En el centro
del estado de Guerrero, al sur de México, tres pueblos enfrentan sus demonios.
Los que llegaron del extranjero, los que surgieron desde el fondo de ellos
mismos y los que tienen una presencia que más vale tolerar porque hay caldo de
cultivo para que pervivan y se empoderen. Todo por el oro.
Huitziltepec,
Nuevo Balsas y Carrizalillo son tres pueblos encaramados en el cinturón de oro
ambicionado lo mismo por las canadienses Mineaurum Gold, Goldcorp y Torex Gold
Resources, que por grupos criminales.
Apenas el 21
de junio pasado, funcionarios del Gobierno estatal y municipal firmaron un
convenio para “convertir la minería en fuente de desarrollo”, con el mismo
potencial que el sector turístico. Pero en la zona, también hay producción de
goma, opio, así como heroína. En medio, quedaron los pobladores.
En
Coaxtlahuacán, comunidad de Mochitlán, también en el centro del estado, donde
la empresa australiana Pacifico Minerals, avanza con las perforaciones de
prueba.
Es Guerrero
y su tesoro de oro que más que desarrollo le ha traído desgracia. Es Guerrero
con una tranquilidad que en 2018 huele a resistencia.
https://youtu.be/10APTtzGi34
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