El PET
inunda océanos y costas: la Organización de las Naciones Unidas (ONU) advierte
que de continuar con este ritmo de consumo y desechos, para el año 2050 habrá
más plástico que peces en el mar.
¿Qué hacer
para evitar que esto ocurra? En entrevista para SinEmbargo, el académico José Guillermo Penieres
Carrillo dice que “la casa más limpia no es la que más se barre, sino la que
menos se ensucia” y lo mismo aplica con el planeta: Generar la menor cantidad
de basura posible es la mejor manera de darle la vuelta a la contaminación.
No obstante,
explica que las características del
polietileno tereftalato de metilo, conocido como PET, lo hacen sumamente
atractivo, pues es un material no tóxico, ligero, higiénico, transparente,
hermético, resistente y además no altera las propiedades de sus contenidos que
generalmente son bebidas.
Hace algunas
semanas, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reveló que el consumo de agua embotellada
ha ido en aumento en los últimos años: en 2015, en el 70.8 por ciento de los
hogares de zonas urbanas se consumía y ya para 2017 la cifra llegó a 76.3 por
ciento.
Penieres,
quien obtuvo el Premio Nacional de Química 2016 por la Sociedad Química de
México en el área de Docencia; José Guadalupe García Estrada y Luis Antonio
Martínez Arellano, investigadores de la Facultad de Estudios Superiores (FES)
Cuautitlán de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), desarrollaron un proceso químico para
degradar el material y reutilizarlo para producir nuevos recipientes e incluso
hacerlo hasta cinco veces más resistente que el acero, tanto que puede ser
reutilizado en la fabricación de chalecos antibalas.
Para lograr
la degradación, abunda el doctor Penieres Carrillo, los químicos añaden trozos de PET en un matraz y después
el catalizador. La mezcla es sometida a calentamiento térmico que resulta en un
sólido amorfo de nombre ácido tereftálico (ATF).
También destaca que las ventajas del
invento desarrollado en la máxima casa de estudios, sobre otras tecnologías, es
principalmente el costo, pues emplean una arcilla natural mexicana como catalizador
y medio de reacción para degradar químicamente el plástico de desecho.
“Es muy económica la metodología y
los rendimientos son excelentes”, afirma el experto. Un kilogramo de esa
arcilla oscila entre los 60 y 80 pesos y es capaz de degradar hasta dos
kilogramos de PET.
UNA SOLUCIÓN.
De acuerdo
con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), México genera alrededor de un millón de
toneladas de PET transformadas en miles de millones de botellas que tardan más
de tres siglos en degradarse.
Los principales daños son visibles en
los océanos, señala el académico, aunque el material no es tóxico tampoco es
biodegradable; permanece en las aguas sin permitir el paso de la luz del sol y
es ingerido por la fauna que en consecuencia muere.
“El problema del PET son los altos
volúmenes que se generan como desechos, como residuos, son cantidades
exorbitantes […] Al no haber medios para su tratamiento se acumulan y causan
problemas”,
advierte.
Evitar la
generación excesiva de residuos, agrega, es obligación de todos, tanto de
autoridades y empresas, como de la sociedad en general.
A las autoridades les corresponde
trabajar en la regulación del uso de este tipo de polímeros; a las empresas,
contar con una alternativa de uso o reciclamiento físico o químico; en la
sociedad debe existir mayor cultura cívica y conciencia de los daños que
provoca el material, por lo que reducir el consumo es la opción.
“Sería bueno que tuvieran el
compromiso de tener una alternativa de reciclamiento”, comenta sobre las empresas.
PROPUESTA
MEXICANA.
Desde 2015,
el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) otorgó a la UNAM la patente por el “Proceso para la despolimerización
y reciclado de polietileno tereftalato de metilo (PET) mediante catálisis
heterogénea con o sin uso de disolventes”.
Aunque pequeñas, medianas y grandes
empresas han mostrado su interés por el proyecto, hasta el momento no se ha
logrado que alguna comience a utilizar la tecnología. Sin embargo, en los próximos días los investigadores se reunirán con representantes
de Coca- Cola para conversar al respecto.
“A nosotros nos parece genial porque
es una de las principales empresas que emplean precisamente el PET”, dice el
académico y subraya que implementar el modelo a gran escala sería benéfico para
el medio ambiente y la sociedad, pues se generarían empleos y habría
disminución importante de los desechos plásticos. El primer paso sería
instaurar una planta piloto que tendría un costo aproximado de 600 mil pesos.
Hace tres
meses, la organización ambientalista
Greenpeace México denunció que las empresas Coca-Cola, Pepsi, Unilever, Nestlé,
Procter & Gamble, Starbucks y McDonald’s “han impuesto” en la vida cotidiana
el uso de envases de plástico en la venta de sus productos, con consecuencias
nocivas a nivel nacional e internacional.
Es por ello que el académico asegura
que la propuesta de la UNAM “es una alternativa mexicana, económica y muy
eficiente”.
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