Sanjuana
Martínez.
Los agoreros andan desatados,
pronosticando el hundimiento del país, el desastre económico, la debacle
democrática. No se cansan, no se aburren, de eso viven. Son los mismos. Llevan
así años y se resisten a cambiar porque ese es su modus vivendi.
Y obvio, todos tienen derecho a disentir, a
criticar, el problema es la superficialidad y el fanatismo en el análisis. Los
agoreros se muestran claramente contra la decisión democrática de los
mexicanos, contra esos 30 millones de personas que votaron por Andrés Manuel
López Obrador.
PARA ELLOS. Son 30 millones de
personas equivocadas, ingenuas o en el peor de los casos, 30 millones de
ignorantes, personas que no piensan, que no analizaron bien su decisión de
elegir a AMLO.
Están en posesión de la verdad.
Siempre. Sin cortapisas.
Y anuncian lo peor: “AMLO será un
dictador”, “AMLO gobernará sin contrapesos”, “AMLO es un traidor”, “AMLO es un
hipócrita”, “AMLO es lo peor de lo peor” ….
Cada
decisión entra al escrutinio particular de los agoreros. Sorprende que el nombramiento de Manuel Bartlett les sorprenda, como
si no conocieran que desde hace años había una estrecha relación entre ambos,
más allá del fraude del 88, Bartlett es compañero de lucha energética de AMLO
desde hace mucho. Bueno o malo el nombramiento, era previsible. Condenable o
no, se esperaba.
Pero a los agoreros no les importa
eso. Ellos anuncian: “AMLO envía señales negativas”, “Ese nombramiento no cayó
bien a los empresarios del sector energético”, “AMLO está provocando un
deterioro operativo de las compañías de energía” …
Los agoreros están molestos, claro,
el presidente electo no les consulta sus decisiones y eso cala. Ellos tenían
mejores gallos para ocupar la CFE, cómo se atreve AMLO a meter a un dinosaurio
priísta, “delincuente electoral”.
Las malas decisiones de AMLO son
suficiente prueba de que el presidente electo, por la voluntad de más de 30
millones de mexicanos, será un dictador implacable, un déspota, un miserable
tirano; capaz de tomar decisiones unilaterales sin consultar a sus 500 colaboradores,
o a los 500 agoreros que viven desde hace años de exhibir su nombre al escarnio
público.
El peligro es inminente, anuncian los
agoreros, nos espera un hombre totalitario, un absolutista sin contrapesos. Es,
aseguran, la llegada nuevamente de la “dictablanda priista”, un caudillo con
facultades meta-constitucionales…. ¡Wow!.
Y muchos nos preguntamos donde estaban esos
agoreros del debilitamiento democrático de nuestro país, ahora muy preocupados
y angustiados por nuestro futuro, cuando el PRI y el PAN se dedicaron a
fabricar fraudes electorales, estructuras paramilitares de seguridad y reformas
metaconstitucionales… ¿dónde?
Esos
agoreros que, critican la falta de
“contrapesos”, que lamentan que hayan sido 30 millones de electores a favor de
AMLO, en lugar de 15 millones para diversificar el voto y los contrapesos de
ambas cámaras, han sido los privilegiados del sistema, son los mismos que ante
las trampas electorales han avalado a las instituciones que las permitieron,
son los mismos que han aceptado los fraudes como un mal menor rumbo a la
democracia plena, son los mismos opinólogos o politólogos, analistas o
periodistas que se dedicaron a recibir las mieles y los beneficios de ser los
“analistas” del establishment del sistema político mexicano. Algunos cobrando
400 mil pesos la hora de conferencia.
Pero no se
preocupen. Todo parece indicar que AMLO
está ahora más interesado por sus enemigos que por sus amigos. Quiere agradar a
todos. Seguramente los privilegios de los agoreros seguirán intactos, porque
aquí lo que se trata es construir la República del Amor.
Hace unos días, lo vimos enumerando
las bondades de José Antonio Meade, olvidando su pasado. Borrón y cuenta nueva.
La nobleza obliga, dijo. Y se refirió a él como un hombre “decente”. Algo
difícil de creer más allá de su deseo de reconciliación. Ya no importa la
Estafa Maestra de la que fue cómplice el ex funcionario peñista y calderonista
fue cómplice, no importa el desvío espectacular de recursos durante los
periodos que ocupó sus puestos en uno y otro gobierno. Meade es “honorable” y
es un camaleón y AMLO es un “perdona vidas”. No problem. Todos contentos.
Más que las
personas congruentes, íntegras y decentes, en
este momento a AMLO le interesa hacer las paces con los corruptos de este
régimen, cerrar el círculo, olvidar sus delitos, sus desfalcos a la nación.
Contentar a los periodistas sicarios dándoles entrevistas, abrazándolos en el
plató de televisión como hizo hace unos días, Martí Batres. Al final, la omertá, la ley del silencio se
impone por la razón de Estado. Y todo se vale. Incluso dejar intacto el
espectro mediático con sus sicarios, mercenarios y analistas del establishment
privilegiado. A AMLO también parece interesarle contener a los periodistas
mercenarios, a los analistas que poco a poco se van acomodando a su gobierno.
Para ellos, seguramente habrá una rebanada del pastel. Aquí, de lo que se
trata, es que todos se queden contentos, incluidos los suyos, por eso quiere
cumplir cabalmente con las llamadas cuotas políticas y aceptar a un Bartlett
frente al aluvión de críticas, el objetivo es dejar contentas también a sus
tribus moneristas.
Y tal vez, esos agoreros que
pronostican que vamos hacia una dictadura, sin más fundamento, que sus propios
fundamentalísimos políticos y de intereses económicos, tampoco les vaya mal.
AMLO quiere que a todos les vaya bien en su gobierno, aunque al hacerlo quede
en entredicho su propia promesa de cambio.
¿Cuál
cambio?… No lo sé. AMLO aún no llega al
gobierno. Un detalle que parecen olvidar muchos. Enrique Peña Nieto nada de
muertito, mientras el que parece gobernar es el presidente electo. Es una
anomalía, pero es real. Insisto, aún no es 1 diciembre. Y no tengo la bola de
cristal que consultan los agoreros para pronosticar que será un dictador.
Lo que si es evidente, es que si AMLO
quiere ser monedita de oro y caerle bien a todos, haciendo las pases, abrazando
y dando la mano a corruptos, y a políticos y funcionarios sinvergüenzas que
llevaron al país a la debacle, causantes de tanta pobreza y dolor, difícilmente
viviremos un verdadero cambio. Pero antes de vaticinar lo peor o lo mejor, y
sumarme al ejército de agoreros, prefiero esperar, dar el beneficio de la duda.
Pienso que 30 millones de mexicanos se lo merecen. ¿No creen?
Paciencia,
por favor.
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