Gabriel Sosa Plata.
Antonio “Toño” Esquinca, el conductor
de radio, regresó a la estación 91.3 de Grupo Radio Centro (GRC), luego de
haber sido suspendido hace más de un mes por presentarse en estado
inconveniente a la radiodifusora e insultar -al aire- a Andrés Manuel López
Obrador, entonces candidato a la presidencia.
Ayer todo
fue distinto. Del insulto pasó a la
reconciliación. Me sumo a AMLO “ya que todos vamos en el mismo barco”, dijo, y
agregó: “le reitero mi completo apoyo y respeto”. También precisó que él no se
va del país, como había dicho que lo haría si ganaba López Obrador.
Habrá quien diga que a Esquinca lo
doblaron mediante amenazas, como ha ocurrido con periodistas críticos de López
Obrador, ya confirmado el triunfo del fundador de Morena. Sin embargo, hasta ahora, nadie ha demostrado que detrás de los cambios en el ámbito
periodístico esté la mano censora del tabasqueño o alguien de su equipo de
colaboradores.
Esquinca quizás actúa con convicción,
pero no deja de hacer política y relaciones públicas, como lo hacen
propietarios y directivos de medios de comunicación. Al ganador de las
elecciones y futuro presidente de México se le trata ya muy distinto, a
diferencia de lo que ocurría cuando era candidato.
Es comprensible este cambio. El
presidencialismo pesa mucho en nuestra cultura política. Ningún medio desea
alguna confrontación o diferencia importante con el titular de la institución
con mayor jerarquía y poder en México. Y menos aún cuando el gobierno federal
es uno de los clientes más importantes para los medios electrónicos e impresos
por la publicidad gubernamental, no obstante que se prevén modificaciones en la
asignación de este gasto.
Esquinca en realidad actúa como la mayoría de los
empresarios de la radio y la televisión. Algo similar veremos en otros espacios
mediáticos en los que López Obrador era el ser más detestado, porque en la
industria se considera al presidente de la República como alguien que debe
protegerse, respetarse y cuidarse. Es una institución casi intocada. Se trata
de una de las reglas no escritas que prevalecen en la relación poder
político-medios de comunicación.
Esta regla no escrita es la que llevó
a los medios de comunicación más grandes a solapar, ignorar o evadir hechos que
por alguna razón dañan la imagen presidencial. Por eso, por
citar un caso, en el 2014, era impensable que un reportaje como el de la “casa
blanca” de Peña Nieto tuviera cabida en noticiarios de mayor cobertura en el
país. Recuérdese que dicho reportaje fue difundido, en principio, en Aristegui
Noticias, revista Proceso y algunos medios de comunicación extranjeros, y NO desde
donde se gestó: MVS Radio.
Así que por
decisión propia más que por presiones, Esquinca,
como otros conductores y periodistas, al igual que empresarios de los medios,
no harán por ahora una guerra contra López Obrador, como la que hicieron antes.
El panorama es totalmente distinto y se está en una etapa de reacomodos, de
presentación de cartas, de incertidumbre, que tendrá mayor claridad una vez que
se concrete formalmente el cambio político en los próximos meses.
Empero, lo que la ciudadanía y las audiencias
deseamos es que la consolidación democrática lleve a los medios de comunicación
a actuar con independencia, profesionalismo y ética. Y si ello implica criticar
o denunciar a López Obrador o a cualquier otro funcionario público, lo deberían
hacer bajo los mismos principios. Para llegar a una transformación así es
indispensable que el futuro gobierno ponga en práctica una nueva política de
comunicación y de relación con los medios de comunicación.
SALMA JALIFE.
También ayer fue noticia el anuncio
de que Salma Jalife será la nueva subsecretaria de Comunicaciones en la
Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT). Su nombramiento es un gran
acierto. La ingeniera en Computación por la UNAM, integrante del Consejo
Consultivo del IFT y coordinadora de Asuntos Internacionales de la Corporación
Universitaria para el Desarrollo de Internet (CUDI) es una profesional
reconocida, muy destacada y con una larga trayectoria, a quien no se le conocen
compromisos con alguna empresa del sector.
Jalife ha dedicado parte importante de su vida
profesional en el desarrollo de internet, en la conectividad, en la función
social de las telecomunicaciones. Por eso su perfil encaja muy bien en los
objetivos del gobierno de López Obrador para abatir la brecha digital. El éxito
de su encomienda dependerá no sólo de la experiencia y visión de la nueva
subsecretaria, sino de los recursos que le sean asignados y la voluntad
política de la futura administración.
Conocí a
Salma Jalife en el marco de la imposición de la llamada “ley Televisa”. Desde la Comisión Federal de
Telecomunicaciones (Cofetel), se opuso a una reforma que era contraria al
interés general. Su congruencia y su compromiso con la sociedad se ha
demostrado en los cargos que ha ejercido, sin dejar de lado la relevancia de la
iniciativa privada en la innovación y en la relevancia de las tecnologías
disruptivas. Muchas felicidades.
Por cierto,
muchos rumores de quienes podrían ser las o los titulares de Canal 22, Once TV,
el IMER, Radio Educación y Notimex. Los medios públicos son eje fundamental en
la nueva política de comunicación que se espera del gobierno de López Obrador y
son considerados como estratégicos en la plataforma de Morena. Esperamos que estos nombramientos sean tan
bienvenidos como el de Salma Jalife.
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