José Gil
Olmos.
A 20 días de
la histórica derrota que llevó al PRI hasta el tercer lugar como fuerza
política y redujo su presencia en el Congreso, el expresidente nacional de este
partido, Manlio Fabio Beltrones, asume
que los excesos en eventos de corrupción, la desigualdad, los intolerables
privilegios de algunos y la desatención en las necesidades más apremiantes de
la población por parte del gobierno peñista fueron algunos de los factores que
generaron el mayor descalabro electoral en la vida priista.
Integrante del
Consejo Político Nacional –el órgano de gobierno más importante del PRI–, Beltrones es partidario de que se realice
una reforma profunda al partido, antes que una refundación, y no descarta la
idea de que se le cambie de nombre.
En
entrevista analiza los factores y circunstancias que llevaron a la peor derrota
electoral del PRI y apunta a que pudo ser una especie de referéndum para la
actual administración.
–¿Qué tanta responsabilidad tiene Enrique
Peña Nieto en este descalabro histórico del PRI?
–No es Enrique Peña Nieto sino todo
el conjunto donde debemos concentrarnos para el análisis correcto. No es la
hora de encontrar a un personaje a quien acusar o linchar; es tan equivocado
como aquellos que intentan tomar por asalto al PRI en estas horas.
“Para eso
hay órganos establecidos en nuestra legalidad que nos van a permitir llevar el
rumbo correcto de la reforma del PRI. Por lo pronto estoy más que convencido de
que el análisis justo no se debe concentrar en el linchamiento de una persona”,
sostiene Beltrones, quien habrá de participar en el Consejo Político Nacional y
en la comisión especial de reforma del PRI y quien fue coordinador de la quinta
circunscripción de la campaña presidencial de José Antonio Meade, donde también
arrasó Morena.
El miércoles
18 Beltrones presidió la toma de posesión de Claudia Ruiz Massieu Salinas,
quien será presidenta nacional del PRI hasta agosto de 2019.
A partir de
ese día Ruiz Massieu asumió la responsabilidad de encabezar la reforma más
profunda del partido, en medio de una tormenta interna de acusaciones en la que
personajes como el exgobernador de Oaxaca, Ulises Ruiz, culpó a Peña Nieto de
la derrota, y el expresidente interino del partido, César Augusto Santiago,
demandó que rindan cuentas el excandidato presidencial, su equipo –comandado
por Aurelio Nuño– y los exdirigentes del partido Enrique Ochoa Reza y René
Juárez Cisneros.
Reforma, no
refundación.
El
exgobernador de Sonora admite que el PRI
vive una de sus etapas más complicadas en casi 90 años de vida y que habrá que
enfrentarla mediante una reforma a fondo, sin simulaciones, para seguir siendo
una oferta política atractiva para la ciudadanía.
“El PRI tiene uno de los momentos más
difíciles de su historia y para resolverlo, como en otras ocasiones, necesita
aceptar la realidad. Este primero de julio los resultados no sólo fueron
desfavorables, sino que fueron los peores que hemos tenido en la larga vida del
partido, que está a punto de cumplir 90 años.”
El exsenador
defiende el camino que ha tomado la dirigencia del PRI, de realizar una reforma
y no una refundación a través de los cauces institucionales, que significan una
serie de reuniones del Consejo Político Nacional y de la Comisión Política
Permanente para llegar el próximo año a una Asamblea Nacional donde se den los
cambios que se necesitan.
“La fórmula, creo, ha sido correcta:
primero, estabilizar el partido con una dirigencia que deberá ser ratificada
conforme los estatutos, iniciar un periodo de reflexión, conservar la unidad y
llegar a la reforma del partido tan urgente y necesaria.”
–¿No se valen simulaciones en este
proceso de reforma?
–Las simulaciones son las que nos han
traído los problemas. Así que más vale que hablemos con la verdad. Como lo dijo
la nueva dirigente del partido, Claudia Ruiz Massieu: no le tengamos miedo a
las palabras.
Sin embargo,
advierte que en el PRI tienen que evitar
confusiones generadas por voces que siguen culpando a Peña Nieto por la derrota
y por personajes que quieren tomar al partido y otros que demandan apertura.
“Hay que evitar las confusiones y la pérdida
de tiempo, porque en el futuro no se trata sólo de cambiar de dirigentes, sino
de cambiar al PRI. Eso lo tenemos que hacer de manera ordenada y para ello
necesitamos estabilidad, unidad y orden estatutario. Lo que hagamos tenemos que
hacerlo dentro de nuestra legalidad, no con improvisaciones o con apariciones
forzadas. Personalmente creo que es importante que todos vayamos en orden a la
reflexión y a la conclusión de un cambio en el partido, que implica la reforma
del PRI”, sostiene
el exgobernador de Sonora.
Al hacer un
análisis de los distintos factores que originaron la peor derrota política
electoral del PRI, señala que en estos
años el priismo fue más gobierno que partido, por lo que ahora como oposición
les toca ser más partido que gobierno.
El
excoordinador del PRI tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados en las
últimas legislaturas reconoce que a
partir de que ganó la Presidencia en 2012, el priismo se puso a las órdenes de
Peña Nieto sin darse la oportunidad de actualizarse ante los cambios sociales
que ya se estaban generando en el país.
“Tenemos que ser autocríticos. Creo
que en buena parte eso sucedió porque el presidente y el nuevo gobierno
necesitaban un partido fuerte para que acompañara las importantes reformas por
las que se habrá de recordar al presidente Enrique Peña Nieto. No han sido
cualquier reforma, sino que han sido reformas de gran fondo, que miraron hacia
el futuro y que estoy seguro nos darán muy buenos resultados en los próximos
años. Pero eso hizo que el partido dejara de ver y atender las grandes
necesidades de los ciudadanos en el presente y, sobre todo, resolver buena
parte del pasado.”
En síntesis,
dice Beltrones, “la diferencia electoral
en la pasada elección es que los partidos tradicionales le apostaron al futuro
y el naciente partido Morena ofreció mejorar el presente. De ahí vienen, en
buena parte, los resultados que obtuvimos: la gente quiere resolver sus
problemas del día a día antes que ocuparse del futuro”.
–Se habla mucho del voto del enojo
social por la violencia, la corrupción, la injusticia y la marginación. ¿Todo
eso también impactó en el PRI?
–Sin duda alguna el verdadero voto
que se requirió para hacer la diferencia tuvo que ver mucho con la
insatisfacción que hay por parte de la mayoría de los mexicanos con los
resultados que se han tenido en la parte económica y social de los últimos
años; si no, no habríamos de entender por qué de manera extraordinaria gana un
candidato como Andrés Manuel López Obrador con 53% de la votación. Negarlo sería
evadir la realidad.
“Esa insatisfacción pudo ser, en
buena parte, la que se desdobló como voto útil. Quizás equivocadamente, cuando
los panistas pedían a los priistas el voto útil y viceversa, la mayoría de la
gente pensó que el voto útil era por Andrés Manuel López Obrador.”
–¿Qué otros factores se tienen que
ver en el análisis de la derrota del PRI?
–Si no queremos perder el tiempo,
necesariamente deberemos ver que nuestras reformas para alcanzar un mejor
futuro descuidaron el bienestar social en el presente y eso les hizo perder
apoyo y ser fácilmente criticadas, aunque injustamente valoradas.
“Lo que sí hay que reconocer fueron
los excesos, eventos de corrupción y, sobre todo, la desigualdad que en México
hace más intolerables los privilegios de algunos. Creo que ese coctel, en buena
parte, fue el que vino a traer los resultados electorales que tuvimos el
primero de julio.”
–¿Fue una especie de referéndum al
gobierno, un voto de castigo?
–Siempre existe la tentación, en el
análisis de las elecciones, de buscar una explicación señalando que fue un
referéndum hacia los gobiernos. Es uno de los ingredientes que inevitablemente
están siempre metidos en las decisiones de los electores, pero no es el único.
“Pongo sobre
la mesa que, para el correcto análisis, fuimos a estas elecciones con los
mejores candidatos y obtuvimos los peores resultados. Algo intervino para que
eso sucediese, estoy seguro que fue por la enorme insatisfacción de los
ciudadanos y que en buena parte hizo que los partidos tradicionales dejaran de
representarlos en sus intereses.”
Visión de
futuro.
Beltrones prevé que para que el PRI
vuelva a ser una oferta congruente y real ante la ciudadanía tiene que ser una
oposición congruente con sus planteamientos de campaña. “No ser flor de un día
y posteriormente intentando cosechar frutos distintos a los que sembramos”.
–Hace un
momento utilizó un término, habló de una reforma profunda. ¿No se trata de un
cambio de corto alcance?, ¿no se necesita algo más profundo, como renovación o
incluso una refundación del PRI?
–Pronto ya no habrá un primer priista
en el país y el PRI habrá de decidir un rumbo obligadamente democrático hacia
esa reforma del partido. La llamo reforma porque en buena parte tiene que
resolver de fondo qué es lo que conserva y qué es lo que necesariamente tiene
que cambiar. Será una reforma que no la hará sólo un grupo de mujeres y de
hombres, sino que tenemos que compartir con buena parte de la población, porque
el PRI sigue siendo un partido que en su dificultad sigue teniendo más de 20%
de la población y un partido político en el mundo que tiene una consideración
de ese tamaño es importante.
–¿Cómo logrará el PRI sumar más
simpatías?
–Solamente involucrando a los
mexicanos en su reforma. Convenientemente el próximo año el PRI habrá de
cumplir 90 años. Su festejo deberá ser con visión de futuro, de lo que debe ser
el partido que los mexicanos esperan ver en la competencia en las elecciones
intermedias de 2021 y hacia la presidencial de 2024.
El sonorense
considera que el fenómeno “tsunami” que se manifestó este domingo 1 con un voto
de Morena y López Obrador arrasando en todo el país de manera mayoritaria,
difícilmente se volverá a presentar.
Sostiene que en los tiempos actuales
el poder político ya no debe concentrarse sólo en un partido político como
Morena, sino que necesita de la presencia de varios partidos que representen la
pluralidad.
De ahí que prevé el regreso del PRI
en las próximas elecciones, ratificando la pluralidad de tercios que ha tenido
el país casi siempre en su vida política.
“Nuevamente tendremos que empezar a
platicar también de la nueva gobernabilidad en México, donde lo que es más
cierto y seguro, y para siempre, es que el que gana no gana todo y el que
pierde no pierde todo. Yo insisto que hoy, ante esta tercera alternancia, hacia
donde nos debemos dirigir es al cambio de régimen de partido. Hay a quienes les
ha gustado cambiar de partido; a mí lo que me interesa es cambiar el régimen
político.”
–¿No es tiempo para el PRI de limpiar
sus estructuras y su imagen, de limpiar la casa?
–De eso se trata la reforma del
partido. Tienen que cambiar muchas cosas para poder entrar nuevamente a las
simpatías de un electorado cada vez más exigente. Pero también el próximo
gobierno habrá de tener sus retos y nosotros estaremos siempre alertas de que
los mismos los pueda resolver con respeto a la palabra, para de ahí dirigirnos
a una confirmación en 2021 en las elecciones federales de lo que será un nuevo
ejercicio del poder.
–¿No habrá una crisis financiera por
la disminución de las prerrogativas?
–Lo que habrá es una astringencia
financiera y el PRI tendrá que acomodarse a ella y buscar cómo resuelve su
trabajo con más militancia comprometida y menos burocracia.
Finalmente,
se le inquiere sobre la idea de que el PRI debe cambiar el nombre, porque su
sola mención hace referencia a la corrupción.
“Yo soy de los que creen que no. No
obstante, hay que ponerlo sobre la mesa, porque la discusión debe ser sin
límite, hasta el fondo, para encontrar al PRI del siglo XXI, que nuevamente
represente a la gente, sobre todo a los que más lo necesitan.”
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