Javier Risco.
Hace 219
días Miguel Ángel Osorio Chong dejó la Secretaría de Gobernación, lo hizo en
medio del desprecio del presidente Enrique Peña Nieto, quien no apoyó su
candidatura a la Presidencia. Él decidió hacerse a un lado, desaparecer, no
tuvo ningún gesto con el candidato José Antonio Meade y antes recomendó una taquería
de Pachuca a través de sus redes sociales que invitar a ejercer el voto por el
candidato tricolor.
Fue testigo
de cómo se hundía el barco priista, vio el primer debate y reconoció lo que
sería una derrota inevitable. Ante el abandono de su rebaño tricolor, aguantó y
negoció su permanencia como actor central de la política nacional. En las
formas no escritas le dieron otra cachetada, lo que parecía un cantado número
uno en la lista de plurinominales –sus años como secretario de Gobernación
avalaban el gesto– no llegó, fue cuarto en la lista: el desprecio del partido
se demuestra en formas distintas.
No sabemos
si fue por un arreglo interno, por poder decirles “se los dije” o simplemente
por piedad, que, 15 días antes del segundo debate, con la llegada de su amigo
René Juárez a la dirigencia del partido y a la campaña del PRI, decidió cerrar
filas y por fin mostrar una muestra de apoyo a la candidatura priista –no a
Meade. Vio la estrepitosa caída del dinosaurio desde la última fila, nadie lo
recuerda en campaña, lo hizo en silencio y tal vez sonriendo, no fue su
derrota.
Y como la
paciencia recompensa, hoy es la voz más
importante del desgajado partido; tras la caída al barranco del 1 de julio, se
convirtió en su figura. Miguel Ángel coordinará a la “bancada selfie”, a los
restos del PRI que quedaron en el Senado y que por primera vez en su historia
–incluso más que cuando el panismo llegó a los Pinos–, será la principal
oposición y trabajará con lo que tiene. La refundación del PRI está en la
cabeza de todos, sin embargo, deja claro que serán puente, pero también
confrontación.
Hace un par
de noches, en una entrevista que tuve oportunidad de hacerle en El
Financiero-Bloomberg, el exgobernador de Hidalgo y quien encabezó por cinco años la Secretaría de Gobernación, bajo la que
se delineó la fallida estrategia de seguridad de Peña Nieto, alzó la voz y criticó
las decisiones que perfila el nuevo gobierno, como quien sabe que desde el 1 de
julio el gobierno de facto se decide desde la calle de Chihuahua, en la colonia
Roma.
Por ejemplo,
en el tema de estos 32 ‘super-delegados’
que con la pública tarea de cuidar los recursos federales tendrán un poder casi
similar al de los gobernadores electos, señaló: “Lo único que te digo es: hay
un pacto federal, hay la soberanía de los estados, nadie puede estar por encima
de los gobernadores y, por supuesto, por encima de los municipios. Y por
supuesto que vamos a defender lo que vaya en contra de lo que vaya en contra de
la soberanía de los estados y los municipios, así de simple y de fácil. No
pueden venir super-funcionarios, super-delegados, a tratar de gobernar un estado
por nombramiento, cuando en este país se elige quién gobierna un estado y un
municipio”, defendió a los mismos municipios y gobiernos locales los que, en
esta misma entrevista admitió, concentran el problema de la inseguridad.
“(Crear una Secretaría de Seguridad
Pública) no es lo que va a solucionar. Si no se pone énfasis en lo local, en
las policías municipales y las policías estatales. No se confunda que estoy
evadiendo y que estoy haciéndome a un lado (…) si no se pone atención en lo que
es el verdadero problema, que son las policías municipales y las policías
estatales, hagan las reformas que quieran: no va a funcionar”.
Vaya que
Miguel Ángel es un político con un colmillo que le ha permitido estar en las
altas esferas del tricolor por tres décadas. Aun en el barranco en el que se
encuentra hoy, sabe que una de las pocas posibilidades que tendrá su partido de
remontar es siendo la oposición crítica que ellos por tantos años desalentaron.
Habrá que ver si el buen discurso le basta para borrar de la memoria las malas
decisiones que se tomaron en su oficina y enfrentarse a una aplanadora llamada
Morena que por primera vez lo mira desde arriba.
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