Sanjuana Martínez.
México entra en una nueva era, un
nuevo gobierno inicia con la llegada de Andrés Manuel López Obrador, virtual
presidente. Y todos los mexicanos tenemos la oportunidad de construir un nuevo
México.
Como Martin
Luther King, “yo tengo un sueño, un solo
sueño, seguir soñando”; un sueño para México, un sueño para todos, para
nuestros hijos, para los invisibles, para los olvidados, para los que perdieron
la esperanza, para aquellos que abandonaron el camino afectados por la
corrupción endémica, para los que siguieron luchando, para los inconformistas;
para los rebeldes, para esos que nunca claudicaron, para quienes se
convirtieron en un elemento incómodo, para los orillados al ostracismo por
pensar diferente, para los que fueron inasequibles al desaliento, para los
pobres, para esos 60 millones de pobres, para los que sobreviven con un infame
salario mínimo, para los tenaces, para los tercos; tengo un sueño para mis
compañeros periodistas amenazados y perseguidos, para las mujeres inconformes,
para ellas que nunca se dejaron y siguieron en la batalla diaria sacando a sus
hijos adelante, para las defensoras que fueron ignoradas, para ellas que
siempre creyeron en un cambio y se jugaron el todo por el todo.
Tengo un solo sueño para los
familiares de los 30 mil desaparecidos, para esas madres que buscan
incansablemente a sus hijos e hijas, a sus familiares arrancados por las garras
del delirio bélico. Tengo un sueño para las miles de víctimas que ha dejado la
guerra de los dos últimos presidentes. Tengo un sueño para las familias que
perdieron a esos 234 mil muertos registrados durante el sexenio de Calderón y
el de Peña Nieto. Tengo un sueño de justicia, de reparación, de consuelo.
Tengo un sueño para los padres de los
43 de Ayotzinapa. Sueño y sigo soñando en sus hijos, en saber qué les pasó. Yo
tengo un sueño para los estudiantes de la normal Isidro Burgos, ¡vivos se los
llevaron, vivos los queremos!, sigo soñando que sus padres encontraran la
justicia, el alivio, el anhelado sosiego a sus sufrimientos.
Tengo también un solo sueño para los
ricos, para esos que viven creando riqueza, tengo el sueño de despertar su
generosidad, su honestidad, su ética y compromiso social por mejorar la vida de
sus trabajadores. Tengo el sueño de cambiar su visión corruptora para conseguir
contratos públicos, sigo soñando que se adaptarán a un sistema basado en la
decencia, en el quehacer político sin corrupción. Sueño en la separación del
gobierno y el empresariado para dejar de enriquecer a unos cuantos.
Tengo un solo sueño de equidad en la
distribución de la riqueza, en la disminución de la pobreza, en acortar la
brecha enorme que separa a ricos y pobres. Sueño con la movilidad social, con
la posibilidad de quien tiene un abuelo y un padre albañiles, aspire a una vida
mejor optando a subir un escalón más en el estrato social.
Tengo un sueño para reconstruir
nuestro lacerado país. El sueño de restaurar nuestra patria. Sueño con un país
nuevo donde quepan todos los mexico’s, un país con justicia social, con
oportunidades para nuestros jóvenes, un país nuevo done la corrupción sea un
mal del pasado, donde ser servidor público no signifique servirse con la
cuchara grande para robar. Sueño con un quehacer político nuevo, basado en la
honestidad y no en el ejercicio rapaz del poder.
Tengo un solo sueño de regeneración
de la vida nacional. Un sueño para que todos rechacemos la corrupción como
práctica común de nuestras vidas, para que hagamos la diferencia en la
cotidianidad, desterrando para siempre ese tremendo lema: “la corrupción somos
todos”. No, no lo somos, por eso sueño con un nuevo lema: “yo digo no a la
corrupción”.
Mi sueño está sustentado en una nueva esperanza de
cambio encabezada por López Obrador. Ahora toca esperar que cumpla todas sus
promesas, que pase a la historia como un buen presidente, que deje a un lado la
tentación del autoritarismo, que se trabaje el ego, que escuche a su equipo y
respete las decisiones de los miembros de su gabinete. Sigo soñando que el
nuevo presidente logre terminar con la impunidad, que elimine la corrupción
como tanto ha prometido y que finalmente logre la cohesión de los mexicanos
para que entre todos, reconstruyamos la amada patria.
Tengo un
sueño, sigo soñando con un México nuevo
que dé marcha atrás a todas las decisiones que fueron tomadas por los
anteriores gobiernos sin contar con los ciudadanos. El sueño de disminuir los
salarios ostentosos de la elite burocrática. Sigo soñando que el nuevo
presidente elimine los gasolinazos, baje el gasto corriente y detecte y termine
con las anomalías en los contratos públicos. Sueño con que López Obrador
termine con los privilegios que sostienen un puñado de multimillonarios que
cada día incrementan sus fortunas bajo un sistema de explotación laboral.
Sueño con la reconciliación de todos
los mexicanos prometida por AMLO. Sigo soñando que el nuevo presidente respete
la pluralidad de pensamiento, garantice la seguridad de los mexicanos, defienda
los derechos humanos y termine con la militarización del país. Sueño que el
ejército vuelva a sus cuarteles, que López Obrador terminé con el fuero militar
que ha garantizado tanta impunidad a las fuerzas armadas, cuyas manos también
están ensangrentadas por los crímenes de estado que han cometido.
Sueño con la reconstrucción de un
país fracturado. Aquí estaremos en el escrutinio permanente de su trabajo. Toca
exigirle a Andrés Manuel López Obrador que no nos defraude, que cumpla con sus
tres principios: “no robar, no mentir, no traicionar”. Soñemos pues, nuestros
sueños por fin tienen la posibilidad de hacerse realidad.
¡Viva México!
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