Salvador
Camarena.
Hace tres años en esta columna fueron
denunciadas una serie de irregularidades en el predio marcado con el número 495
de la calle Framboyanes, en Bosques de las Lomas, delegación Miguel Hidalgo.
Era julio de 2015. Vecinos de ese
lote denunciaron, papeles en mano, la violación a las normas de construcción.
Se pretendía edificar un multifamiliar en una zona donde sólo se permite
vivienda unifamiliar; y por si fuera poco se violaban tanto la altura máxima
como la norma que exige en esa zona dejar cinco metros de espacio en las
colindancias. En una palabra, los constructores decidieron que la ley era un
papel que valía nada y que ellos podían hacer lo que les viniera en gana al fin
y al cabo los de los gobiernos les permitirían abusar sin pena.
(http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/salvador-camarena/df-ser-decente-no-funciona)
Pero no contaban con que los vecinos
creían en la ley y, amparados en ésta, se movilizarían. Llevaron su denuncia a
los medios y a las ventanillas. Meyer Klip, del Invea, hizo lo que mejor sabe:
hacerse pato. Y la delegación, que era regida por Víctor Romo así ya no
estuviera entonces él al frente de la misma, puso todos los pretextos para no
sancionar a los violadores inmobiliarios.
A pesar de
todo, y luego de padecer amenazas, la
protesta vecinal logró que semanas después la obra fuera clausurada. Y así permaneció
hasta que llegó el 1 de julio de 2018, fecha de la resurrección de las obras
chuecas.
Desde el día de las elecciones ha
ocurrido un fenómeno en la Miguel Hidalgo: Obras que los vecinos habían logrado
bloquear, mediante denuncia pública y formal de su ilegalidad, han revivido.
Los picos y las palas trabajan a
marchas forzadas al amparo de este periodo en el que las autoridades
delegacionales que perdieron la elección ya no atienden denuncias vecinales,
mientras que los que ganaron los comicios y serán autoridades se hacen los que
la virgen les habla, mientras la delegación, que con tanta vehemencia juraron
que defenderían, es devorada por intereses inmobiliarios.
En Framboyanes 495 volvieron esta
semana los albañiles y las amenazas de quienes hacen esa obra a pesar de que
tiene sellos de clausura. Los vecinos se movilizaron, pero como respuesta
tuvieron el silencio del delegado (no se rían, es un megadecir) David Rodríguez
Lara, dejado ahí por Xóchitl Gálvez, que también se ha hecho ojo de hormiga.
Mientras que Víctor Romo, flamante
próximo alcalde, no sigue los pasos de su jefe, el Peje: mientras el tabasqueño
se ha adueñado de la escena pública para decir lo que se vale y lo que no, Romo
deja que en la Miguel Hidalgo se vivan semanas de ley de la selva, con puñados
de obras reactivadas al amparo de la ausencia de autoridades dignas de ese
nombre. Ah, qué Romo, tan pronto vuelve a las andadas.
Porque
Framboyanes 495 no es el único caso. La
Voz de Polanco ha denunciado que en Campos Elíseos 269 están construyendo un
antro ilegal por los cuatro costados (leer 'Falsifican documentos y siguen
construyendo', en Reforma 11/07/18). Esa organización, además, ha documentado
que desde el vacío de poder delegacional también se han reactivado, entre
otras, las edificaciones irregulares en Goldsmith 317 (séptimo nivel),
Temístocles 110, Horacio 631 (séptimo nivel), Horacio 835, Tennyson 338,
Anatole France 336.
Nos urge no creer tanto en las
elecciones y creer más en que la democracia se construye, y defiende, día a
día. Nos urge que no haya tres meses de transición entre los comicios y la toma
de posesión (1 de octubre) del nuevo alcalde. Y nos urge que, por un lado,
Xóchitl Gálvez cumpla su palabra de hacer valer la ley (porque su licencia no
la exime de la responsabilidad que en su día juró en la MH), y por otro lado
nos urge que Romo no sea tan Romo y por una vez tenga la decencia de ponerse
del lado de los vecinos que va a gobernar (es otro decir).
Tres meses de transición en el caso
de una alcaldía es demasiado tiempo: en la Miguel Hidalgo alcanza para la
resurrección total de la ilegalidad, para avasallar a los vecinos que creen en
la ley.
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