Claudia salió de su casa hace más de
cinco años a buscar a su hijo Javier Fernando, quien desapareció un 11 de abril
y jamás se le ha vuelto a ver. En su búsqueda, la angustiada madre, vecina de
Ahome, Sinaloa, no ha localizado a su ser querido, pero a cambio ha encontrado
a decenas de personas en el fondo de polvorientas fosas en campos y laderas.
La mujer se convirtió -como cientos
de personas en el país- en una rastreadora y forma parte de un colectivo que
realiza la búsqueda de desaparecidos, ante la indiferencia de las autoridades.
Sus vivencias en escenarios de muerte son estremecedoras, pero ha sacado
fuerzas de la adversidad, pues no piensa morir sin antes dar con el paradero
del fruto de sus entrañas.
El
rompecabezas del horror no termina de armarse. Los hallazgos de fosas clandestinas con cadáveres o despojos humanos
son reportados con una frecuencia que ya no sorprende. Lo mismo en un cerro,
que en el desierto, en terrenos de cultivo, en el bosque o en zonas urbanas,
donde los ejecutores entierran a sus víctimas silenciadas en circunstancias
poco claras.
La causa de Claudia es la misma que
ha llevado a otros a integrarse a grupos de búsqueda como la Asociación Unidos
por los Desaparecidos en Baja California, que en enero hallaron cuatro cuerpos
en un pozo de un rancho abandonado cerca del cerro de Las Chichis, en Valle de
la Trinidad, en Ensenada, luego de dos semanas de ardua labor. O las seis
osamentas enterradas en cuatro puntos de un área despoblada que colinda con el
fraccionamiento El Roble, sobre la carretera a Ojos Negros, en el mismo municipio
en abril.
Las fosas no tienen siempre la forma
que la gente se imagina. Muchos son terrenos planos, donde incluso ya creció la
maleza. Otros son agujeros rocosos y los hay fangosos a las orillas de los
cauces de los ríos. Aunque la más innovadora, terrible y reciente estrategia,
en el caso de Jalisco, es inhumar los cadáveres en los patios de pequeñas casas
de interés social abandonadas por sus dueños ante la falta de servicios
públicos, la inseguridad o por no tener dinero para pagarlas.
La tardanza de la justicia en atender
las denuncias por desaparición de personas y la impunidad de que gozan los
asesinos y sepultureros anónimos ha potencializado el fenómeno al grado de
convertir al país en un campo minado por los sepulcros clandestinos como un
gran cementerio, donde las tumbas frisan la cifra de las mil y los cuerpos u
osamentas hallados andan por arriba de los mil 800. Sin contar decenas de miles
de huesos o sus fragmentos, tejido u otro tipo de restos humanos difíciles de
clasificar en los servicios médicos forenses.
CIFRAS
MOCHAS.
La gravedad del asunto, en lo que se
ha calificado como una crisis humanitaria en México es tal, que las propias
autoridades no cuentan con las cifras exactas del fenómeno. Las Fiscalías
estatales, la Procuraduría General de la República (PGR), la Comisión Nacional
de los Derechos Humanos (CNDH) y hasta universidades llevan su propio conteo.
Unas con base en denuncias, otras con base en hallazgos y las últimas en una
combinación de datos oficiales diversos e información hemerográfica.
Los
recuentos más recientes fueron emitidos el año pasado, tanto por la PGR, como
por la CNDH. Obvio difieren en mucho. La
primera cuenta del 1 de diciembre de 2006 al 1 de enero de 2017, la inclusión
en averiguaciones previas y carpetas de investigación -del fuero federal- de
280 fosas, en las que han encontrado 784 cadáveres, de los cuales 274 fueron
identificados.
Por su parte,
la CNDH, que cruza informes de todas las
fiscalías y los datos de la propia PGR, hizo su indicador del 1 de enero de
2007 a septiembre de 2016, con una sumatoria de 855 fosas que contenían mil 548
cuerpos u osamentas, lográndose la identificación de 796 de las víctimas.
Ante la
disparidad de estadísticas, ZETA hizo
una recopilación con base en informes policiales, datos de fiscalías y notas
periodísticas que indican que durante 2017 se conoció del hallazgo de por lo
menos 38 fosas con 76 cadáveres y más de 50 cráneos, además de diversos
fragmentos de osamentas. Mientras que en lo que va de 2018, se han descubierto
por lo menos 54 agujeros con 167 cuerpos u osamentas inhumados de forma
clandestina.
Pese a que
en abril de 2017 la CNDH rindió un
informe especial sobre desaparición de personas y fosas clandestinas en México,
en el que formula 102 propuestas a las autoridades para enfrentar el problema,
nada ha ocurrido hasta el momento. Entre dichas recomendaciones estaba la de
“establecer un Registro Nacional de Fosas Clandestinas que concentre toda la
información concerniente al hallazgo y ubicación de las fosas, así como un
registro en cada entidad federativa”. Caso omiso hasta la fecha por parte de los
tres niveles de gobierno.
También se propuso “realizar las acciones
necesarias a fin de que los restos óseos y/o humanos encontrados en fosas
clandestinas sean tratados y analizados de acuerdo con los más altos estándares
para su plena identificación. Además de implementar las acciones necesarias
para realizar intercambio permanente de información sobre hallazgos de fosas
clandestinas, exhumación y levantamiento de restos humanos e indicios, con la
finalidad de facilitar la identificación y localización de personas
desaparecidas”. Probablemente algunas entidades han aportado los datos para su
concentración y otras no.
CASO JALISCO.
Gran parte de la estadística de 2018
en cuanto a la localización de fosas y de cadáveres la ha aportado la realidad
de Jalisco, envuelto en la violencia y como epicentro de operaciones de la que
es considerada la organización criminal más poderosa de México actualmente. De
enero a la fecha, han sido localizados 44 cuerpos humanos inhumados de forma
furtiva en más de diez tumbas apócrifas.
Lo increíble
del caso es que las víctimas no han sido
enterradas en sitios despoblados como ocurre en la mayor parte del país, sino
en el área urbana metropolitana de Guadalajara. Y las fosas no tienen la forma
que en otros sitios, sino que son tumbas en patios de viviendas de Infonavit
abandonadas por sus propietarios.
Tan solo en
Tlajomulco de Zúñiga, donde ha ocurrido la mayoría de los descubrimientos, las autoridades municipales salientes
estiman más de 15 mil casas habitaciones abandonadas en fraccionamientos
“fantasma” que se han convertido en nido de malvivientes, y recientemente en
casas de seguridad y criptas clandestinas.
En agosto se han localizado 21 de
esos cadáveres en viviendas de Tlajomulco y Guadalajara. Uno de los hallazgos ocurrió en la
colonia Santa Elena de la Cruz, cercana al Estadio Jalisco, donde había diez
cuerpos, y los once restantes en casas de las llamadas “huevito” en los
fraccionamientos Villa Fontana Aqua y Lomas del Mirador, que pese a estar
abandonadas, algunos vecinos jamás reportaron los olores fétidos de la
descomposición de los cadáveres.
El
gobernador del Estado, Aristóteles
Sandoval Díaz, calificó el fenómeno violento que aqueja a la entidad y la
localización del disperso cementerio criminal a “una guerra de baja intensidad
entre grupos de la delincuencia organizada”, lo que le valió críticas de
diversos sectores, principalmente de investigadores académicos que aseguran que
el mandatario no supo ni lo que dijo o quiso decir.
Presuntamente
y de acuerdo con información aportada por la Fiscalía General de Jalisco, se
trata de ajustes de cuentas de células del Cártel Jalisco Nueva Generación
(CJNG) por deudas derivadas del narcomenudeo en dichas zonas y en otro de los
casos de una disputa surgida al interior de la misma organización delictiva que
se está purgando de la manera que ahora se conoce.
Sin embargo,
el Cardenal de Guadalajara, Francisco
Robles Ortega, pidió a las autoridades no criminalizar a las víctimas
localizadas en estos sepulcros, pues se transmite a la sociedad que los
fallecidos estaban involucrados en actividades ilícitas sin argumentos que lo
comprueben, pues las investigaciones apenas comienzan. “Que lo hagan cuando ya
tengan todas las pruebas de que efectivamente así es, mientras tanto puede ser
eso como una solución rápida y fácil para ellos”, aseguró el purpurado.
Por su
parte, la ministra en retiro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Olga
Sánchez Cordero, futura secretaria de Gobernación en la administración de
Andrés Manuel López Obrador, aseguró que
“el país, es un país de personas desaparecidas, lleno de fosas clandestinas, de
fosas comunes llenas de cuerpos sin identificar, uno de los escenarios más
dolorosos de nuestra historia reciente”.
LAS
RASTREADORASñ
Claudia Rosas es una de las valerosas
mujeres que forma parte del colectivo “Rastreadoras por la Paz”, en el norte de
Sinaloa. Antes estuvo integrada a otra agrupación, pero a partir del 13 de
julio de 2017, junto con un grupo pequeño de madres de desaparecidos, decidió
constituir su propia organización de búsqueda con el único afán de encontrar a
su hijo Javier Fernando Quezada Rosas.
Ella busca al suyo, pero en realidad,
“estamos buscando a todos, porque salimos y en nuestra desesperación, estamos
buscando a nuestros hijos, a todos. Todas y cada una de nuestras compañeras y
yo, nos unimos para salir a buscar a los que son nuestros desaparecidos, pero
realmente son tantos que a los lugares que vamos hemos encontrado fosas y no
sabemos quiénes están allí”.
La madre ha pasado cinco largos años
buscando sin resultados. Incluso tuvo que sobreponerse a una amenazante llamada
que en los primeros días de la desaparición de Javier le advirtió que dejara
las cosas en paz, porque todavía tenía otras hijas. Inicialmente el miedo la
paralizó, pero después obtuvo fuerzas para seguir indagando el paradero de su
hijo y juntarse con otras mujeres, familiares y amigos.
“Salíamos a gritar, a llorar en los
lugares donde creíamos que podía estar, en los sitios donde creíamos que
estaría agonizando, aún con vida, amarrado, no sé. No sé. Era un martirio
tremendo. Una locura total que pasaba por mi mente, por mi vida”.
Aquí el
resto de la entrevista:
— ¿Cuántas
personas forman parte del colectivo?
“Podemos ser 300, 400 o 500, pero las
que en verdad buscamos en nuestro grupo somos 12, las de siempre. Otras madres
nos apoyan económicamente con lo poquito que tienen porque, como le digo, somos
amas de casa comunes y corrientes. Otros nos apoyan con oraciones. Hay amigos
que nos ayudan, pero hasta ahí. Las que buscamos realmente somos 12 personas. A
veces hemos sido tres, y encontramos fosas y cuerpos. Por eso le digo aquí es
la voluntad de las personas. No es la cantidad, sino la calidad, el amor que se
pone, las ganas de encontrarlos, de vencer ese miedo y arriesgarnos a salir a
buscarlos. Gracias a Dios el colectivo en el que estoy, hay unas mujeres que
valen oro. Somos poquitas, pero de una calidad humana increíble”.
— ¿Qué es lo
que han encontrado ustedes en estos años de búsqueda?
“Es una tristeza. Una impotencia, porque
hemos encontrado fosas. En un lugar aquí cerca, acabamos de encontrar un
pequeño panteón clandestino. Paramos porque fueron tres días de trabajo. En dos
de esos tres días encontramos siete cuerpos, en cuatro fosas. Algo
impresionante. En otro lugar hemos encontrado 14 y así, ha sido el caminar de
nosotros. En unas fosas un cuerpo, en otro sitio a dos y en un año llevamos una
buena cantidad de fosas. No me gusta mencionarlo como números o estadística, o
cantidades, como lo hacen las autoridades, porque se trata de personas humanas
y por respeto, porque no se trata de ver quién encuentra más fosas. No vemos
esto como una competencia. Es muy doloroso, porque cada caso duele en el alma,
no son las cifras. En un año hemos encontrado tantos cuerpos que nos quedamos
sorprendidas de lo que se vive, de la realidad de estar en casa, ajenas -como
mucha gente- a lo que pasa, a la violencia. Muchas personas no lo viven y a
veces son indiferentes, pero cuando lo vivimos, nos damos cuenta de que este
problema existe y que es como una enfermedad. Es muy doloroso”.
— ¿Como
grupo se enteran de lo que pasa a nivel nacional y cuántas fosas y cuerpos se
han encontrado?
“Pertenecemos a un grupo donde
convergen todos los colectivos nacionales, pero como le digo, nosotras estamos
enfrascadas en lo nuestro, aquí, que en conocer el dolor de otras personas.
Haga de cuenta que lo cargamos nosotras también. Nos cerramos así. No estamos
ajenas a que ocurre en otras latitudes como Veracruz, Tamaulipas y en Ciudad de
México, donde han encontrado fosas grandes, mucho más grandes que las de
nosotros aquí. Tratamos de ver de lejecitos porque ya sufrimos mucho con esto”.
— ¿Hasta
dónde han llegado las “Rastreadoras por la Paz” fuera de Sinaloa?
“Tenemos contacto con personas que
nos envían información de otros estados para compartir en nuestras páginas de
redes sociales. ‘Rastreadoras por la Paz’ no ha querido ir a otras partes
porque lo que buscamos está aquí. Nuestro trabajo está en nuestra zona, en
nuestro lugar. Aquí está lo que nosotros buscamos, entonces irnos a otro
Estado, desgastarnos, cargar con dolores grandísimos que ya estamos viviendo es
pesado. Una de las cosas que nosotras decidimos es permanecer aquí y luchar por
ayudar a las personas de la comunidad porque simplemente aquí en el municipio
son grandes las desapariciones. Ojalá y tuviéramos ese poder como para llevar
alivio a otros lugares, dividirnos y poder ser solución para otras personas.
Ojalá y pudiéramos tener ese poder, pero por ahora queremos ese poder para
encontrar a nuestros hijos que están aquí. Que nosotros sabemos que están
aquí”.
— Se están
encontrando muchas fosas y cadáveres en el país, sin embargo, en la mayoría de
los casos no son identificados esos cuerpos, ¿a qué se deberá este fenómeno?
“Gracias a Dios, nosotros aquí en
Sinaloa contamos con un laboratorio de ADN, que eso nos ha ayudado mucho,
porque es la prueba principal para nosotros. Quizá el problema mayor es que no
hay denuncias, aunque en cada Estado es diferente la situación. Aquí en
Sinaloa, por ejemplo, son desapariciones forzadas o ‘levantones’, como les
dicen. Sabemos lo que pasa porque sabemos lo que tenemos en territorio. Sabemos
cómo se maneja la gente aquí. Conocemos, pues. Y muchos de los familiares no
denuncian, no se acercan a la fiscalía por temor, entonces no hay denuncias, no
hay pruebas de ADN, no hay manera de identificarlos. ‘Rastreadoras por la Paz’
está trabajando mucho en ese sentido, invitando a las familias de desaparecidos
para que denuncien”.
— Tras
varios años de buscar a sus hijos y observar este fenómeno ¿qué cree que sea lo
que está sucediendo en México, ¿qué es lo que está pasando?
“Ay Dios. Aquí sí, no sé ni que
responder ante tanta violencia, ante tanta indiferencia. Como dije antes, cada
situación es diferente. Yo le puedo hablar de mi hijo, él no tenía ninguna
necesidad de andar en malos pasos, porque dentro de todo pertenece a una
familia humilde, pero honrada, con valores. No sé, no entendía nada. Tal vez,
la ambición por dinero o vivir el momento”.
ÚLTIMAS
FOSAS CLANDESTINAS.
13 de enero
A partir de
esta fecha y durante cuatro días localizan 33 cuerpos en tres fosas
clandestinas en el poblado de Pantanal, municipio nayarita de Xalisco.
15 de enero
Tras dos
semanas de búsqueda, exhuman cuatro cadáveres que estaban en una fosa en un
rancho abandonado cerca del cerro de Las Chichis, en Valle de la Trinidad, en
Ensenada, Baja California.
9 de febrero
En el
poblado El Testerazo, municipio de Xalisco, Nayarit, encuentran fosa y luego de
tres días hallan ocho cadáveres.
13 de marzo
En fosas
clandestinas descubiertas en Autlán de Navarro, Jalisco, autoridades exhumaron
cuatro cuerpos. Al parecer se trata de cuatro veracruzanos.
30 de marzo
Dentro de
ocho fosas clandestinas localizan 13 cuerpos en los municipios de Villa de Cos,
Valparaíso, y Mazapil, en Zacatecas.
10 de abril
Localizan
seis osamentas enterradas en cuatro puntos de un área despoblada que colinda
con el fraccionamiento El Roble, sobre la carretera a Ojos Negros en Ensenada.
25 de abril
Los cuerpos
de ocho personas, cinco mujeres y tres hombres, fueron localizados dentro de
dos fosas clandestinas en el municipio de Tarímbaro, Michoacán.
29 de mayo
En Tepic,
Nayarit, hallan dos osamentas humanas en el mismo número de fosas en dos
ranchos. En el sitio había vehículos robados desmantelados.
31 de mayo
Reporta el
Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo, Tamaulipas, la localización de los
cuerpos de 16 de los 57 desaparecidos en esa entidad. Tenían disparos en la
cabeza.
7 de junio
En un
terreno bardeado en la colonia Lomas del Aeropuerto, municipio de El Salto,
Jalisco, exhumaron ocho cuerpos de una fosa.
8 de junio
Integrantes
del Colectivo “Solecito” revelaron que junto con autoridades de Veracruz
recuperaron 20 cadáveres y 12 cráneos en cuatro de ocho pozos artesianos en
Omealca.
13 de julio
Fueron
encontrados cuatro cuerpos enterrados en el mismo número de casas abandonadas
en la colonia Chulavista del municipio de Tlajomulco de Zúñiga, Jalisco.
20 de julio
En una finca
abandonada del fraccionamiento Villa Fontana Aqua, en Tlajomulco, fueron
exhumados siete cadáveres de una fosa.
21 de julio
En uno de
los habituales fines de semana violentos en Ciudad Juárez, Chihuahua, localizan
tres cadáveres en fosas clandestinas.
3 de agosto
Inicia el
descubrimiento durante tres días de diez cuerpos inhumados en una fosa dentro
de una residencia abandonada en la colonia Santa Elena de la Cruz en
Guadalajara.
6 de agosto
En la
comunidad El Chocolate, en San Juan Guichicovi, Oaxaca, hallan dos fosas
clandestinas con dos cadáveres.
7 de agosto
En el patio
de una casa de interés social abandonada en Villa Fontana Aqua, en Tlajomulco,
localizan en dos días diez cadáveres sepultados.
7 de agosto
“Rastreadoras
por la Paz” encuentran dos fosas clandestinas con cinco cuerpos en predio Las
Grullas Margen Derecha, municipio de Ahome, Sinaloa.
9 de agosto
La
Procuraduría General de Justicia del Estado de Colima localizó cinco fosas con
restos humanos en Tecolapa, municipio de Tecomán. Hallaron cinco cadáveres,
entre ellos una mujer.
10 de agosto
En un
departamento de Lomas del Mirador, en Tlajomulco, hallan un cadáver inhumado
clandestinamente.
14 de agosto
En Paraíso,
Tabasco, donde entre mayo y junio se localizaron ocho fosas con cadáveres,
autoridades locales y federales buscan más cuerpos.
FUENTE:
Recuento de ZETA
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