Los asesinatos de defensores y
defensoras del medio ambiente y el territorio en México han ido en aumento
gracias a la corrupción, la falta de protección por parte del Estado, la
impunidad, la propagación del crimen organizado y la poca participación de las
comunidades en la toma de decisiones sobre el uso de su territorio, alerta Ben Richard Leather, uno de
los autores del último informe de Global Witness.
De acuerdo
con el análisis “¿A qué precio? Negocios
irresponsables y el asesinato de personas defensoras de la tierra y del medio
ambiente en 2017”, el año pasado 15 activistas medioambientales fueron
asesinados en México. Las cifras se quintuplicaron en comparación con el año
pasado, cuando la organización documentó tres homicidios.
En
entrevista para SinEmbargo, Leather
explica que “la raíz” del problema es la corrupción, esencialmente la que
permite colusión entre autoridades y empresas para imponer los proyectos. El
Gobierno, critica, antepone los intereses económicos sobre los derechos de las
comunidades, los habitantes son orillados a defender sus territorios y recursos
naturales, y son acallados ya sea por las empresas o por propios funcionarios.
“Hay actores estatales que están
participando de forma activa en los asesinatos de activistas”, dice.
Otras manifestaciones de la
corrupción, subraya, se visualizan en la falta de actuación para combatir al
crimen organizado y la impunidad, la implementación de sanciones contra los
agresores y la nula protección para los activistas que denuncian amenazas, ya
que, asegura, en muchos casos el asesinato pudo ser evitado si las autoridades
hubieran actuado a tiempo.
“La raíz de este problema es la
corrupción que permite que empresas y actores estatales se coludan para imponer
los megaproyectos sobre las comunidades. Si no fuera por eso, muchos conflictos
se hubieran evitado y esas vidas nunca se hubieran puesto en esta situación de
riesgo”, manifiesta. Agrega que “el Estado suele favorecer los intereses económicos
sobre los derechos de las comunidades”.
De acuerdo
con Leather, el incremento de los
homicidios de ambientalistas fue también causado por estos factores:
–Propagación del crimen organizado,
especialmente en zonas de explotación de recursos naturales.
–Impunidad persistente: perpetradores
de asesinatos de defensores y defensoras de territorio y medio ambiente se
sienten con el poder de llevar a cabo los crímenes sin que haya consecuencias.
–Falta de protección por parte del
Gobierno, ya que no se ha dado una implementación cabal y eficaz del mecanismo
de protección para las y los defensores.
–Poca participación de las
comunidades en la toma de decisiones sobre el uso de su tierra y sus recursos
naturales.
El análisis
pone el dedo sobre la llaga: los
defensores indígenas son los más vulnerables a los ataques, pues 13 de las 15
personas asesinadas pertenecían a alguna comunidad que se encontraba
defendiendo su territorio ancestral.
El estado más mortífero para los
ambientalistas durante 2017 fue Michoacán. Donde, por defender su territorio y
el medio ambiente, José Carlos Jiménez Crisóstomo, Luis Gustavo Hernández
Cohenete, Francisco Jiménez Alejandre, Santiago Luna Crisanto y Felipe Ramírez
fueron asesinados en ese estado gobernado por Silvano Aureoles Conejo.
Oaxaca, entidad gobernada por
Alejandro Murat Hinojosa, fue la segunda, con los asesinatos de Marciano
Martínez Cruz, Rafael Hernández Cisneros, Benjamín Juárez José, Gabriel Ramos
Olivera.
Chihuahua, Jalisco y Chiapas fueron
los siguientes estados con más asesinatos registrado. Isidro Baldenegro López y
Juan Ontiveros Ramos; Miguel Ángel y Agustín Vázquez Torres; además de Rodrigo
Guadalupe Huet Gómez y Pablo Andrés Jiménez fueron ejecutados en esas
entidades.
Ben Richard
Leather, de Global Witness, hace un
llamado a Andrés Manuel López Obrador, virtual Presidente de México, a trabajar
para detener la ola de violencia generada contra el gremio ambientalista:
“Hacemos un llamado al Gobierno de
Andrés Manuel López Obrador a que se pronuncie públicamente para señalar como
prioridad la protección de las personas defensoras del medio ambiente”.
VIDA DE
ACTIVISTAS, BAJO AMENAZA EN AL.
El informe revela que la situación ha ido empeorando
no sólo en México, sino en todo el mundo, especialmente en América Latina,
donde ocurrió cerca del 60 por ciento de los 207 asesinatos de activistas en
defensa de la tierra y el medio ambiente perpetrados durante 2017, seis más que
en 2016.
“Significa que cada semana en el
mundo están siendo asesinadas cuatro personas por defender sus ríos, sus
bosques, sus hogares, el territorio y el medio ambiente. Eso demuestra que ni
los estados ni las empresas están haciendo lo suficiente para combatir este fenómeno”,
expone Leather y destaca que 2017 ha sido “el peor año” para los activistas
ambientales, desde hace seis años que comenzaron con el recuento en Global
Witness.
Con 57
casos, Brasil resultó ser el primer lugar entre los países latinoamericanos más
mortíferos para los defensores, donde el 80 por ciento de los ataques fue
perpetrado mientras los activistas resguardaban las riquezas naturales del
Amazonas.
En segundo lugar,
se encuentra Colombia, donde 24 personas defensoras fueron ejecutadas a consecuencia
de los conflictos por la tierra, y en
tercer lugar está México, donde los homicidios aumentaron de tres a 15.
A nivel
mundial, este año el sector más letal
para los ambientalistas fue la agroindustria que por primera vez superó a la
minería, con 46 asesinatos perpetrados contra activistas que protestaron contra
la forma en que se producen los bienes de consumo.
URGEN A
TOMAR MEDIDAS.
El análisis enlista tres
recomendaciones dirigidas a los gobiernos del mundo –incluido el de México–
para salvaguardar la integridad y vida de las y los defensores en su labor a
favor del medio ambiente y el territorio:
-Combatir la corrupción y la impunidad,
asegurar y respetar los títulos de propiedad de las tierras, y garantizar el
derecho de las comunidades afectadas a dar o negar su consentimiento libre,
previo e informado sobre el uso de sus tierras y recursos naturales.
-Adoptar una serie de medidas por
parte de las empresas y gobiernos para reconocer públicamente el importante
papel de las personas defensoras, abogar por su protección, proporcionarles las
herramientas necesarias para llevar a cabo eficazmente su activismo y
garantizar su seguridad cuando están en riesgo.
-Garantizar la justicia a fin de
evitar futuras amenazas y disuadir a los posibles agresores y quienes no apoyen
ni protejan el activismo deben enfrentar consecuencias políticas, financieras y
judiciales.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.