Diseñada
para abatir la miseria en algunos municipios de México, la Cruzada Nacional
contra el Hambre generó un gasto de casi 500 millones de pesos entre 2013 y
2015 con 98 contratos. Pero el 80 por
ciento de ese dinero se concentró en la difusión de los supuestos logros del
programa, mientras que la apremiante hambruna en las comunidades de México no
mostró descensos importantes.
En ese periodo, cuando
la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) –gestora del programa– estuvo a
cargo de Rosario Robles Berlanga, se firmaron 92 contratos por 386 millones 701
mil 401 pesos con 31 centavos para difundir “la nueva política social” impulsada
por el Gobierno de Enrique Peña Nieto en televisión, radio, periódicos,
uniformes y playeras. De este conjunto
de convenios, 89 se entablaron con medios informativos. Otros dos fueron para
adquirir uniformes con “la nueva imagen institucional” de la cruzada. Uno más
fue para comprar playeras con la insignia del programa.
Para los medios informativos fueron
272 millones 466 mil 628 pesos. A través de spots se difundieron testimonios que daban
cuenta de una supuesta bondad de la Cruzada. Por ejemplo, doña Josefina Medina
Torres, de Morelos, habló así ante una cámara de televisión, en 2015: “Muy
agradecida estoy porque seguimos adelante. Estoy con el señor Presidente Peña
Nieto a través de mi pueblo, mando todo mi agradecimiento porque nos está
beneficiando con las obras de nuestra ayuda, de nuestro apoyo a la tercera
edad, y a las obras de la comunidad, así es que le mando mis más felicitaciones
al Presidente de la República”.
El gasto en publicidad oficial que
generó la Cruzada Nacional contra el Hambre benefició sobre todo a Televisa. El
consorcio, a cuya Dirección General renunció Emilio Azcárraga Jean el 25 de
octubre de 2017, obtuvo por dos contratos, 142 millones 691 mil 247 pesos. De
mayor a menor, el segundo con más dinero fue Estudios Azteca, subsidiaria de TV
Azteca, con 35 millones 988 mil 952 pesos.
Lo anterior resultó de la revisión de los contratos
publicados en el Portal de Obligaciones y Transparencia por la Sedesol en
cuanto a la Cruzada Nacional contra el Hambre, el programa estelar del Gobierno
de Enrique Peña Nieto para paliar la pobreza extrema, anunciada en Las
Margaritas, Chiapas, el 21 de enero de 2013. La búsqueda arrojó 98 contratos,
un universo en el que predomina el concepto de “difusión”.
Hubo otros conceptos en los que se gastó;
pero fueron los menos. Apenas nueve convenios por 93 millones de pesos en
adquisición de cinco mil sistemas potabilizadores de agua, 14 mil bebidas para
congelar (bolis), aplicación en campo de cuestionarios dirigidos a presidentes
municipales, servicio de alimentos para 400 personas, revisión e identificación
de beneficiarios con pobreza extrema, servicio de impresión de material
informativo y arrendamiento de vehículos.
De ese grupo
de contratos, el mayor fue para la
Universidad Tecnológica de Tulancingo para la revisión e identificación de
beneficiarios con pobreza extrema por 12 millones 528 mil pesos.
Anunciado en
enero de 2013, en Las Margaritas, Chiapas [un bastión zapatista y uno de los
sitios más pobres de México], el programa fue destinado a siete millones de
mexicanos, un universo que era parte de los más de 11 millones de individuos en
pobreza extrema que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi)
reconocía ese año. Dos años después ya
se difundían anuncios con los supuestos logros de la cruzada. Pero el informe
del Consejo Nacional de Evaluación de Políticas Sociales (Coneval), dado a
conocer el 23 de julio de 2015, arrojaba resultados diferentes: la población
con carencia de acceso a la alimentación se había incrementado al pasar de 27.4
millones a 28 millones de mexicanos.
En abril de
2014, el presidente Enrique Peña Nieto se puso un collar de flores y un
jorongo. Además, tomó el bastón de mando de la comunidad Mazahua de San José
del Rincón, Estado de México, y anunció que mayo sería el mes de la Cruzada
Nacional contra el Hambre.
En paralelo,
los datos cerrados permeaban en la erradicación de la hambruna en México. En los informes de Cuenta Pública de 2013,
2014 y 2015, la Auditoría Superior de la Federación realizó varias
observaciones a la Sedesol como “áreas de riesgo” en contrataciones con
deficiencias, aplicación de programas sin planeación ni seguimiento y fallas en
padrones. La dependencia desdeñó despejar las dudas sobre esos puntos. En sus
documentos, la ASF advirtió: “Sin una política de padrones adecuada y
unificada, los recursos públicos se otorgan de manera inequitativa, repetida,
con opacidad y con el riesgo de que no se alcancen los objetivos de los
programas gubernamentales de combatir la pobreza”.
Casi seis años después de haber sido
lanzada, amanece igual o peor. Los alcances de la cruzada no están claros.
La Auditoría
Superior de la Federación determinó que al programa le faltó rendición de
cuentas. Por ejemplo, la Sedesol no
sustentó que los beneficiarios fueran pobres extremos en crisis alimentaria.
Tampoco se acreditó el presupuesto que se destinó y no se comprobó en qué
medida se atendieron las carencias de las personas en pobreza extrema
alimentaria. Es la hora en que no se sabe qué se hizo para que casi siete
millones de mexicanos abandonaran la condición del hambre.
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