
Petróleos Mexicanos (Pemex) anunció
en enero de 2014 que había comprado a Altos Hornos de México una empresa de
fertilizantes: Agro Nitrogenados, una planta “chatarra” que tenía 14 años sin
operar y con equipos de 30 años de antigüedad.
El costo de la transacción,
considerada por especialistas como un “pésimo negocio” para la empresa estatal,
sumó 475 millones de dólares, destinados a la compra de los activos y a la
rehabilitación de la planta.
La imagen es
convencional, sin nada que a simple vista parezca extraño, ningún elemento que
llame la atención: 13 hombres de traje, 13 hombres de gris y negro, posan con
formalidad.
Parados
alrededor del semicírculo de una elegante mesa corporativa, despliegan la misma
actitud, casi nada los diferencia, excepto el color de sus corbatas: verde
limón a la derecha, morado claro a la extrema izquierda, azules ligeros, un
solitario rojo; un par de prendas negras.
Destaca una corbata color rosa: la
lleva un hombre llamado Emilio Lozoya Austin, director general de Petróleos
Mexicanos (Pemex) y funcionario muy cercano al presidente Enrique Peña Nieto.
Es 14 de enero de 2014 y miran con
gravedad a la cámara; casi todos sostienen una de sus manos con la otra. Es
obvio que el momento reviste importancia.
Lo tiene, en
efecto: se anuncia oficialmente que
Pemex invertirá 475 millones de dólares en los activos y en la rehabilitación
de Agro Nitrogenados, una planta de fertilizantes que se encuentra parada desde
hace 14 años y cuya maquinaria, equipo e instalaciones tienen 30 años de
antigüedad.
Un boletín
titulado “Pemex reactivará la producción
de Fertilizantes en México” acompaña la fotografía. Da cuenta de la
transacción, del monto de la misma, de las expectativas y remata con un
párrafo: “Con esta operación, Pemex cumple su compromiso con el campo mexicano,
el Plan Nacional de Desarrollo y con las iniciativas del presidente Peña Nieto
de un México Próspero”.
El boletín
no lo menciona, pero hay un detalle
importante en esta historia: Agro Nitrogenados es una empresa de Altos Hornos
de México, el mayor consorcio acerero del país, cuyas acciones están listadas
en la Bolsa Mexicana de Valores.
Un mes después de que Pemex anuncia
la compra de Agro Nitrogenados se produce una operación: Altos Hornos de México
realiza, exactamente el 17 de febrero de 2014, una transferencia de un millón
481 mil dólares a la cuenta bancaria de la empresa Grangemouth Trading Company
LP.
Grangemouth Trading no es cualquier
firma: es una de las decenas de empresas fachada montadas por la constructora
Odebrecht para distribuir miles de millones de dólares destinados a pagar
sobornos o “propinas” a la élite política de los países de América Latina en
los que la empresa brasileña operaba, incluido México según documentos secretos obtenidos
por El Quinto Elemento Lab como parte de la Red de Investigaciones
Periodísticas Estructuradas.
No será la única transferencia. Pasan
algunas semanas más. Altos Hornos de México hace dos traspasos adicionales a
Grangemouth, cada uno por un poco más de un millón 110 mil dólares.
La primera operación tiene fecha del
26 de febrero y la otra del 10 de marzo de 2014, según los estados de cuenta de
esa firma fantasma en poder del Supremo Tribunal de Justicia de Brasil, documentos que forman parte de las
20 carpetas electrónicas, alrededor de 100 cuartillas de transcripciones y
resúmenes de testimonios jurados, copias de los registros de transferencias,
órdenes de pago expedidas por los bancos de donde salían los recursos, a los
cuales Quinto Elemento Lab ha tenido acceso.
Ambas transferencias llegan a la
cuenta número 244087 que Grangemouth mantiene en el Meinl Bank, banco con sede
en la isla caribeña de Antigua comprado por funcionarios de Odebrecht con el
propósito de evadir los controles del sistema financiero internacional.
Desde ese
banco, y utilizando compañías de papel,
se operaron libremente los sobornos destinados a presidentes, ministros,
viceministros, congresistas, directores de empresas públicas y prominentes
políticos en una docena de países de América Latina y África.
El nombre de
Grangemouth Trading Company, firma que
carece de empleados y oficinas, pero cuyo “domicilio virtual” se encuentra en
un edificio de departamentos de Edinburgo, Escocia, adquirirá particular
relevancia para México.
La razón no es menor: como reveló Quinto Elemento Lab en agosto de 2017, de esa misma cuenta de
Grangemouth Trading salieron también los 5 millones de dólares transferidos a
Zecapan SA, la offshore en donde se depositaron los sobornos dirigidos a Emilio
Lozoya Austin, ex director general de Petróleos Mexicanos (Pemex), según
declararon bajo juramento ante la justicia brasileña tres de los más
prominentes ex ejecutivos de Odebrecht involucrados en la mayor trama de
corrupción en la historia del continente.
El 16 de
diciembre de 2016, y con sus 59 años a cuestas, Luis Alberto de Meneses Weyll, ex director de Odebrecht en México,
acude a la cita pactada con la Procuraduría General de Brasil para proporcionar
su delación sobre sus “aventuras criminales” en nuestro país.
Si quiere participar en el programa
de “colaboraciones premiadas”, debe contar todo lo que sabe sobre cómo
Odebrecht logró insertar la corrupción en el primer círculo del gobierno
mexicano.
Sabe, como los 77 ejecutivos y ex
ejecutivos de Odebrecht que han participado en los acuerdos, que los beneficios
de la colaboración (penas más benignas), por ejemplo, dependen de que revelen
la información sobre cómo opera la estructura criminal y entreguen documentos
que corroboren lo confesado.
Hijo de
Manuel Weyll y Selene Meneses, Luis
Alberto de Meneses no tiene ya mucho que perder. Los fiscales brasileños han
ido deshebrando esa compleja trama de corrupción. Se encuentra acorralado.
Muchos hilos llevan a él y a sus compañeros.
Así que De Meneses se presenta una
tarde de la semana previa a la Navidad de 2016 a la sede de la Procuraduría
General de la República en el municipio de Guarulhos, aunque aún vive en la
Ciudad de México, en específico en el complejo de Rubén Darío 115, en Polanco,
un lujoso condominio en el que la renta mensual no es menor de 5 mil dólares.
Durante unos
50 minutos ratifica lo que ha declarado
ya por escrito y aclara algunas dudas de los fiscales. Lo acompañan sus cuatro
abogados. Está a punto de firmar formalmente su “colaboración premiada” y, así,
ayudar a desentrañar el complejo esquema de “propinas indebidas” para “agentes
políticos”.
De Meneses
se explaya: cuenta que conocía a Emilio
Lozoya Austin desde 2009, época en que éste era director para América Latina
del Foro Económico Mundial. Y que cuando se enteró de que había planes del
gobierno de Enrique Peña Nieto para construir una nueva refinería de Pemex en
Hidalgo, decidió retomar el contacto con Lozoya, con las perspectiva de
“obtener contratos” para Odebrecht. Era el 2011 y su apuesta era que
llegarían buenos tiempos.
Lozoya y De Meneses se reunieron y,
dado que los proyectos se desarrollarían en Hidalgo, el futuro director de
Pemex le dio un “consejo” clave: le recomendó asociarse con Juan Carlos Tapia,
propietario de Construcciones Industriales Tapia, empresa con sede en Tula,
Hidalgo.
Así que el director superintendente
de Odebrecht en México le hizo caso a Lozoya y se asoció con esa compañía mexicana,
con la perspectiva de adjudicarse obras Pemex, CFE, SCT y Conagua. Tenían una
meta conjunta: obtener contratos por unos 2 mil 500 millones de pesos.
Los meses
transcurrieron y sus contactos colocaron
de nuevo a Lozoya Austin en la ruta que parecía correcta. Luis Videgaray,
entonces coordinador de la precampaña presidencial de Peña Nieto, lo había
llevado al primer círculo. Lozoya fue designado el 11 de enero de 2012 como
vicecoordinador de Vinculación Internacional de la campaña del candidato priista.
De Meneses
no perdió de vista ese detalle: “En esa
misma época (inicios de 2012) constaté que Emilio Lozoya había conseguido una
posición destacada en el principal partido de oposición en el país (el PRI),
que disputaba las elecciones presidenciales de julio de 2012 y cuyo candidato
era el favorito”.
Los ojos del
brasileño apreciaban un futuro promisorio para Lozoya Austin. Para marzo de
2012 lo veía como uno de los líderes de la campaña, “razón por la cual se
convertiría probablemente en una persona influyente dentro de la administración
pública del país”.
Luis Alberto no se cruzó de brazos.
Llamó telefónicamente y concertó una cita con Emilio. Se vieron en un hotel de
la Ciudad de México y conversaron sobre la posición política de Lozoya Austin,
quien le aseguró que si el PRI conquistaba el poder, él asumiría un cargo de
relevancia en el gobierno federal.
En esa
ocasión, recuerda De Meneses ante los fiscales, Lozoya dijo algo que el brasileño ya esperaba. “Con el pretexto de
haberme auxiliado en el posicionamiento de la compañía en Veracruz y Tula, me
dijo que entendía que debía hacerle un pago del orden de cinco millones de
dólares”.
De Meneses concluyó en ese instante que “sería
positivo estrechar las relaciones con él”, pues en un futuro gobierno podría
tener extensos beneficios. Así que le respondió a Lozoya que evaluaría el tema
del pago y lo contactaría a la brevedad posible.
No lo pensó
mucho. Consideró “el potencial que
Emilio Lozoya representaba”, por lo que le propuso a su superior directo en
Brasil, Luiz Mameri, vicepresidente de Odebrecht para América Latina y Angola,
que se hiciera un pago de cuatro millones de dólares. Era cuestión de ver hacia
el futuro. Apostaban a que Lozoya se consolidaría como un “agente público” de
relevancia. La transferencia fue autorizada.
Así que, ya con la aprobación en la
mano, se encontró de nuevo con Lozoya Austin. “Nos reunimos en un café en las
inmediaciones de Lomas, un Café El Globo. Y le dije que haríamos el esfuerzo de
contribuir con cuatro millones de dólares a título de su, digamos, atención en
los últimos años”, cuenta De Meneses al fiscal André Bueno la tarde del 16 de diciembre de 2016.
De Meneses
le proporcionó en ese café más detalles a Emilio: le pagarían los cuatro millones en varias transferencias que harían a
lo largo de 2012. Lozoya quedó de darle los datos de las cuentas bancarias a
las que deberían realizarse los depósitos.
Días
después, Lozoya acudió al edificio de
Odebrecht en México, en Lomas Virreyes. Le entregó, según detalla ampliamente
De Meneses, las cuentas a nombre de dos compañías offshore para que ahí se
depositaran los pagos: la primera era Latin American Asia Capital Holding. La
segunda era Zecapan SA, registrada en las Islas Vírgenes Británicas y con
cuentas en un banco del Principado de Liechtenstein.
Así que,
pasados los meses, a la cuenta que
Zecapan SA tenía en el Neue Bank llegaron cinco transferencias por un total de
5 millones de dólares entre el 3 de diciembre de 2013 y el 19 de marzo de 2014.
Todo el dinero venía de Grangemouth Trading.
Emilio
Lozoya ha rechazado reiteradamente los hechos que le imputan los ex ejecutivos
brasileños. “Niego categóricamente las imputaciones y la información que hace
referencia a supuestos actos de solicitud y/o recepción de sobornos directa o
indirectamente por mi parte a la empresa Odebrecht o a sus funcionarios”,
expresó en un comunicado emitido después de que se conocieran públicamente las
afirmaciones.
LAS
TRANSACCIONES: QUIÉN Y CUÁNDO LE ENVÍO DINERO A QUIÉN.
El dueño de Altos Hornos de México
hizo uno de los mejores negocios de su existencia al venderle al Pemex dirigido
por Lozoya Austin la empresa Agro Nitrogenados SA, una planta productora de
urea que al momento de la compra-venta ya era considerada “chatarra” por los
especialistas de la industria de fertilizantes.
La planta industrial tenía 14 años
parada, tiempo
durante el cual la maquinaria no recibió mantenimiento, y sus equipos e
instalaciones contaban con 30 años de antigüedad, sin contar con que el proceso
de producción con el que operaba resultaba obsoleto.
Esta realidad contrasta con el
optimismo de Pemex al adquirir la empresa. “Con esta compra, Pemex reactivará
la producción de hasta 990 mil toneladas anuales de urea a partir de 2015”,
prometía el comunicado oficial. Además, destacaba que la producción esperada de urea
representaría “cerca de 75 por ciento de la demanda nacional actual de este
insumo estratégico para el agro nacional”.
Las altas expectativas oficiales
sobre el potencial de Agro Nitrogenados obviaban un antecedente: ésta dejó de
operar en septiembre de 1999 cuando la propia Pemex le canceló el suministro de
amoniaco, la materia prima para la elaboración de urea, por la millonaria deuda
que Agro Nitrogenados tenía con la paraestatal y porque los trabajadores
estallaron una huelga en demanda del pago de sus salarios.
La empresa estatal tuvo que entablar
demandas para exigir la entrega del dinero que le adeudaban. A Rogelio
Martínez, entonces jefe de la Unidad Jurídica de Pemex Petroquímica, le tocó
llevar esos litigios.
Por eso
estalló cuando se enteró de que Agro Nitrogenados pasaría a manos del gobierno. “El gobierno comprará a precio de oro una
planta oxidada. Esa planta es chatarra. ¿Qué es lo más fácil para Agro
Nitrogenados? Vendérsela a un tarugo como es Pemex, o sus funcionarios, como si
fuera una planta nueva”, denunció en entrevista con el diario Reforma,
publicada apenas unos días después de que se anunció la transacción.
Abogado de
profesión, Rogelio Martínez insistió en
lo que desde entonces le parecía una maniobra fraudulenta: él había visitado la
planta ocho años antes de que Pemex anunciara su compra; “desde entonces
–sostuvo–, ya era chatarra”.
En realidad,
“lo que va a hacer Pemex es que va a
poner una planta nueva. Van a decir que es mantenimiento, pero, ¿en qué va
consistir ese mantenimiento? En quitar los fierros viejos que compraron y poner
unos nuevos”, contó al reportero del diario.
Ello,
naturalmente, implicaba incurrir en
pérdidas desde el principio, pérdidas que absorbería el gobierno y, por ende,
cada uno de los mexicanos.
Emilio
Lozoya Austin cumplía escaso un año como
director general de Pemex cuando el Consejo de Administración de la empresa,
del cual él era el presidente, avaló la compra de la planta de urea a Altos
Hornos de México en su sesión extraordinaria del 17 diciembre de 2013.
El anuncio
formal, para el que se congregaron los 13 hombres de traje negro que aparecen
en la imagen, se realizó días después: el 14 de enero de 2014.
Se informó entonces que la operación
requeriría que Pemex pagara un total de 475 millones de dólares, incluyendo la
compra de construcciones, maquinaria y equipo, así como la rehabilitación y
renovación de la planta.
De esa
cantidad, 275 millones de dólares irían
a la tesorería de Altos Hornos de México y otros 200 millones de dólares serían
utilizados para echar a andar la planta 15 meses después, una vez concluidos
los trabajos de rehabilitación.
El plan
original era que en noviembre de 2015 y en abril de 2016 comenzaran a operar
respectivamente las dos fases de la planta de urea.
Los
pronósticos no se cumplieron. Las
condiciones de Agro Nitrogenados estaban peor de lo que se había previsto. En
agosto de 2015 el Consejo de Administración de Pemex autorizó gastar otros 285
millones de dólares para rehabilitar la planta, con lo que el costo se elevó a
760 millones de dólares hasta ese momento.
Los tiempos corrieron y la planta no
entró en funcionamiento. Así que Pemex aprobó nuevas fechas de arranque: mayo
de 2017 para una primera etapa, el tercer trimestre del mismo 2017, para el
resto. Tampoco se cumplieron.
Quedaron en el olvido las ambiciosas
metas con las que Edgar Torres, asesor ejecutivo del director general de Pemex,
argumentó en favor de comprar la empresa a Alonso Ancira Elizondo:
“Uno de los beneficios asociados a
esta adquisición será abastecer a la agroindustria en el país que no tiene
acceso a los fertilizantes”, vaticinó Edgar Torres en declaraciones recogidas por los
diarios nacionales.
Es más,
aventuró, si se vende el fertilizante en
las cantidades consideradas, Tlaxcala, Guerrero, Oaxaca y Chiapas “podrían
incrementar su producción de granos, lo cual a su vez reduciría las
importaciones de alimentos”.
Edgar Torres, quien meses después sería nombrado
director de Pemex Fertilizantes, esgrimió otro argumento en favor de la compra:
México dejaría de importar urea de Irán, China o Ucrania, por lo que el país
podría ahorrar más de 400 millones de dólares al año.
Nada funcionó. Ni se sustituyeron las
importaciones, ni se logró abastecer de fertilizantes a la agroindustria, ni se
incrementó la producción de granos, ni se redujo la importación de alimentos en
esos años. La planta inició pruebas de arranque apenas en mayo de este 2018.
La
adquisición de Agro Nitrogenados llamó
la atención de la Auditoría Superior de la Federación, cuyos especialistas
realizaron en diferentes momentos varias revisiones.
La Comisión
Permanente del Congreso de la Unión había solicitado el 20 de enero de 2016 que
se fiscalizara la operación. Eso es lo
que los auditores hicieron y esto encontraron, según la “Auditoría Financiera y
de Cumplimiento 498-DE. Adquisición de Agro Nitrogenados”, incluida en la
Cuenta Pública 2015:
La compra se hizo con base en avalúos
presentados por Altos Hornos de México “tres meses después de la formalización
del contrato”. Y, de hecho, fueron una formalidad, pues el valor de los activos
se “ajustó a hechos consumados, es decir al monto ya
pactado previamente de 275 millones de dólares”.
Un avalúo previo a la compraventa realizado por el Instituto de
Administración y Avalúos de Bienes Nacionales (Indaabin), dependiente de la
Secretaría de Hacienda, situaba el valor
de Agro Nitrogenados en 168 millones de dólares.
Pemex desestimó el avalúo oficial,
por lo que la operación se realizó con un sobrecosto de 95 millones de dólares.
Pemex pagó mil 328 millones de pesos de más por Agro Nitrogenados.
El 60 por ciento de la maquinaria y
equipo de Agro Nitrogenados era inservible.
No se realizaron evaluaciones previas
de los bienes comprados “porque, según Pemex, el vendedor se opuso, ya que de
hacerlo se perdería la garantía de los mismos”.
Era ilógico:
la planta “tenía 14 años sin operar y en
las prácticas de negocios no se conoce que se otorguen garantías a bienes con
considerable antigüedad y que no estén en funcionamiento”.
En el
contrato de compraventa “se consideraron
432 bienes valuados en 26 millones 265 mil dólares (337 millones 934 mil pesos)
que posteriormente se calificaron como material en desuso o chatarra”.
A la fecha
de cierre de la auditoría (26 de enero de 2017) la planta no ha entrado en
operación a pesar de que en el proyecto inicial se estimó que una de las
plantas iniciaría operaciones en noviembre de 2015 y la otra en abril de 2016.
En síntesis:
la adquisición de Agro Nitrogenados “no
se realizó con las mejores condiciones de precio y calidad”.
Una segunda
auditoría, la 438-DE, ahora sobre el
proceso y los costos de la rehabilitación de la planta, encontró lo siguiente,
entre otras cosas:
Se compró una planta de fertilizantes
con “equipo incompleto, en mal estado y no utilizable, con 30 años de
antigüedad”.
La compra careció de estudios y
análisis competentes para garantizar su rentabilidad.
Hubo deficiencias en la evaluación de
la propuesta.
Falta de control del presupuesto y de
los tiempos estipulados en el contrato de rehabilitación.
Falta de experiencia de la empresa
creada por Pemex para producir fertilizantes.
Aumento del monto contratado sin
justificación del aumento de costos.
No hay permisos ambientales.
No se cumplió con la norma sobre uso
de asbesto en techumbres.
La ASF ordenó en enero de 2018 realizar las
investigaciones pertinentes e iniciar procedimientos administrativos por las
irregularidades de servidores públicos que “en su gestión adquirieron una
planta de fertilizantes con equipo incompleto, en mal estado y no utilizable,
con 30 años de antigüedad y 18 años fuera de operación, lo cual no ha generado
utilidad para el Estado”.
La
conclusión: Pemex hizo una mala
adquisición y perdió cientos de millones de dólares.
Pocos meses
después de la llegada de Emilio Lozoya Austin a la Dirección General de Pemex
se puso en marcha un proyecto estratégico de inversión llamado “Fortalecimiento
de las Capacidades Operativas 2013-2015”.
Básicamente,
consistía en adquirir 41 vehículos
terrestres, nueve aeronaves e instalar un Centro de Mando y Control con varios
propósitos, de los cuales dos eran esenciales:
Vigilar por tierra y aire la
infraestructura e instalaciones estratégicas de Pemex.
Interceptar e interrumpir de manera
rápida y efectiva las acciones del crimen organizado mediante la movilización y
el desplazamiento aéreo y terrestre del personal.
Los autores
del proyecto tenían una idea clara de lo que pretendían: mejorar la protección
de las instalaciones de Pemex mediante el aumento de las capacidades de
vigilancia en ductos e infraestructura estratégica con “tecnología de primera
generación”, para “actuar de manera contundente y oportuna” en los lugares
donde se registrara un ilícito.
Argumentaron que eso permitiría
“abatir el mercado ilícito de combustibles” y otras actividades del crimen
organizado” que afectan el desempeño de la empresa.
Para
conseguirlo se necesitaba dedicar una
partida significativa de presupuesto para la compra y el arrendamiento del
equipo: 2 mil 521 millones de pesos.
De todos esos millones de pesos, casi
la mitad se dedicaron para adquirir un avión Gulfstream G550 (733.6 millones),
un avión Cessna Sovereign (203.6 millones) y un helicóptero Eurocopter EC-145
(118.8 millones de pesos) para “el traslado de funcionarios de alto nivel para
toma de decisiones y otras actividades de seguridad nacional”.
El helicóptero fue entregado a
Petróleos Mexicanos el 14 de agosto de 2014. Y pronto se puso en operación. Pasó
el tiempo y los especialistas de la Auditoría Superior de la Federación
decidieron dar una revisada a ese proyecto, en particular al uso del equipo
aéreo de Pemex.
Pidieron documentación, soporte de
los gastos y las bitácoras de los vuelos de esas aeronaves. Pronto hubo
sorpresas: las áreas responsables de Pemex no tenían
ningún registro de los destinos ni de los pasajeros que hacían uso de ellas.
La
Secretaría de Defensa Nacional, cuyo personal conducía las aeronaves, accedió
entonces a entregar las bitácoras de vuelo a los auditores, quienes revisaron
la documentación y encontraron lo siguiente:
Todos los vuelos, tanto del Cessna
Sovereign como del helicóptero Eurocopter, se solicitaron telefónicamente desde
la oficina central de Pemex y las bitácoras del personal militar “sólo indican
el destino al que se trasladó al ‘DG’ (Director General) y pasajeros, sin
especificar los nombres de sus acompañantes”.
En la
revisión hallaron otros datos: Emilio
Lozoya Austin realizó 727 traslados en el Eurocopter durante 2015, lo que
equivale a dos viajes en helicóptero por día.
Esos vuelos, concluyó la Auditoría Superior de la
Federación en su Informe de la Cuenta Pública 2015, no eran ni “estratégicos” ni de “seguridad nacional”.
Revisaron
también el origen y destino de los
vuelos. De los resultados, destaca uno: Lozoya Austin utilizó el helicóptero de
Pemex para realizar 54 vuelos (una vez a la semana en promedio) a la torre
ubicada en Campos Elíseos 29, en Polanco.
Esa dirección es la sede de la Torre
del Grupo Acerero del Norte, desde donde despacha Alonso Ancira, el presidente
de una empresa conocida: Altos Hornos de México.
De: JOSE
IGNACIO RODRIGUEZ REYNA <rodriguezreyna5elab@gmail.com>
Fecha:
lunes, 23 de julio de 2018, 18:38
Para:
Francisco Orduña <forduna@gan.com.mx>
Asunto:
Consulta de Quinto Elemento Lab
Lic.
Francisco Orduña
Director
Corporativo de Comunicación y Relaciones Públicas
Grupo
Acerero del Norte
Estimado
Lic. Orduña:
Le escribo porque como parte de la
investigación que llevan a cabo las autoridades de la Fiscalía General de
Brasil se han obtenido documentos en los que aparece la empresa Altos Hornos de
México SAB de CV.
Es por ello
que me permito hacerle llegar las siguientes preguntas, con el propósito de
incorporar su respuesta al texto de la investigación que será publicado en
breve en varios medios de comunicación.
1) ¿Altos Hornos de México (AHMSA) o alguna de
sus subsidiarias ha tenido relaciones comerciales o empresariales con la
constructora brasileña Odebrecht o alguna de sus filiales en México o en el
extranjero?
2) ¿AHMSA o alguna de sus subsidiarias ha
tenido relaciones comerciales o empresariales con la firma Grangemouth Trading
Company?
3) ¿AHMSA tiene o ha tenido cuentas en el
Meinl Bank, banco con sede en Antigua?
4) Las autoridades de justicia de Brasil
tienen registros de que AHMSA transfirió varios millones de dólares a
principios de 2014 a las cuentas de Grangemouth Trading Company en ese banco.
¿Tienen algún comentario al respecto?
5) Las autoridades de Brasil investigan el
esquema de corrupción ejecutado por Odebrecht a través de varias empresas
offshore como Grangemouth Trading Company. ¿Tiene la empresa alguna idea de por
qué aparece en los registros en posesión de la Fiscalía General de Brasil?
6) Las tres transferencias registradas por la
justicia de Brasil fueron realizadas poco después de que Pemex anunció la
formalización de la compra de Agro Nitrogenados (empresa relacionada
directamente con AHMSA). ¿Tiene la empresa algún comentario al respecto?
Le agradezco
su pronta atención a la presente y quedo atento a sus comentarios.
Ignacio
Rodríguez Reyna
Quinto
Elemento Lab
De:
Francisco Orduña Mangiola <forduna@gan.com.mx>
Fecha: 25 de
julio de 2018, 12:05
Asunto: Re:
Consulta de Quinto Elemento Lab
Hola de
nuevo. Ya hablé con la gente de finanzas y localicé la documentación.
Con base en un contrato firmado en
enero de 2013, Grangemouth participó en un proyecto de expansión de las
siderúrgicas en Monclova, a fin de producir aceros de alta especificación para
la industria automotriz.
En ese
contexto, Grangemouth fue contratada
para asesorar a la empresa en la búsqueda, selección, evaluación y cotización
de los equipos y sistemas, determinación de proveedores en Europa y Asia,
supervisión de la fabricación de la maquinaria, y establecimiento de la
logística de provisionamiento.
A raíz de la
caída internacional de los precios del acero, a inicios de 2014 se determinó suspender y postergar el desarrollo del
proyecto, por lo que de común acuerdo con Grangemouth fue cancelado el contrato
y se pagó en tres exhibiciones la factura emitida por esa empresa, con un total
de USD $3’703,540.57, acorde a los trabajos efectuados hasta el momento.
El proyecto sigue suspendido. AHMSA
no tiene cuentas bancarias en Antigua; se hicieron transferencias al banco y
cuenta que indicó Grangemouth.
Grangemouth
Trading registrada en Escocia en marzo
de 2013 por Vicena Internacional, un despacho británico de abogados
especializados en armar firmas offshore, sin actividad real alguna, utilizadas
a menudo para esconder el origen de recursos financieros que desean ser
ocultados o tienen un origen ilícito.
El día 15 de ese mes Grangemouth
recibió el certificado SL 12621 del registro de Compañías de Escocia. Al pie
del documento firman los socios de la firma: Stitchting Tilbourg Crousing y
Stitching Tocumen, dos fundaciones con sede en Holanda.
El rastro de Grangemouth se hubiese
perdido quizá si su verdadero propietario no hubiese entregado al fiscal
brasileño Orlando Martello los documentos que ayudaran a comprobar que lo
confesado era verdad.
Entre los “datos de corrobación
entregados” el 22 de noviembre de 2016 se halla la estructura de un núcleo de
firmas offshore agrupadas bajo Fincastle Enterprises.
Ahí aparecen las dos fundaciones
holandesas como las propietarias de Grangemouth y de otras cuatro firmas de
papel con sede en Escocia, Nueva Zelanda, Bahamas, Hong Kong y el Reino Unido.
Por encima de ellas se ubican dos
figuras humanas con los nombres de quienes son los últimos y reales
propietarios de este complejo entramado: los hermanos Olívio y Marcelo
Rodrigues.
Uno de ellos es el padre conceptual,
el que imaginó y dio vida a Grangemouth: Olívio Rodriguez Júnior, que hasta
2007 era socio de una correduría de divisas extranjeras, uno de cuyos clientes
era precisamente Odebrecht y su filial Braskem.
A mediados
de ese año Olívio se separó y fundó su propia empresa. Los responsables del
Sector de Operaciones Estructuradas (Departamento de Sobornos) de Odebrecht se
le acercaron entonces y le propusieron trabajar juntos.
Tendría que servir de intermediario
de Odebrecht para realizar “pagos no oficiales” o ilícitos. “Aunque yo no sabía
a quién pagaba ni lo que específicamente estaba pagando, podía imaginar que no
era algo lícito y aun así acepté hacerlo”, confesó ante los fiscales que le
tomaron declaración en noviembre de 2016 en la ciudad de Curitiba, Brasil.
Olívio
Rodrigues es propiamente un “operador”,
como llaman en Odebrecht a quienes les prestan sus servicios para realizar el
pago de sobornos mediante empresas offshore instaladas en paraísos fiscales que
escapen a la vista de las autoridades y que permitan hacer cuantiosas
transacciones sin que sean reportadas.
No era
cualquier operador. En su respectiva
“colaboración premiada”, Hilberto Mascarenhas, el número 1 de toda la
estructura de Odebrecht dedicada a generar y pagar a discreción sobornos a
través de cuentas secretas, definió a Olívio de esta manera:
“Era nuestro mayor y más cercano
operador. Por cuestiones de seguridad y para evitar el riesgo de contaminación
con otras empresas, fue contratado con carácter de exclusividad para constituir
offshores en paraísos fiscales y, a través de ellas, realizar pagos en nombre
nuestro”.
El propio Olívio lo ratificó cuando,
acompañado de sus abogados Paula Sion de Souza y Valdeque Borguez, hizo su
delación premiada: “A fin de hacer viables los pagos de Odebrecht abrí diversas
empresas offshore, con cuentas bancarias, en varios países, y yo figuraba como
el beneficiario último (ultimate beneficial owner) en todas ellas”.
Olívio era muy bueno para esos menesteres. Tanto
que manejaba 20 firmas establecidas en paraísos fiscales, con cuentas en
Antigua y Panamá, desde donde salían millones de dólares para entregar los
sobornos en el extranjero.
Cuando
estalló la Operación Lava Jato, los
fiscales brasileños a cargo de la investigación le entregaron a Olívio
Rodrigues una lista de offshores y le pidieron que revisara sus registros y
averiguará cuánto le pagó a cada una de ellas y de qué cuenta bancaria lo hizo.
El operador estrella de Odebrecht lo
hizo y llegó a una cifra sobre el monto de los sobornos que él había pagado
directamente: “Luego de revisar los registros, la suma totalizó aproximadamente
170 millones de dólares”.
Y en ese
momento se comprometió a entregar a la
Fuerza de Tarea de la PGR brasileña los nombres de las empresas que creó, qué
cantidades salieron de ellas y hacia dónde. Este es el listado que entregó:
Trident
Inter Trading LTD (Antigua)
Fast Tracker
Global Trade
Intercorp Logistic
(Antigua)
Fincastle
Enterprises LTD (Bahamas)
Masterton
Logistics LP (Nueva Zelanda)
Pelican
Venture Capital LCC
Ravenscraig
Engineering LP (Holanda)
Strategic
Project Planning LTD (Islas Vírgenes Británicas)
Yangtai
Trading Limited (Hong Kong)
Baili Island
Trading LTD (Hong Kong)
Provence
Properties LLC (Islas Vírgenes Británicas)
Granite
Investment Fund
Ipex
Investment Fund
Magna
International (Nevis)
Velocity
Construction and Engineering LPP (Reino Unido)
Wahlberg
Investment Consulting LP (Escocia)
Constructora
Internacional del Sur (Panamá)
Klienfeld
Services LTD (Antigua)
Innovation
Research Engineering and Develop LTD (Antigua)
Grangemouth
Trading Company LP (Escocia)
Structure –
April 2014 – Grupo g Anexo 1d by Aristegui Noticias on Scribd
Las tres últimas son de interés
especial para México a la luz de los testimonios jurados de tres de los más
altos ejecutivos de Odebrecht: Luis Mameri, Hilberto Mascarenhas y Luiz de
Meneses Weyll, quienes han contado con exhaustivos detalles cómo es que el
consorcio brasileño presuntamente sobornó con poco más de 10 millones de
dólares a Emilio Lozoya Austin desde 2012 y hasta 2014.
Los tres ex
funcionarios de Odebrecht, actualmente en proceso ante la justicia brasileña,
han accedido a colaborar con los fiscales para obtener una reducción en sus
condenas y han entregado información que respalda sus afirmaciones e
imputaciones.
Por ello han entregado los estados de
cuenta de las empresas offshore. Lo que los reportes bancarios en poder de
Quinto Elemento Lab señalan es lo siguiente:
De Klienfeld
Services LTD salieron más de $524 mil dólares para Zecapan SA.
De
Innovation Research Engineering and Develop LTD se transfirió un total de 3
millones 150 mil dólares para las cuentas de Latin American Asia Capital
Holding.
De
Grangemouth Trading Company LP se hicieron cinco transferencias por un total de
5 millones de dólares a las cuentas de Zecapan SA.
El 2 de febrero de 2018 el diario The
Scotland Herald publicó un reportaje firmado por David Leask, reportero en
jefe, titulado: “Firmas offshore de Escocia tienen un papel clave en un mega
escándalo de corrupción en América”.
“The Herald
–dice el texto– puede revelar que tres
empresas situadas en Edinburgo fueron parte de un elaborado esquema global usado
presuntamente para lavar multimillonarios sobornos pagados a políticos en toda
Latinoamérica”.
Las tres
offshore, continúa el texto, estaban
controladas por Olívio Rodrigues Júnior, uno de los muchos personajes detenidos
el verano pasado en la Operación Lava Jato, junto con Marcelo Odebrecht y el
jefe de gabinete del ex presidente Inazio Lula Da Silva. “El ejecutivo
controlaba 19 de las 40 offshores mencionadas en el caso Lava Jato…, incluidas
las sociedades de participación limitada llamadas Grangemouth Trading Company,
Ravenscraig Engineering y Wahlberg Investments Consulting”.
Una búsqueda
hecha por Quinto Elemento Lab en registros empresariales de Escocia y Reino
Unido arrojó los siguientes resultados:
Grangemouth Trading Company no tiene actividades comerciales ni posee
propiedades, no declara empleados, no cuenta con oficinas, no tiene hipotecas.
No existe de ella ningún rastro
oficial.
Olívio
Rodrigues Júnior, ese hombre de cabello prematuramente cano, ya explicó a los
fiscales brasileños por qué.
* Este
reportaje es parte de las publicaciones de la Red de Investigaciones
Periodísticas Estructuradas, integrada por periodistas de Armando.info en
Venezuela; La Nación de Argentina; La Prensa de Panamá; Sudestada de Uruguay;
Quinto Elemento Lab de México, e IDL-Reporteros de Perú.
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