México y Estados Unidos llegaron el
lunes a un acuerdo preliminar para reemplazar el TLCAN con un nuevo tratado que
estaría dirigido a impulsar la manufactura estadounidense, una medida que
genera ciertas interrogantes y amenaza con afectar las operaciones de empresas
que hacen negocios en el bloque.
Al anunciar
el acuerdo tentativo el lunes en la Casa Blanca, el mandatario estadounidense
dijo que el nuevo tratado podría llamarse “Acuerdo Comercial Estados
Unidos-México” porque, desde su punto de vista, el TLCAN se había granjeado una
reputación de ser dañino para los trabajadores estadounidenses.
El
presidente Donald Trump insinuó que podría dejar fuera del nuevo pacto a
Canadá, el tercer miembro del TLCAN y el segundo socio comercial
estadounidense. Pero dijo que le daría la oportunidad de volver, “si están
dispuestos a negociar de manera justa”. Para aumentar la presión sobre Ottawa,
amenazó con imponer nuevos aranceles a los automóviles canadienses.
La negociadora de Canadá para el
TLCAN, la ministra de Relaciones Exteriores Chrystia Freeland, acortó una gira
por Europa y viajará a Washington el martes para tratar de reanudar las
negociaciones.
“Sólo firmaremos un nuevo TLCAN que
sea bueno para Canadá y bueno para la clase media”, dijo Adam Austen, portavoz
de Freeland, y agregó que “se requiere la firma de Canadá”.
“Todavía hay mucha incertidumbre…
inquietud y nerviosismo. Una sensación de que estamos afuera solo viendo”, dijo
Peter MacKay, exministro de Justicia, de Defensa y de Relaciones Exteriores de
Canadá, quien es ahora socio del bufete Baker McKenzie.
Hubo críticas por la posible
exclusión de Canadá del TLCAN, en parte debido a los riesgos que podría
representar para las compañías involucradas en el comercio internacional.
Muchas empresas de manufactura han construido complejas pero importantes
cadenas de suministro que cruzan las fronteras de los tres socios del TLCAN.
Trump
rápidamente cantó victoria, e hizo notar que los precios de las acciones
repuntaron el lunes, en parte por el aparente avance logrado con los mexicanos.
El
Presidente Donald Trump escucha durante una llamada con el presidente mexicano
Enrique Peña Nieto sobre un acuerdo preliminar para reemplazar el TLCAN, en la
Oficina Oval de la Casa Blanca, el lunes 27 de agosto de 2018. Evan Vucci, AP
El Congreso de Estados Unidos no
votaría el TLCAN sino hasta el próximo año, después de las elecciones de mitad
de periodo programadas para noviembre, las cuales podrían poner fin al control
de los republicanos en la Cámara de Representantes.
“Sigue habiendo muchas preguntas sin
respuesta”, aseveró MacKay. Apuntó, por ejemplo, que Trump no dijo nada el
lunes acerca de levantar los aranceles estadounidenses sobre el acero de México
o Canadá, gravámenes que fueron impuestos en parte para presionar a ambos
países a llegar a un acuerdo sobre el TLCAN.
Pero inicialmente parece una victoria
tentativa en materia de relaciones públicas para Trump, una semana después de
que su exjefe de campaña fue declarado culpable de delitos financieros y de que
su exabogado personal lo implicó en pagos realizados para comprar el silencio
de dos mujeres que afirman haber sostenido un amorío con el mandatario.
Antes de que
el gobierno comenzara a negociar un nuevo TLCAN hace un año, le notificó al
Congreso que estaba iniciando conversaciones con Canadá y México. Así que el
anuncio del lunes genera esta interrogante: ¿Está autorizado a llegar a un
acuerdo con solo uno de los países?
Un alto funcionario gubernamental,
que habló con reporteros bajo condición de anonimato, aseveró que sí: El
gobierno puede decirle al Congreso que ha llegado a un acuerdo con México, y
que Canadá es bienvenido si desea unirse.
Pero otros analistas dijeron que la
respuesta no es clara: “Es una cuestión que nunca ha sido puesta a prueba”,
dijo Lori Wallach, directora del Global Trade Watch, una división de la
organización Public Citizen que se dedica a defender al consumidor.
Incluso el representante republicano
Kevin Brady, presidente de la Comisión de Recursos y Arbitrios de la Cámara de
Representantes y aliado crucial de Trump, expresó cautela sobre el aparente
adelanto del lunes. Brady dijo que prevé “analizar cuidadosamente los detalles y
hacer consultas en las próximas semanas para determinar si la nueva propuesta
cumple con las prioridades comerciales establecidas por el Congreso”.
Y el segundo republicano de mayor
rango en el Senado, John Cornyn, calificó el anuncio del lunes como una “medida
positiva”, pero señaló que Canadá debe formar parte del pacto final.
“Un acuerdo trilateral es el mejor
camino”, dijo, y agregó que millones de empleos están en juego.
Y hay razones políticas para mantener
a Canadá en el bloque. “No será fácil para México vender el ‘Acuerdo de Trump’
en casa si Canadá no considera que es un buen acuerdo”, afirmó Daniel Ujczo,
abogado comercial de la firma Dickinson Wright PLLC. “Va a parecer que México
cedió”.
El gobierno
de México sí ha dicho que desea que Canadá forme parte de un nuevo acuerdo que
reemplace al TLCAN. Pero Luis Videgaray les dijo a los reporteros
que “México tendrá un acuerdo de libre comercio sin importar el desenlace” de
las negociaciones entre Washington y Ottawa.
La Oficina
del Representante Comercial de Estados Unidos dijo el lunes que México ha aceptado garantizar que 75% del producto
automotriz sea producido dentro del bloque comercial (comparado con el 62,5%
actual) para gozar de la exención de aranceles, y que entre 40% y 45% sea
fabricado por trabajadores que ganen al menos 16 dólares la hora. Esos cambios
pretenden impulsar la producción automotriz en Estados Unidos.
Durante meses, las negociaciones
estuvieron estancadas a causa de la insistencia del gobierno de Trump sobre una
“cláusula de caducidad” que permitiría que la versión renegociada del TLCAN
terminara después de cinco años, a menos que los tres países estuvieran de
acuerdo en continuarlo. México y Canadá objetaron la propuesta.
El lunes, el
gobierno de Trump y el de México anunciaron un acuerdo al respecto: el nuevo TLCAN se mantendrá vigente 16
años. Después de los primeros seis años, los países revisarían el acuerdo y
decidirían si es necesario actualizarlo o modificarlo. Entonces acordarían un
nuevo tratado de 16 años o lo dejarían expirar.
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