El viento
dominante en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, en el suroeste de México, es lo
que en las últimas dos décadas ha atraído la mirada e inversión de empresas
extranjeras dedicadas a la producción de energía con recursos renovables, pero también ha propiciado que las
comunidades de esta región del país emprendan una lucha jurídica en defensa de
sus tierras.
El Istmo de Tehuantepec se ha
convertido en los últimos 20 años en la principal generadora de energía eólica
en México, a la par que las comunidades de la zona luchan por mejores
condiciones de vida para sus pobladores.
Esta lucha se ve reflejada en el
documental: “Pueblos del Istmo de Oaxaca rechazan empresas eólicas”, elaborado por el Centro Nacional de
Comunicación Social A.C (Cencos), en el
que se abordan las promesas de progreso con la llegada de los mega proyectos eólicos
y lo que los pobladores de la región describen como un despojo de sus tierras
por parte de las empresas y el gobierno.
En el documental los pobladores
aseguran que no están en contra de este tipo de proyectos, pero sí de que se
instalen sin que se garantice el derecho que tienen a una consulta previa,
libre e informada, y el derecho a determinar el tipo de desarrollo que quieren;
además de que no se tomen en cuenta consideraciones para proteger el medio
ambiente.
Los megaproyectos eólicos han llegado
a la región con la promesa de progreso, pero para los habitantes –quienes no
cuentan con servicios básicos de educación y salud– éste no llega, de acuerdo
con Cencos.
En la
comunidad de San Dionisio del Mar, que en 2010 tenía una población total de 5 mil
098 habitantes, de los cuales 2 mil 559 estaban en pobreza extrema, el pueblo
se organizó para luchar contra la instalación de un parque eólico de la empresa
Mareña Renovables. El megaproyecto consistía en más de 100 aerogeneradores, que
serían instalados en la laguna de Santa Teresa, afectando el principal medio de
subsistencia de la región: la pesca.
“El mar es nuestra madre, es nuestro
banco, porque de ella dependemos, porque de acá comemos. No es posible que
venga un extranjero e instale sus aerogeneradores, contaminando nuestro mar,
contaminando nuestra madre, y nos dejan sin trabajo, sin alimento”, explicó en este documental Aquilino
Altamirano, habitante de San Dionisio del Mar.
En 2012 los pobladores obtuvieron un
amparo que revocó la instalación de este megaproyecto, y a seis años continúan
en resistencia. Durante este tiempo, los huaves han defendido no sólo su fuente
de trabajo y alimentación, sino también su cultura; la adquisición de
territorios para estos megaproyectos destruye también el conocimiento de la
medicina prehispánica, que durante siglos han practicado sus antepasados.
Los
pobladores de este municipio también
denuncian que este proyecto se instalaría no sólo sin su consentimiento, sino
con prácticas corruptas y falta de transparencia; las comunidades que defienden
la tierra y el territorio ante los proyectos eólicos aseguran que no sólo son
las empresas las que violan sus derechos, también los gobiernos municipales,
estatal y federal.
En el Istmo
de Tehuantepec otras comunidades indígenas
se han organizado en contra de la instalación de megaproyectos, defienden su
derecho a la tierra, territorio y bienes naturales; al consentimiento libre,
previo e informado, a la consulta libre, previa e informada, a la libre
determinación y a un medio ambiente sano; pero en su lucha se han enfrentado a
ataques e intimidaciones.
Las y los defensores comunitarios son
en México una de las poblaciones más vulnerables; en esta región, a pesar de
haber detenido el proyecto, continúan organizados y en oposición a las eólicas,
ya que consideran que persiste el riesgo de ser despojados de su tierra, y
luchan no sólo por protegerla en el presente, sino por las generaciones que
vienen.
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