Gustavo De
la Rosa.
Aunque es una prioridad combatir el
árbol de la corrupción que ha crecido bajo el régimen que agoniza, también lo
es prevenir que surja otro árbol que pueda llegar a ser tan frondoso; los
fronterizos del norte hemos convivido tanto tiempo con prácticas corruptas que
ya nos parecen normales y hasta legítimas.
Nadie duda que las aduanas mexicanas
se mueven bajo el impulso de la corrupción, tanto así que muchas frases y
consejos populares expresan su cotidianeidad y utilidad en el transporte de
mercancías: “A México puede entrar todo lo que quepa por el puente”, presumen los que ofrecen servicios
de importación. El tránsito de norte a
sur tiene una vía de 25 metros de ancho, ¡imagínense todo lo que cabe!
En el ámbito de seguridad, los
fronterizos temen más a la Policía federal que a los sicarios conocidos, porque
mientras los segundos “van por los movidos”, los primeros “van por los bien
vestidos”. Los actos de terror y corrupción que
protagonizó esta dependencia afectaron a muchos juarenses, la PGR llegó a establecer
una especie de tabulador por carro, arma o paquete de droga que se evitara
consignar ante el juez, y los abogados que tramitan estas defensas primero
dicen “yo litigo en materia federal”.
La oficina que controla los flujos
migratorios tiene retenes anticonstitucionales ubicados en las entradas al
interior del país de la ciudad para interceptar centroamericanos, mientras que
en los puentes internacionales a los güeros no les pide ni siquiera una
identificación; los delegados federales son desconocidos y “sólo sirven para
tolerar lo prohibido”, se dice comúnmente.
Así, y peor, es el problema de la corrupción en
un territorio controlado a través de convenios entre los tres órdenes de
Gobierno, donde a la autoridad federal lo que más le conviene es nadar de
muertito.
La tarea de limpiar la corrupción en
estos rincones del país va a ser difícil, complicada y va a necesitar que los
ciudadanos nos sintamos apoyados y escuchados cuando nos esforcemos por el
cambio profundo. Ojalá sirvan los delegados generales de la Federación y de las
secretarías especializadas.
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