equivocación esa
alianza. Era una aventura y muy peligrosa, porque quien iba a resentirlo más
era el PRD por muchas razones: era aquí donde la fractura con Morena se vio más
cruenta. Aquí el PAN le comió el mandado, porque el PRD ya estaba desfondado y
la gente que votó por el PAN es de derecha. Eso pasa cuando se hace un trabajo
tan poco profesional en lo político. El PRD perdió”, dijo María Eugenia Valdés Vega,
académica de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y experta en sistema
político mexicano y en la izquierda de la Ciudad de México.
Los
analistas coincidieron en que el
desfonde del otrora partido fuerte de la capital del país tiene su origen en la
migración de la base perredista y la postulación de un candidato presidencial
panista.
“El hecho de que el PAN haya tenido
una mejor posición que el PRD, y no al revés como se esperaba, fue porque
muchas estructuras perredistas se fueron a Morena y porque el PAN llevaba el
candidato a la Presidencia; eso le generó un porcentaje de participación importante.
Otro aspecto es que la candidata a Jefa de Gobierno [Alejandra Barrales
Magdaleno] tuvo una posición no competitiva frente a la candidata de Morena”, opinó Gustavo López Montiel, experto
en partidos políticos del Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de
Monterrey (Itesm).
El error de las cúpulas del
perredismo los llevó a perder lo que habían logrado paulatinamente para
ubicarse como los líderes y primera fuerza en la capital mexicana.
De acuerdo
con las cifras históricas del Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF)
en la elección de la Asamblea de Representantes de 1994 la votación del PRD le
permitió quedarse con 10 curules, mientras que el PRI obtuvo 39 y el PAN, aún
como segunda fuerza política, 14.
En la
elección de 1997, la primera de Jefe de Gobierno del Distrito Federal, el PRD
no sólo ganó el Gobierno de la ciudad con Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, sino
que pasó de 10 diputados plurinominales a 38, todos electos por mayoría
relativa, colocándose como una arrolladora primera fuerza política.
La hazaña
perredista se realizó bajo el liderazgo del entonces presidente del partido
Andrés Manuel López Obrador, enviando al PRI y al PAN en un segundo sitio con
11 curules cada uno.
En la elección del 2000, cuando López
Obrador compitió para la Jefatura de Gobierno del Distrito Federal en contra
del panista Santiago Creel, el PRD conquistó sólo 20 curules y el PAN se le
acercó con 17, mientras que el PRI obtuvo 16 y el PVEM, ocho.
Para la elección de 2003, el PRD
retomó su liderazgo en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) con
37 curules, seguido del PAN con 16, en un tercer sitio el PRI con siete y el
PVEM con cinco.
El Sol
Azteca llego así a la primera elección presidencial de López Obrador en 2006,
en donde la coalición PRD-PT y Convergencia obtuvo 36 curules en la ALDF,
mientras que el PAN se fue a la segunda fuerza con 17 y el PRI-PVEM a una
lejana tercera fuerza con siete. El Partido Nueva Alianza (Panal) obtuvo
cuatro.
La elección
intermedia de 2009 marcó una disminución de curules para el Sol Azteca, pero aun
así fue la primera fuerza con 28 curules, seguido del PAN con 14 y del PRI con
siete. En esa elección el PT consiguió seis, el PVEM cinco y Convergencia y
Panal uno.
En la elección federal de 2012,
nuevamente con Andrés Manuel López Obrador como candidato a la Presidencia de
la República, el PRD obtuvo 34 legisladores, el PAN 12, el PRI con nueve, el PT
con cinco y MC, PVEM y Panal con dos cada uno.
Pero la elección intermedia de 2015
rompió con el éxito del PRD en la ALDF, pues hizo su debut Morena como el nuevo
partido de izquierda, surgido luego del quiebre de López Obrador con el
perredismo.
Ese año Morena se convirtió en la
primera mayoría con 22 curules, seguido del PRD con 19, del PAN con 10, del PRI
con siete, PVEM y PES con dos respectivamente, PT y Panal con uno.
Sin embargo,
aunque era de esperarse que Morena
conservara su primer lugar en este 2018 por el arrastre de la figura de López
Obrador, los malos resultados del PRD sorprendieron a los analistas: por
primera vez desde 1994 el PAN lo desbancó a un tercer lugar.
REFUNDARSE.
“Tener como
candidato a Ricardo Anaya fue una decisión catastrófica para el PRD, sus
militantes, simpatizantes y la población en general. En el caso de la Ciudad de
México, que tiene una población más informada, democrática, progresista, no
resistió esa alianza y fue una manera que se le cobró a la dirección nacional
del PRD y de la capital su decisión”, explicó.
A la alianza fallida se sumó, agregó
Sánchez Camacho, al descuido del partido en la capital del país.
“El PRD
tenía un abandono de parte de Raúl Flores [dirigente estatal del Sol Azteca].
Los Comités Ejecutivos Delegacionales fueron abandonados, no se pagaban las
prerrogativas, la crisis llegó hasta a detener los salarios a trabajadores de
base. Eso fue lo más grave: que el PRD fue abandonado a su suerte en la
ciudad”, argumentó el perredista coordinador de la corriente o “tribu”
Izquierda Democrática Nacional (IDN) que fundó René Bejarano Martínez.
Los malos resultados, agregó el
perredista, se deben a esa “nueva generación de líderes que dañaron tanto al
partido”: “Lobo, Serrano, Toledo”.
“El PRD en la ciudad tiene una lápida encima,
que será muy difícil que la puedan quitar, que son esa nueva generación de
líderes”, dijo.
Sánchez
Camacho adelantó que si el Sol Azteca no
abandona la alianza con el PAN, pactada hasta 2024, los resultados pueden ser
aún peores.
“Se tiene que evaluar que no fue la
mejor decisión y que lo más recomendable es rechazar la alianza con el PAN.
Hacer puentes de entendimiento con AMLO y Morena. Eso y que el PRD abandone la
estrategia de la guillotina para los disidentes internos, porque ahora quieren
expulsar a todos los que apoyaron a AMLO. Eso es un error”, dijo.
En la Ciudad
de México, añadió, se debe de impulsar un proceso de renovación de los órganos
de dirección en un Congreso de Refundación y Reconstrucción del partido,
finalizó.
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