Javier Risco.
Hablemos de
expectativas y del tiempo para cumplirlas.
Esta semana aparecieron dos encuestas
sobre el estado de ánimo social después de la elección, una publicada por
Consulta Mitofsky a cargo de Roy Campos, y otra dada a conocer en el diario
Reforma, hecha por Lorena Becerra. Es interesante conocer el saldo sentimental
de esta época de transición, lo que se espera del nuevo gobierno y también de
cómo queda parada la figura de Andrés Manuel López Obrador después del desgaste
de las campañas.
Los sentimientos marcan una tendencia
favorable. Según la encuesta de Mitofsky, la gente está más alegre que triste
(62.4 por ciento contra 25.8 por ciento) con el triunfo de AMLO el pasado 1 de
julio; se siente más satisfecha que decepcionada (60.1 contra 27.3 por ciento);
también percibe que hay más tranquilidad que miedo (59.8 contra 28.7 por
ciento); y, por último, se siente más confiada. Digamos que en el terreno de la
esperanza, todos los sentimientos están alineados y se otorga no sólo el
beneficio de la duda, sino de un futuro mejor para todos; la sociedad está
dispuesta y satisfecha de los tiempos que vienen. Y esto lo sostiene la
encuesta de Reforma en la pregunta: De las siguientes palabras, ¿cuál refleja
mejor su estado de ánimo en relación al gobierno de AMLO? Esperanza, 62 por
ciento; incertidumbre, 24 por ciento; preocupación, 12 por ciento. Insisto, las
expectativas emocionales son altas, esto en lo individual, pero ¿cómo nos
percibimos como sociedad? 46 por ciento cree que el país está unido y 39 por
ciento que está dividido.
Vayamos a las promesas de campaña.
También en este terreno hay más positivos: según la encuesta de Lorena Becerra,
49 por ciento de la población cree que el gobierno entrante cumplirá todas o la
mayoría de las promesas; 44 por ciento cree que muy pocas o ninguna, y de la
mano va la imagen del virtual presidente electo –hace un año, en julio de 2017,
33 por ciento de los encuestados tenía una imagen muy buena o buena del líder
de Morena y 38 por ciento una imagen muy mala o mala. Repito, hace apenas 12
meses, ¿qué sucedió? Cómo convenció a México López Obrador para estar en julio
de 2018 con 62 por ciento de imagen positiva y un raquítico 12 por ciento de
negativos. Por cierto, tendencias que se siguen separando con el paso de los
meses; con el paso del tiempo más gente se convence de que el de Macuspana es
una figura que podría resolver los problemas de este país.
Aquí viene el problema y tal vez lo
más preocupante de esta luna de miel en la opinión pública que está viviendo el
gobierno de Andrés Manuel. Cuando entramos a la parte del “tiempo en el que
deberán observarse los cambios”, los tiempos de maniobra se reducen y podría
romperse este espejismo de buenas intenciones. En la parte de resolución de
problemas y expectativas publicada por Consulta Mitofsky, 61 por ciento de los
encuestados señaló que quiere observar cambios en menos de un año –14.2 por ciento
entre uno y tres meses; 19.6 por ciento entre tres y seis meses; y 27.3 por
ciento entre seis meses y un año–, sólo cinco de cada 100 mexicanos creen que
el trabajo de AMLO se debe observar después de los tres años de gobierno; el
ansia, la exigencia y la rapidez pueden ser factores que acaben con este idilio
entre el gobierno y la población.
El gran reto del equipo que acompaña
a AMLO será la contundencia y la manera en la que comunican cada logro
alcanzado –si es que alcanzan alguno en menos de un año–. Trabajar contra reloj
puede convertirse en el principal obstáculo, no es algo que no sepan,
simplemente el precedente del ánimo que exponen ambas encuestas es difícil de
complacer; habrá que hacer un trabajo de convencimiento emocional y de que la situación
está cambiando, pero no sólo en una primera etapa del gobierno –veamos lo
sucedido al sexenio de EPN–; el reto será mantener un país con una inercia de
cambio por seis años más, una misión que parece imposible.
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