Martín Moreno.
“Bajar sueldo a
funcionarios propiciaría corrupción…”, fue la frase de la futura senadora por
la coalición “Por México al Frente”, Xóchitl Gálvez, al referirse a la propuesta del
presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, quien planteará al poder
legislativo una reforma para que ningún funcionario del gobierno federal o
ministro de justicia o electoral, gane más que el Presidente, cuyo tope
quedaría en 108 mil pesos mensuales (Peña Nieto tiene un sueldo de 270 mil al
mes sin contar, por supuesto, los beneficios que durante su sexenio le
aportaron sus contratistas de cabecera, como Grupo Higa).
Como Xóchitl – de quien
aún tengo una buena opinión-, piensan igual decenas de miles de funcionarios
acostumbrados a enriquecerse al amparo del poder político. En
el corazón de cada uno de ellos hay un Carlos Hank agazapado, bajo el lema de
“un político pobre, es un pobre político”; o con el viejo refrán priista de “tú
ponme en dónde haya, que yo me encargo de lo demás”. ¿O qué tal aquella máxima
del sistema de que “el que no tranza, no avanza”?
Así piensan,
seguramente, los magistrados de la SCJN, que ganan, de acuerdo con el
Presupuesto de Egresos de la Federación 2018, la fortuna de … ¡651 mil pesos
como salario base mensual!
¿O qué tal los
integrantes del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, con 530
mil pavos al mes? ¿O los integrantes del Consejo de la Judicatura, que ingresan
520 mil pesos? Sin contar, claro, las millonarias prestaciones, bonos y
aguinaldos qué para cada uno, se suman de a millones de pesos.
Los consejeros del INE:
236 mil mensuales.
O veamos a los secretarios
de Estado: 199 mil.
Y los subsecretarios:
198 mil.
Senadores: 171 mil.
Diputados: 158 mil.
Hagamos ahora un ejercicio un tanto morboso:
El salario del ex gobernador de Veracruz, Javier Duarte, era
bueno, aunque no al nivel de un magistrado federal: 75 mil pesos mensuales, más
prestaciones. ¿Por ello debemos
justificar, como plantea Xóchitl, que se haya robado miles de millones de pesos
del erario veracruzano?
Y aunque los sueldos del otro Duarte, el chihuahuense César,
o el de QR, Roberto Borge, tampoco eran del otro mundo (no rebasaban los 100
mil pesos cada dos quincenas), ¿también
debemos entender y hasta justificar que por su nivel salarial hayan resultado
un par de pillos, robándose hasta los focos? ¡Por supuesto que no!
Xóchitl Gálvez y miles
más que serán afectados por la austeridad que viene, y que se equivocan de
punta a punta.
Ganar menos que el
presidente de la República (alrededor de unos 100 mil pesos mensuales en
promedio durante el próximo sexenio) no justifica, ni mucho menos, que se
vuelvan corruptos o más corruptos.
¿O acaso habría que
suponer, bajo la lógica de Xóchitl, que si los Duarte, Borge y algunos más,
hubieran tenido el mismo nivel salarial que los magistrados, no hubieran sido
tan corruptos? ¡CLARO QUE
NO! Así hubieran percibido un sueldo de 1
millón de pesos mensual, habrían caído en abusos de corrupción. Está en su
formación política y en su ADN priista. Político pobre, pobre político.
No, señores: para
quien es corrupto, su salario no le importará. Siempre estará buscando la forma
de robar. Tú ponme en dónde haya, que yo me encargo de lo demás.
Y para quien es
honesto, su salario será decoroso y no por eso se dedicará a robar.
Abusar de salarios
estratosféricos que oscilan entre 200 mil y 650 mil pesos al mes, es, para un
país cuya mitad de la población vive en la pobreza, un agravio.
Un agravio nacional.
Más de 35 mil
funcionarios ganan, en México, más que el tope impuesto como salario para López
Obrador. (El
Universal. Rubén Migueles y Miguel Moscosa. 18/Julio/2018.
No pueden seguir así.
De los 51.7 millones de adultos que trabaja en México, solamente el 1.7% (alrededor de 580 mil)
logra un salario mayor a los 20 mil pesos mensuales. (El Financiero. Jassiel
Valdelamar. 15/Junio/2016).
No pueden seguir así.
Quienes trabajan en el
gobierno son funcionarios públicos, siempre han sido estupendamente pagados,
incluidos dispendios y prebendas que ya deben ser liquidadas porque son
financiadas no de su bolsillo, sino de nuestros impuestos. Excesos agraviantes
que deben – y seguramente así será- ser eliminados.
Los legisladores son
representantes populares con un sinfín de privilegios.
Los magistrados, jueces
y consejeros encarnan a la ley, y se deben conducir con honradez, ética y
probidad.
Por eso andan ahora como
basiliscos, desesperados por lo que se les viene: el
final de sus gastos especiales, de sus bonos, de sus cajas de ahorro, de sus
seguros de gastos médicos privados, de sus ejércitos de asesores (solo podrán
tener 5 por cabeza), de sus autos nuevos cada año, de sus celulares, de sus
incentivos vergonzantes.
Vamos: ¡hasta la casa
chica andan perdiendo!
Soy partidario de la
libre empresa, de la creación de la riqueza por la vía de negocios sólidos y
que actúen al amparo de la ley, de incentivos a pequeños y medianos empresarios
que generan ingresos y empleos, de apoyos fiscales para los grandes empresarios
que invierten fuerte en el país, de estímulos para quienes se arriesguen a
abrir un nuevo negocio, de respaldo a patrones y empleados. En todo ello estoy
a favor. Mis padres
fueron comerciantes, me enseñaron a trabajar desde chavo y sé lo que es ganarse
la vida desde temprana edad en un barrio tan duro como Tepito.
Por eso, quienes
aspiren a ser ricos o millonarios, que emprendan un negocio limpio, como
cualquier otro ciudadano, y que dejen de lucrar y pervertir los cargos
públicos. A la justicia. Al legislativo.
Si quienes pretenden
riqueza deshonesta o disimulada lucrando con cargos públicos o de elección
popular – ministros, jueces, consejeros electorales, senadores, diputados,
gobernadores, etc-, que mejor vayan buscando negocios alternos, pero sin caer
en conflictos de interés. Bajo una conducta ética, no debe haberlos.
Nadie está reñido con
el dinero ni con el buen vivir. Nadie.
Pero de manera honesta,
ética, sin corrupción.
Por eso, es más que
necesaria y hasta obligada la austeridad dentro de nuestras podridas
estructuras de gobierno, de aparatos de justicia y de legislación.
Y al que robe, cárcel.
No hay más.
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