Jenaro
Villamil.
Bien advirtió The Economist hace más
de tres años sobre el gobierno de Enrique Peña Nieto: “no entienden que no
entienden”. O, mejor dicho: no hay peor cínico que quien sigue despilfarrando
el dinero público en la misma receta que lo llevó al fracaso.
Y esto es lo que vuelve a hacer
Enrique Peña Nieto en vísperas de su último y sexto informe de gobierno del
próximo 1 de septiembre: “comunicar logros” a partir de publicidad sin
credibilidad, contratos millonarios para las agencias, productores e
intermediarios que se han enriquecido en los últimos años queriendo vender
“percepciones” sin sustento en la realidad.
En su cuenta
de Instagram, el solitario de Los Pinos
afirmó el lunes 13 de agosto: “Trabajaré hasta el último día para cumplirle a
México”. El texto acompañó una foto donde él saluda desde un autobús a un
paisaje borroso, sin gente, sin ciudadanos.
Su noción de
trabajo no es enfrentar la oleada de violencia que aqueja a varias entidades
del país en los últimos dos meses o supervisar los últimos proyectos de
infraestructura. Según su cuenta de
Instagram, su trabajo es el de siempre: comenzar a grabar spots en distintas
regiones del país. El Copete telegénico sonríe, posa en tres cuartos de perfil,
da las gracias a sus simpatizantes.
En varias
estaciones radiofónicas se difundió desde el 13 de agosto lo siguiente:
“El presidente Enrique Peña Nieto
prepara una serie de mensajes que en breve se difundirán en radio y televisión.
Los videos y audios durarán dos minutos y son grabados en Los Pinos, Palacio
Nacional y en varios estados donde ha entregado más grandes obras”.
La reacción
de algunos críticos de su gobierno no se hizo esperar. El productor Epigmenio Ibarra escribió en su cuenta de
Twitter:
“Oiga, @EPN escucho en la radio que
está grabando spots para una campaña publicitaria más en torno a su último
informe. ¿Va a seguir gastando dinero de los contribuyentes en su imagen? ¿A
estas alturas? ¿Luego de su infame gobierno? ¡Qué poca madre la suya!”. El
mensaje de Epigmenio Ibarra fue retuiteado más de 5 mil 500 veces.
“Otro bono de despedida. Ahora para
los medios”, reaccionó Patricia Rodríguez, usuaria de Twitter. Otra más
moderada redactó dirigiéndose a Peña Nieto: “señor @EPN, le pido que ya no
gaste el dinero del pueblo mexicano en publicidad nula. Su tiempo de quedar
bien ya caducó hace mucho tiempo”. Algunos usuarios justificaron esta decisión
porque “tiene que informar”.
Para Peña y sus asesores “informar”
es “publicitar”, “comunicar” es “comprar mensajes”, “trabajar” es “dar una
buena imagen”, y no hay mesura ni austeridad posible en un gobierno que
rebasará los 50 mil millones de pesos en gastos de comunicación social durante
su sexenio y que destinó, tan sólo en redes sociales, 2 mil 758 millones de
pesos, de acuerdo con el Sistema de Gastos en Comunicación Social.
La inversión en redes sociales es el
fracaso más ostentoso del peñismo. Concentró los casi 3 mil millones de pesos
en Twitter y en Facebook, las dos plataformas donde más críticas recibe,
incluida su cuenta en Instagram, donde a veces interactúa.
Entre
septiembre de 2017 y agosto de 2018, Peña
Nieto emitió mensajes en su cuenta de Twitter no para informar, sino para
mandar “condolencias” (la palabra más usada en al menos 37 veces) o para enviar
“felicidades” (usada 35 veces), según el análisis de metadatos del portal
www.sinembargo.mx. En Facebook, la interacción es prácticamente nula. Subió 57
spots sobre su quinto informe de gobierno.
Las más
beneficiadas por este gasto fueron las agencias de marketing digital que
cobraron millonadas de pesos por difundir mensajes sobre el Plan Michoacán, la
prevención del embarazo o la reforma penal. La agencia Agavis Digital S.C. cobró, sólo en 2013, 12 millones de
pesos por estos contratos en la partida 3600. Un estudio de Fundar, Centro de
Análisis e Investigación, calculó que durante el sexenio esta agencia acumuló
contratos por 98.86 millones de pesos.
Otra de las beneficiadas fue la
empresa Estudios Churubusco Azteca S.A., que entre 2013 y 2016 recibió varios
contratos para los materiales audiovisuales del presidente, a pesar de que el
gobierno federal cuenta con infraestructura propia, estudios y camarógrafos
para realizar sus propios spots.
¿Cuál ha sido el impacto social de
este dispendio publicitario con costo al erario? Una reacción boomerang de
efectos catastróficos: más del 90% de los mexicanos consultados en encuestas
recientes consideran como el principal mensaje de Andrés Manuel López Obrador
el proyecto de austeridad que incluye la disminución de los salarios de la alta
burocracia y la reducción al 50% de la publicidad oficial en los medios de
comunicación.
El periódico
Reforma documentó este 14 de agosto otra
veta del despilfarro del gobierno de Peña: el pago a servicios externos
profesionales, científicos, técnicos y otro tipo de asesorías y consultorías
que se destinaron vía la partida 3300. Tan sólo en 2017 sumó en total 63 mil
740 millones de pesos, superior a los 8 mil 65 millones de pesos destinados a
“comunicación social y publicidad” o a los 10 mil 642 millones de pesos en el
rubro de “traslados y viáticos”.
La dependencia que más gastó en la
partida 3300 de “servicios profesionales, técnicos y otros” fue la Secretaría
de Gobernación con 22 mil 809 millones de pesos, 36% del total de ese año,
seguida por Comunicaciones y Transportes (7.6%), la Secretaría de Educación
Pública (6.7%) y Salud (5.9%).
En otras palabras, una alta
burocracia federal, comandada por el peñismo, que además de ganar altos
salarios, tener una nómina abultada de “aviadores” y de asesores, pagó más de
63 mil millones de pesos en un año para que les dijeran cómo hacer ciertos programas
y políticas.
Y el resultado: el desastre y el
desprecio electoral de millones de mexicanos.
Pero eso no
les importa. Peña Nieto seguirá grabando sus spots del sexto informe de
gobierno. A fin que eso sí lo aprendió
en seis años: posar ante una cámara.
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