Martín
Moreno.
-En el Estado de México, prácticamente
todo el dinero para Salud que reciben, se lo roban-, me comenta un mexiquense
que conoce, desde hace décadas, las tripas, costumbres y manejos de la clase
política heredera de las mañas de Hank González.
“Político
pobre, es un pobre político…”, decía el
propio Hank, ex Gobernador, ex regente capitalino, ex secretario de Estado.
Desde todas sus posiciones se enriqueció brutalmente con negocios al amparo del
poder político y repartiendo el erario público a su antojo, sin que nadie se lo
reclamara.
Hank tuvo herederos directos e
indirectos en la manera de aprovechar un cargo político para enriquecer a
familias, aliados, socios y amigos, además del peculio personal:
Directos: Arturo Montiel, Alfredo del Mazo padre,
Enrique Peña Nieto quien – milagro de la política mexicana-, a los… ¡16 años
compró su primera casa sin siquiera trabajar!, según su declaración
patrimonial. (A mayor detalle sobre el desaforado enriquecimiento de Peña y sus
finanzas personales, ver libro El derrumbe. Capítulo “La fortuna del señor
Peña”. Martín Moreno. Edit. Random House / Aguilar).
Indirectos: Humberto Moreira, Javier Duarte, César
Duarte, Roberto Borge, entre muchos otros.
Moreira endeudó de forma irresponsable y
brutal a Coahuila.
Javier Duarte quebró financieramente a un estado:
Veracruz.
César Duarte llevó prácticamente, por el mismo
camino, a Chihuahua.
Borge saqueó a Quintana Roo.
¡Ya basta, partida de pillos!
Estarán en la cárcel, o prófugos,
pero lo cierto y doloroso es cómo quebraron a sus respectivas entidades:
robándose (literal) el erario público. Vamos, el Duarte chihuahuense hasta un
banco se compró para bursatilizar el saqueo.
¡Ya basta, partida de pillos!
¿A qué llegan los 32 delegados
estatales y 264 regionales designados por el presidente electo, López Obrador,
a las entidades?
Sencillo: a cortarle las uñas a los gobernadores. A
que no se roben más dinero. A cortar de tajo la corrupción. Principalmente, a
frenar la voracidad de los priistas. ¡Algo tenía ya qué hacerse para evitar que
se siga saqueando al país!
Basta
echarle un vistazo a la información de ayer en diario Reforma en su primera
plana:
Los súperdelegados tendrán tres
misiones fundamentales:
Garantizar que el gasto federal
llegue a obras, sin intermediarios. (Es decir: serán
recursos manejados directamente por los delegados, sin intervención del
gobernador en turno, familiares, socios o amigos).
Vigilar compras con recursos
federales y transparentar licitaciones. (Es decir: adiós al
favoritismo a proveedores socios del gobernador y a contratos asignados de
forma directa, sin concursar, con la debida tajada económica para el bolsillo
del gobernante o del secretario estatal correspondiente).
Depurar padrones de beneficiarios de
programas sociales.
(Es decir: se acaban los aviadores,
líderes políticos o grupos sociales que sin merecerlo, son beneficiados
directamente con programas exclusivos para los más pobres, y después ser
utilizados política y electoralmente por el gobierno y el partido que en ese
momento gobierna. Grupos clientelares, pues).
“Todos los recursos de obras
federales no se van a entregar a los estados, porque acostumbran a quedarse con
el 10 o el 20 por ciento del recurso, con el moche y hasta ponen al
constructor”, apunta
la reportera Claudia Guerrero en el mismo diario.
Es decir: adiós a los nefastos moches.
Aún más:
La próxima secretaria de Gobernación,
Olga Sánchez Cordero, reveló que “los delegados manejarán los recursos que a
través de Sedesol y diversos programas, siempre ha manejado el gobierno
federal. Los recursos bajarán ahora a través de un solo delegado”.
Es decir: los gobernadores no podrán robarse el
dinero público.
Algunos
advierten: es violación al pacto
federal. Se quejan: los delegados serán virreyes en los estados, por encima de
los gobernadores. Señalan: AMLO busca restaurar el control político del Presidente
en todo el país.
Será el sereno, pero algo tenía qué hacerse para frenar el agraviante saqueo de los
gobernadores con los recursos públicos. Para evitar más Duartes. Para impedir
más quiebras financieras estatales.
¡Ya basta, partida de pillos!
Sin dinero,
el PRI es un partido inoperante, inútil. Muerto.
Y esa
también es la intención: reducir al PRI a su mínima expresión, hasta
desaparecerlo.
Lo hemos
dicho: el PRI ya es anacrónico para los nuevos tiempos del país. El PRI es dañino
a la democracia porque no la conoce ni la práctica. El PRI ya caducó. Ya fue.
Con el
tiempo, diluir al PRI.
¿Cómo?
Ese será
tema de otra columna.
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