Georgina
Morett.
La verdadera guerra por el PRI
todavía no comienza. El dinosaurio herido de gravedad ha decidido darse una
tregua para sanar y recomenzar su rumbo, con la única seguridad de que no
permitirán más imposiciones del grupo que gobernó estos 6 años.
Sin duda, en este momento el tricolor
está –casi– totalmente atomizado; hay varias cabezas, pero sólo se lograron
acuerdos para apoyar a Claudia Ruiz Massieu en la presidencia del partido, lo
cual les permite reacomodarse y tomar decisiones quizá hasta el próximo año.
Después de la debacle electoral, el
PRI tendrá 4 estructuras de base: una es el propio partido; otra, la
coordinación de diputados que busca el exdirigente René Juárez; otra más, la
coordinación de senadores que muy probablemente será para Miguel Ángel Osorio
Chong, y la última, los gobernadores, entre quienes destacan Alejandro Moreno,
de Campeche; Alejandro Murat, de Oaxaca, y Alfredo del Mazo, del Estado de
México.
Los priistas han considerado hasta la
posibilidad de cambiarle de nombre al partido y entrar de esta forma a su
cuarta fase, sin embargo, decidieron no arriesgarse a una elección interna que
hubiera tenido como resultado la imposición de los candidatos planteados por el
gobierno federal, ya sea Aurelio Nuño o Mikel Arriola, o bien que un pequeño
grupo se quedara con el partido y con esto se condujera a su muerte súbita.
Es por ello
que, con la sabiduría de la experiencia, decidieron
darse una tregua después del peor comportamiento electoral en su historia, y ya
que vean lo que sucederá con el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, podrán
buscar sus opciones de sobrevivencia, así como forma de comportarse ante el
nuevo gobierno federal.
Finalmente, sus gobernadores quedaron
lo suficientemente golpeados en esta elección, muchos de ellos con congresos
adversos, como para poder dar la batalla por el partido sin que esto implique
rompimientos.
Además, están conscientes de que su votación fue
menor a lo que consideraban su voto duro, e incluso fue muy cercana al número
de afiliados, ya que, en agosto del año pasado, el Instituto Nacional Electoral
informó que el PRI quedó con 6.3 millones de militantes y su candidato
presidencial sacó apenas 7 millones 472 mil 431 votos, de acuerdo con el PREP,
lo que nos hace pensar que sólo salieron a votar los afiliados y un millón de
personas más a favor de este partido.
Y sólo como
ejemplo: Morena presentó ante el INE una
lista de 319 mil 449 afiliados y su candidato presidencial, de acuerdo con el
PREP, ganó con 24 millones 127 mil 45.
Pero la máxima preocupación de los priistas es
que con el triunfo de López Obrador ven mayores dificultades para volver a la
Presidencia de la República, que cuando ganó Vicente Fox, y esto se debe a que
el discurso y la narrativa del tricolor es contraria a la de la derecha
panista, pero está totalmente en la lógica ideológica de Morena.
Aseguran que más allá de que estas
figuras del PRD se quedaran con el poder en la Ciudad de México por haber
absorbido el corporativismo y los liderazgos priistas, lograron desaparecer al
tricolor porque tienen el mismo discurso y las mismas banderas.
Sin duda, este es el peor momento en la historia del
PRI y sus posibilidades de sobrevivencia son mínimas, por eso algunos de sus
integrantes consideran que lo mejor es matar al dinosaurio y crear un nuevo
partido, pero, de cualquier forma, todos los liderazgos lucharán por quedarse
con la estructura que si no cambia el nuevo gobierno las leyes, tendrá prerrogativas
para la sobrevivencia.
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