Tatiana
Clouthier.
Mucho se ha escrito ya sobre lo que
pasó el 1° de julio. Algunos lo ven como un proceso en contra y otros a favor
de algo; sin embargo, muy pocos lo ven como un movimiento de la conciencia
colectiva de nuestra nación. Yo me anoto con los de esta última versión y
permítanme dar mis razones.
Por un lado, la sociedad logró entender que ella, es
decir, cada uno en lo individual, requería hacerse responsable de su voto.
También entendió que su sufragio era el botón de entrada a un nuevo país.
Claro, este nuevo país no se transformará el 1° de
diciembre, pero sí se puede decir que el 1° de julio cambió el ánimo individual
para muchos mexicanos, que a partir de ese momento vieron que se abrió una
ventana de esperanza y oportunidad en lo personal y como nación.
Muchos de este grupo entendieron que
de seguir las cosas como iban, llegaríamos más pronto que tarde a un callejón
sin salida. ¿A qué me refiero con esto? A que México iba de forma acelerada
hacia el precipicio del olvido, de la división, de la ley del más fuerte,
dejando atrás a quienes no habían tenido oportunidades por diversos motivos. La
ruta tomada era todo lo contrario a la sabiduría de nuestros ancestros
indígenas, que tienen claro que no se puede construir una sociedad pisando al
otro. ¿A qué nos referimos con esto? Hago algo por ti hoy porque mañana alguien
hará algo por mí.
Por todo lo
aquí descrito, creo que la elección sí
fue un primer paso para dejar de señalar y comenzar a hacernos corresponsables
de lo que sucede a nuestro alrededor. Al interesarse e involucrarse en la
comunidad, viene una alegría que florece ya en varios rincones del país. Por
ello considero que sí hemos iniciado la cuarta transformación a la que Andrés
Manuel nos invitó.
Segura estoy que con el paso que
dimos una mayoría en este país, enseñaremos a los otros de que sólo juntos
saldremos adelante.
Gracias por tanto a cada uno de los
mexicanos que votó por este cambio.
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