Daniela
Barragán.
El 25 de octubre de 2012 se creó un
fideicomiso público para la aplicación del Mecanismo de Protección de Personas
Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, con el que se pretendían obtener
recursos adicionales para salvaguardar la integridad de las personas que
estuvieran en riesgo ante un contexto de violencia.
El mecanismo contempló la compra de
telefonía, la instalación de equipos de vigilancia y seguridad en inmuebles,
facilitación de autos blindados, escoltas e impartir cursos de autoprotección.
Los recursos pasaron de 52 millones
de pesos disponibles en 2012 a 330 millones de pesos en 2017. Para 2018, la disponibilidad se redujo 68 por ciento, lo que refleja que se gastó
gran parte del dinero en ese último año.
La
investigación realizada por Fundar, concluyó
que la información general y básica de este fideicomiso no cumplió con los
requisitos mínimos de transparencia, como el uso y destino del dinero; que es
mínima, confusa, poco accesible y no permite tener claridad sobre la
administración, los gastos, las fuentes que alimentan el patrimonio del
fideicomiso, ni los informes de evaluación y cumplimiento.
Y en cuanto a su efectividad, en los
últimos seis años, 44 periodistas han sido asesinados y la organización
Artículo 19 tiene registro de 2 mil agresiones a reporteros. Esos números ponen
a México como uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo.
El caso
mencionado es solo una aguja en el pajar. Actualmente,
374 fideicomisos concentran 835 mil 477.8 millones de pesos, cantidad que
equivale al 4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) o a 479 veces el
presupuesto que en un año reciben para desarrollo social Chiapas, Oaxaca y
Guerrero.
Y la principal sombra que cubre a estas
herramientas financieras es la poca transparencia y la “mínima” rendición de
cuentas, lo que complica rastrear el dinero y verificar el ejercicio de los
recursos.
Sin embargo,
cada año el Gobierno federal ha decidido
gastar más en ellos de lo que tiene permitido: de 2013 a 2016, se gastó el
doble de dinero de lo que el Congreso de la Unión había aprobado. Es un aumento
de más del 79 por ciento, al pasar de 131 mil millones de pesos a 310 millones
pesos.
Esas decisiones se tomaron bajo las
administraciones de Luis Videgaray y José Antonio Meade Kuribreña en la
Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) como única figura
fideicomitente.
Fundar
Centro de Análisis e Investigación, luego
de ingresar más de 2 mil solicitudes de información, detectó que la información
sobre fideicomisos públicos se encuentra dispersa entre distintas entidades,
está fragmentada, no es accesible y no cumple con un formato de datos abiertos
y no cuida un lenguaje ciudadano.
La magnitud del problema está en que
el 92 por ciento de los recursos disponibles en fideicomisos (772 mil millones
de pesos) no tiene un control de vigilancia.
Incluso los fideicomisos están dentro de las
prioridades del nuevo gobierno de México que será encabezado por Andrés Manuel
López Obrador, en específico dentro de sus 50 lineamientos de austeridad en el
que señala que “serán cancelados los fideicomisos y cualquier otro mecanismo
utilizado para ocultar fondos públicos y evadir la legalidad y la
transparencia”.
La única información a la que se
puede acceder en fideicomisos son los montos generales de los ingresos y
egresos. No hay información desagregada sobre los pagos realizados, estados de
cuenta o las contrataciones, al resto sólo la Secretaría de Hacienda y la
Auditoría Superior de la Federación (ASF) tienen pleno acceso.
“Esto en sí mismo es inaceptable pues
en un Estado democrático de derecho es condición básica que las políticas
públicas, y por ende los recursos que se destinan para implementarlas, estén
sujetos al escrutinio público. Más aún en el marco de un gobierno que, dentro y
fuera de sus fronteras se jacta de ser abierto y transparente”, señala el
estudio de Fundar, “Fideicomisos en México. El arte de desaparecer dinero
público”.
A nivel federal existen 374
fideicomisos públicos. En teoría, un fideicomiso funciona para auxiliar a los
gobiernos a impulsar áreas de desarrollo prioritarias y estratégicas, como
serían la infraestructura pública, las pensiones de los trabajadores,
prevención o atención de desastres naturales o estabilidad financiera.
Sin embargo, los recursos públicos que se ejercen a
través de los fideicomisos son usados de manera discrecional, con poca
transparencia y poca rendición de cuentas, por lo que sirven como instrumentos
para desviar recursos públicos que se ingresan a fideicomisos opacos o
privados. Todo, lejos del escrutinio público.
Está también
la participación de estancias privadas, que
controlan 68 mil millones de pesos de los fideicomisos y sus operaciones son
confidenciales. Santander es el banco que más dinero controla (34 mmdp), le
sigue Banorte (18 mmdp), BBVA Bancomer (7 mmdp) y Banamex (3 mmdp).
De acuerdo con la ASF, estas
instituciones bancarias tienen el derecho a realizar gastos que no son
considerados como parte del gasto público; ellos tienen sus propios comités
técnicos que son los que deciden sobre el uso de los recursos; no hay un plazo
específico en el que el dinero deba gastarse y no hay ninguna instancia que
supervisa el manejo del dinero y el cumplimiento de los objetivos.
LA CLAVE.
Especialistas
consultadas por SinEmbargo, coincidieron
en que la próxima administración debería empezar con obligar que quienes
administran los fideicomisos cumplan con los lineamientos ya establecidos en la
Ley de Transparencia para que se pueda tener una radiografía de todos los
movimientos que se hagan y así determinar si el mecanismo funciona para lo que
fue creado.
Ahí entra la
labor de la Secretaría de Hacienda.
Para Liliana
Ruiz Ortega, investigadora del equipo de Gasto y Rendición de Cuentas de México
Evalúa, es preocupante que se tengan más
de 300 fideicomisos sin estructura frente a 19 que sí la tienen. Estos 300 no
cuentan con un ordenamiento orgánico que se asimile a alguna entidad o
dependencias de la administración pública federal; no tienen órgano de control
interno, que es el que fija que las entidades o instancias cumplan con sus
objetivos y disminuye la ocurrencia de irregularidades en gasto o de malos
manejos.
La Secretaría de Hacienda es la que
autoriza la creación de estos fideicomisos, entonces nadie revisa, aparte de
esa dependencia, si es pertinente el objetivo de cada fideicomiso.
La ley
establece que se justifica que la
creación de fideicomisos sin estructura, si sirven para procurar algún interés
nacional, pero de acuerdo con Ruiz, ese concepto es muy amplio y cualquier cosa
se puede meter como de interés.
“Nadie revisa. La ASF, se mete
después, cuando ya se ejercieron los recursos, pero no revisan todos y tampoco
está involucrada en dar una opinión ante la creación de un fideicomiso. Primero
se debe justificar muy atinada y adecuadamente de por qué se recurre a esa
figura, y actualmente es lo que no encontramos”, comentó en entrevista.
Sarahí
Salvatierra, investigadora del programa de Rendición de Cuentas y Combate a la
Corrupción de Fundar, señaló que se debe
tomar en cuenta que en los marcos normativos de transparencia y rendición de
cuentas hay disposiciones para garantizar que los fideicomisos sean abiertos y
tengan cierta publicidad al menos de información básica disponible.
“Creo que es importante que se
verifique y se vigile que se cumpla con lo que ya garantizan las leyes, las
obligaciones de transparencia en la Ley General que disponen mínimos que ni
siquiera se cumplen en muchos de los fideicomisos, como conocer desde la fuente
que integra su patrimonio, cuál es el destino de los recursos de estos
fideicomisos y verificar los comprobantes del gasto, verificar si son útiles.
Es importante tener un buen diagnóstico de cuáles son los fideicomisos para que
pudieran ser más opacos para darles mayor seguimiento y hacer un diagnóstico de
si están cumpliendo con los fines para cuáles se crearon y verificar si son
instrumentos adecuados para el fin para el cual se crearon”, comentó.
Para la
investigadora de México Evalúa, preocupa
que es que mucho del gasto para inversión el que se transfiere a fideicomisos y
cada vez va en aumento sin que quede claro en qué se gasta, cuando ese dinero
es un detonador de crecimiento y productividad en un contexto en el que hay una
descomposición en la manera en cómo se gasta.
Al momento, se tienen seis
principales fideicomisos:
-Estabilización financiera: 318 mil
millones.
-Apoyos financieros y otros: 134 mil
millones.
-Infraestructura pública: 130 mil
millones.
-Pensiones: 89 mil millones.
-Subsidios y apoyos: 69 mil millones.
-Prestaciones laborales: 28 mil
millones.
“Cada vez es mayor la proporción de
gasto en inversión que se ejerce a través de fideicomisos. El tema de que el
gasto en inversión se esté manejando a través de fideicomisos preocupa porque
volvemos a los mismo: son figuras poco transparentes. Uno de los primeros retos
es analizar cuántos fideicomisos se tienen actualmente, cuáles funcionan, cuál
es su objetivo y si los recursos deben seguir canalizándose a esos
fideicomisos, si deben seguir operando o si se deben extinguir. Primero revisar
su pertinencia y a la par, establecer mejores mecanismos de transparencia y
rendición de cuentas que actualmente no tienen”, agregó.
DEBE HABER
RESPONSABILIDADES.
Salvatierra consideró que los fideicomisos no deben
forzosamente desaparecer, pero que sí es importante que el gobierno que tomará
protesta el próximo 1 de diciembre revise los actuales en los que hay ciertas
observaciones o ciertos indicios de irregularidades.
“Hay que tomar en cuenta el fin por
el cual se crearon y si además ese fin afecta de alguna manera la garantía de
derechos o a grupos sociales. Eso es lo más importante, no son solo
instrumentos financieros, al final afecta la calidad de vida de las personas
para las cuales se crearon estos fideicomisos […] Los fideicomisos no son
malos, sino que hay que utilizarlos adecuadamente y evitar que se abuse de
ellos de manera discrecional. Existen algunos fideicomisos que tienen recursos
ociosos que no se están ejerciendo y cuyos fines no se están cumpliendo,
entonces tiene que haber un proceso de extinción que está en la ley”, comentó.
Liliana Ruiz
agregó que revisar los fideicomisos
actuales es una tarea que corresponde a la actual administración.
“Es revisarlos para mejorar la
rendición de cuentas. En 2015, 36 por ciento del gasto en la inversión física
se ejerció a través de fideicomisos públicos, mientras que en 2013 fue el 17
por ciento. Y cada vez se van más recursos a fideicomisos. Hacienda te reporta en
cada Cuenta Pública que hay menos fideicomisos sin estructura, que va
disminuyendo la cantidad de fideicomisos, pero el monto no”, dijo.
“Si no se cumple adecuadamente, no
está dando buenos resultados, no está garantizando las razones por las cuales
se creó. Sobre todo, si son fideicomisos para garantizar servicios o derechos a
grupos sociales”,
concluyó Salvatierra.

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