Javier Risco.
¿Cuáles son
los límites de la ciudad? El escritor argentino Rodrigo Fresán dice que “la
mayoría de las ciudades, cuando las miras desde arriba, desde un avión, parecen
una tela de araña. México es diferente: México es la araña que teje a todas
esas telas”. Llegar a la ciudad por aire es apabullante, recorrer la alfombra
de casas y edificios, ver los cables que cruzan sin aparente orden, los carros
que no dejan de moverse, las nubes que enmarcan la nata gris, ir devorando los
pies de altura es la antesala de que estás por aterrizar en un caos
difícilmente descrito.
En lo
terrenal parece que no tenemos hacia dónde movernos ni cómo hacerlo, pero la
ciudad se acomoda, se estira, se ensancha en espacios que parecen imposibles,
donde antes había dos carriles aparecen cuatro, donde había un piso surgen seis
y donde nadie caminaba hoy aparecen marchas hacia ninguna parte.
La velocidad
de las cosas también ha cambiado, queremos llegar más de prisa a todos lados,
¿para qué? Algunos le llaman calidad de vida, otros le llaman quererle ganar al
tiempo. Gracias a esto la ciudad se comunica de manera distinta, lo que alguna
vez fue una ciudad de vochos amarillos hoy aparecen versas, tsurus y demás
autos pintados de color rosa con blanco transportando a algunos cuantos que
quieren llegar más rápido; los microbuses permanecen, se niegan a la extinción,
y junto a las combis son los que mandan en el transporte terrenal de los
chilangos; bajo tierra se mueven cinco millones todos los días, el Metro se
colapsa y revive cada mañana, una lluvia lo paraliza, pero se seca y todo
vuelve a la normalidad; y por último el cielo, el último bastión al que no
todos pueden acceder, todos voltean hacia arriba, pero pocos recorren la ciudad
a vista de pájaro, los helicópteros son para unos cuántos, mentiría si digo que
alguien cercano a mí utiliza este medio de transporte para aprovechar el tiempo
al máximo o para reducir horas de tráfico cotidiano.
Con la
llegada de servicios de taxi a través de aplicaciones de celular se trastocó la
manera en la que se comunica esta ciudad, de pronto descubrimos choferes donde
antes no existían, vecinos, amigos y familiares que vieron una buena opción de
negocio y que ahora recorren la ciudad sin conocerla. Con el paso de los años
hay buenas y malas historias, algunos lo perdieron todo, otros lo hicieron su
forma de vida.
Ayer me topé
con una nueva sorpresa en esta ciudad, la nueva solución para ganarle al
tiempo. Como se pide un auto desde el celular, ahora se puede pedir un
helicóptero. Es una locura decir que se democratiza el transporte aéreo,
¿cuántos pueden pagar 2 mil 500 pesos del aeropuerto de la Ciudad de México a
Interlomas? Y algo más importante aún, ¿cómo para qué querrían ir a Interlomas?
O pagar 5 mil 500 pesos del Aeropuerto de la Ciudad al de Toluca. Sin embargo,
si existe es porque hay un mercado. Aunque ya había taxis aéreos desde hace
varios años, esta es la primera vez que se abre el mercado a un clic de
distancia.
La empresa
encargada de dar el servicio es Voom, que junto a Cabify da el acceso a
reservar viajes en helicóptero bajo demanda y así lo venden en su página de
Internet: “Según el Index TomTom Traffic 2017, la Ciudad de México ocupa el
primer lugar de congestión vial en el mundo, lo cual representa una gran
oportunidad para incentivar nuevos modelos de movilidad como el uso de
helicópteros compartidos. Una idea que antes parecía inalcanzable, pero que
ahora la apuesta es que los vuelos en helicóptero sean parte del estilo de vida
de ejecutivos, emprendedores o cualquier persona que valore la eficiencia y su
tiempo”. La Ciudad de México se convierte en la segunda ciudad del mundo donde
las dos compañías operarán en conjunto a través de cuatro helipuertos: Montes
Urales, Interlomas, Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y
Aeropuerto Internacional de Toluca.
Dos empresas
van a la caza del tiempo y del cielo de la ciudad, si la demanda aumenta el
tráfico se acumulará pronto encima de nosotros, nuestro cielo también se ensancha,
se estira y se acomoda, la ciudad sigue siendo “la araña que teje a todas esas
telas”, no dejamos de crecer, de movernos, pero sobre todo de apresurarnos, aun
el aire goza de avenidas libres… en breve esto será historia, algún día
llegaremos a nuestros límites.
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