jueves, 6 de septiembre de 2018

La guerra por el huachicol es ya con los cárteles, y el Estado también la lleva perdida.



Las estrategias han fallado una y otra vez. El gobierno ha variado los operativos e incorporó de lleno al Ejército Mexicano y a la Marina. Sin embargo, los resultados no son los necesarios y las batallas se siguen perdiendo. Se trata de la “guerra por el huachicol”, o el robo de hidrocarburos que sigue sin freno en el país.

No por nada, el tema aparece frecuentemente en los discursos del Presidente Electo, Andrés Manuel López Obrador, que entre las iniciativas de modificaciones a la ley, además de prometer una batida contra la corrupción promoverá que todas las modalidades de hurto de combustibles sean establecidas en el Código Penal Federal como delito grave, y se decrete prisión preventiva de forma oficiosa a los imputados.

Y es que además de las cifras del fenómeno delictivo, que se convirtió en uno de los más lucrativos para el crimen organizado, los hechos son insostenibles. Balaceras, llamaradas o explosiones en los ductos de Petróleos Mexicanos (Pemex), policías y políticos involucrados, trabajadores de la paraestatal al servicio de los huachicoleros y ahora familias enteras metidas al ilícito negocio desafiando a la autoridad.

Cada año se bate el récord anterior de tomas clandestinas conseguidas por los delincuentes y también la cuantía en pérdidas económicas para la otrora empresa de “todos los mexicanos”. En 2017 se registraron 10 mil 363 perforaciones en los ductos, un 50.7 por ciento más que el año inmediato anterior, lo que significó un déficit de 30 mil millones de pesos en ese periodo.

Este tipo de delito trae aparejada otra serie de delitos, como son el robo de tractocamiones, remolques, pipas, contenedores y camionetas. Por si fuera poco, Pemex sufre la sustracción de equipos en las mismísimas plataformas marinas y los gastos para hacer las reparaciones de la red de ductos se disparan, ocasionando en diversas ocasiones desabasto en el suministro de combustible en diversas entidades federativas.

El huachicoleo afecta a 25 de los estados del país, pero el problema está más focalizado en Puebla, Veracruz, Tamaulipas y Guanajuato, con un creciente avance en este último año en Hidalgo, Morelos y el Estado de México.

Tan solo en la Ciudad de México, que no está entre los primeros lugares de robo de hidrocarburos, el ilícito creció 406 por ciento de enero a mayo del año en curso, al detectarse 76 tomas clandestinas, cuando en todo el año anterior se reportaron 15.

Las autoridades han intentado de todo. Supuestamente enviarían los productos: diésel, gasolina y turbosina, sin terminar, para que en las refinerías se les diera el acabado, y así, de ser sustraído el producto crudo por delincuentes no les serviría. Pero decir “refinerías” -en plural- en México es un mal chiste. Luego se ha optado por otras estrategias que tampoco han llegado a buen término.

Luego, en 2017, se informó que en el país se había adoptado el modelo colombiano para abatir estos delitos. El entonces Procurador General de la República, Raúl Cervantes, aseguró que se hacía una homologación de criterio con la experiencia colombiana que lograron reducir sensiblemente el robo de recursos petrolíferos. Se hablaba de protocolos y manuales facilitados por la Fiscalía y la Policía Nacional de Colombia, por la empresa petrolera sudamericana, para crear inteligencia sobre el tema. Nada pasó.

Hoy las autoridades justifican el aumento en la sustracción ilícita de combustibles realizando una especie de espejeo con el fenómeno del narcotráfico, con la atomización del menudeo. Renato Sales Heredia bautizó esa venta al detalle como el “huachicomenudeo” y dijo en mayo último que estos delitos se combaten de forma coordinada para ir no solo por los que roban energéticos, sino por quienes los ofertan y también por quienes los demandan.

La Procuraduría General de la República (PGR) representada por la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO), a través de diversas unidades especializadas, Pemex, el Centro de Información y Seguridad Nacional (CISEN), la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) y la Secretaría de Marina Armada de México (SEMAR), atacan el problema que no fue atendido oportunamente.

LAS CLAVES DEL FENÓMENO.

– Jornaleros están dejando labores del campo para participar en la industria del huachicol

– Huachicoleros ganan ilícitamente en conjunto $2 mdp por día.

– Roban camiones y camionetas para el transporte del combustible.

– Se estima que en el país, tres de cada diez tráileres y ómnibus de pasajeros surten sus tanques con producto ilícito.

– Mujeres y niños se incorporan al negocio ilegal.

– A los jóvenes les pagan entre 10 mil y 15 mil pesos mensuales.

– El conflicto por el control de territorios se refleja también en el “huachicomenudeo”.

– El 44 por ciento de los detenidos por este ilícito recuperan su libertad.

– En diez años 144 trabajadores de Pemex han sido detenidos en 17 estados.

– Policías se involucran en la protección de las redes de ladrones de combustible.

– También se menciona a políticos en Puebla y Guanajuato vinculados con las bandas.

– Detener y castigar a clientes de chupaductos, nueva estrategia gubernamental.

– Gran parte del combustible robado no se distribuye al menudeo; se vende a industrias

– Delito de robo, posesión o transporte de hidrocarburo no amerita prisión preventiva oficiosa.

– Valor del combustible robado ($30 mil mdp anuales), triplica monto del fondo para seguridad.

IMPUNIDAD

Aníbal N. se encuentra preso desde el 28 de abril 2016. Lo detuvieron en el municipio de Singuilucan, en el estado de Hidalgo. Policías observaron un camión doble rodado de color rojo a exceso de velocidad y decidieron ir en su persecución. El chofer frenó, se bajó de la unidad y corrió al monte. Su acompañante, precisamente el hoy detenido, atolondrado, cuando quiso pegar carrera ya no lo pudo hacer.

En el camión asegurado había cuatro contenedores con capacidad para mil litros cada uno, casi llenos de gasolina Premium. En total 3 mil 805 litros. Aníbal declaró que solo iba a acompañar a su amigo a entregar el vehículo y que desconocía la ilicitud en su actuar. En agosto de 2016 fue condenado a 10 años de prisión por posesión ilícita del hidrocarburo y en octubre de 2017 le fue confirmada la pena.

Mala suerte para el condenado. La mayoría de los detenidos por delitos similares quedan en la impunidad. Según la paraestatal, el año pasado presentó más de 10 mil denuncias por la ordeña de sus ductos, lográndose la detención de mil 827 implicados en tomas clandestinas, conducción de vehículos, almacenamiento o simple posesión de hidrocarburo, de los cuales mil 717 recuperaron su libertad. Aníbal forma parte de ese magro 6 por ciento que quedó en prisión.

Otro dato revelador muestra como de 17 mil 217 detenidos por la sustracción de energéticos de Pemex, entre 2015 y 2017, nada más 343 fueron sentenciados; es decir, solamente el dos por ciento. Puebla con 21 condenas y Veracruz con cuatro. Eso es en cuanto a imputados, pero obviamente en la mayoría de los daños a ductos y por robo no hay detenidos. Se forman miles de carpetas de investigación sin que jamás se sepa quién o quiénes fueron los autores de los delitos. De estas indagatorias sin detenido se sabe que tan solo el año pasado, la Procuraduría General de la República integró casi tres mil.

Una de las principales dificultades que enfrentan Pemex y el Ministerio Público Federal en los casos en que sí hay imputados es que al no ser considerado un delito grave, muchos de los detenidos no entran a prisión y otros reciben del juez el beneficio de una medida cautelar distinta a la de prisión preventiva para enfrentar su juicio en libertad.

Lo que en un principio costaba a Pemex y las autoridades ministeriales reconocer, que empleados de confianza o del sindicato, o ex trabajadores de la petrolera estuviesen involucrados, no pudo seguir en el oscurantismo.

Es una realidad que personal de la paraestatal participa en la sustracción y otras actividades de los huachicoleros. En diez años fueron detenidos 144 empleados de Pemex Refinación, principalmente choferes, de seguridad física, ingenieros, superintendentes y operadores de bombeo.

Hoy en día, la Secretaría de la Función Pública (SPF), a través de la Unidad de Responsabilidades en Pemex, investiga una banda de al menos 40 trabajadores que robaban hidrocarburos alterando instrumentos de medición para sobrellenar las pipas que salían a proveer gasolina o diésel a gasolinerías desde la terminal de almacenamiento de Chihuahua. Al menos eso informó la dependencia a finales de 2017, pero como suele ocurrir ya no se conoció el desenlace de las pesquisas.

En marzo de este año, la misma SPF suspendió a ocho trabajadores de Petróleos Mexicanos que presuntamente participaron en la manipulación y alteración de las válvulas de seccionamiento San Octavio, del Poliducto Minatitlán–México, en Acayucan, Veracruz. De esa forma sustraían hidrocarburo. Las investigaciones continúan y tampoco se conoce el resultado de las indagatorias.

En abril reciente, el pleno del Senado de la República aprobó reformas a la Ley Federal para Prevenir y Sancionar los Delitos Cometidos en Materia de Hidrocarburos, con lo que avaló endurecer con más años de prisión las penas por este delito. La iniciativa de reforma establece sanciones de 20 a 30 años de prisión, en lugar de 15 a 25 años, y multas de 20 mil a 25 veces la Unidad de Medida y Actualización, a quienes sustraigan hidrocarburos de ductos, vehículos, equipos o instalaciones. El dictamen también aumenta los años de prisión a quien compre, comercialice, transporte o almacene hidrocarburos sin derechos, así como a quien altere el producto.

Falta de optimismo y reconociendo el tamaño del problema, Pemex reconoce que las estrategias de seguridad que ha implementado en coordinación con otras dependencias, para combatir la ordeña de combustible, darían resultado hasta el año 2025.

GUANAJUATO Y PUEBLA.

La situación se ha tornado de extrema gravedad en el robo de hidrocarburos en los estados de Guanajuato y Puebla, donde la violencia se ha dejado sentir entre las células de huachicoleros y en contra de representantes de la ley. Incluso con la infiltración de algunos elementos y mandos de los cuerpos policiales, lo que ha incrementado el número de policías asesinados en la Región del Bajío y la muerte de militares o marinos en enfrentamientos en Puebla.

En Puebla, la situación es tan delicada que varios alcaldes y hasta ex gobernadores han sido señalados de tener vínculos con huachicoleros. Pemex ha cancelado el contrato o franquicia de siete gasolinerías por la compra y venta de hidrocarburo ilícito. Y las balaceras entre delincuentes o emboscadas a militares y marinos son frecuentes, sobre todo en la zona de San Martín Texmelucan.

Tan solo en 2017 en Puebla se registraron 958 tomas clandestinas y las autoridades realizaron mil 679 operativos contra los “chupaductos”. Se recuperaron 4 millones 869 mil 640 litros de hidrocarburo robado en distintos municipios de esa entidad y fueron detenidos 732 presuntos delincuentes.

El hombre que tiene de cabeza la región, incluidos los estados de Veracruz, Tlaxacala, Tabasco y Oaxaca, responde al nombre de Roberto de los Santos de Jesús “El Bukanas”, por quien el gobierno veracruzano incrementó -en mayo- de uno a cinco millones de pesos la recompensa por información que lleve a su localización y captura. Tabasco, por su parte, se previene ante un posible “efecto cucaracha” por la supuesta persecución de los huachicoleros poblanos.

CASO SINALOA.

El poder de las organizaciones criminales dedicadas al robo de combustibles se hace patente en el estado de Sinaloa, donde Petróleos Mexicano prefirió cerrar un ducto que continuar perdiendo producto propio y de particulares que ya trabajan bajo el esquema de la Reforma Energética y eran víctimas constantes de los huachicoleros.

A principios de año, Pemex presentó una denuncia penal ante la Procuraduría General de la República, en contra de quien resulte responsable, por la sustracción de hidrocarburos en Sinaloa a través de tomas clandestinas en el ducto. Un video colgado en redes sociales desnudó el problema. En imágenes se observa que un vehículo de la paraestatal circula junto a un grupo de personas que roban combustible por medio de perforaciones al ducto y que los trabajadores de la petrolera no intervinieron ni denunciaron el hecho.

Las tomas ilegales en esa entidad se han duplicado. En el primer trimestre del año se informó de 252 perforaciones a las redes de Pemex, siendo que el año pasado, en el mismo periodo, apenas se reportaron 128. Los esfuerzos por combatir el delito en municipios como Culiacán, Angostura, Mocorito y Guasave, fracasaron. Las ordeñas continuaron en cantidad de tres por día; lo que motivó a las autoridades a cerrar el ducto, en el tramo de Guamúchil a la capital sinaloense.

Finalmente, desde enero, la empresa mexicana no ha reabierto el referido tubo que envía gasolina y diesel de Topolobampo a Culiacán. El ducto era rentado a particulares para el trasiego de sus productos, pero a partir de junio Pemex pidió que se retirara el tramo de la subasta de ductos que lanzó del Sistema Pacífico. Según Grupo Reforma, el cierre de la red ocasionó pérdidas a los gasolineros de ese estado en un 30 por ciento de sus ventas en promedio.

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