Envuelta en un sucio cobertor, en la
banqueta de la calle J.B. Lobos, en el puerto de Veracruz, el fin de semana fue
encontrado el cuerpo sin vida de Ángela Esmeralda Rodríguez Carvajal, de apenas
19 años y embarazada de siete meses. Casi de inmediato, las autoridades
ministeriales de Veracruz indicaron que murió por una hemorragia y por no
expulsar la placenta al “practicarse un aborto”.
Pero la familia pide que la joven no
sea criminalizada. Asegura que Ángeles no abortó y que su bebé está
desaparecido. Exigen a las autoridades
que busquen a la criatura. Alertan que pudo ser robado, y no es una locura:
allí mismo, en Veracruz, una madre fue asesinada para extraerle su bebé. En su
momento, cuando este caso fue denunciado, salieron otros.
Ángeles fue criminalizada casi de
inmediato.
La Policía Ministerial manejó el caso
bajo el entendimiento de que ella había intentado abortar y que tratarían de
ubicar el paradero del producto. Así se filtró a la prensa de Veracruz.
De acuerdo con el parte médico que se
extendió sobre la muerte de la joven, falleció por una hemorragia transvaginal,
pero también detectaron que el cordón umbilical del bebé fue cortado. Esto
provocó dudas en la familia, que sabía que ella no quería abortar a su bebé.
Además, tenía siete meses de embarazo y quería conservarlo.
“A las autoridades, al señor
Gobernador le pedimos justicia. Antes que nada, quiero pedirle a los medios de
comunicación, porque un dictamen de un médico legisla oficial está corroborando
que mi sobrina tuvo un parto por vía normal, y ese niño que ella llevaba no
aparece ni vivo ni muerto”, dijo Lidia Castillo Carvajal, tía de la víctima.
Ángela desapareció hace tres semanas. La última
vez que supieron de ella fue cuando estuvo en el hospital de Alta Especialidad
de Veracruz por una descompensación por una falla renal aguda y desnutrición,
de modo que necesitó una transfusión sanguínea. Es decir, estaba recibiendo
atención médica. Ahí permaneció cerca de un mes. Pero logró recuperarse y salir
bien.
“Tampoco aparece el bebé ni indicios
del bebé. Y ya es un bebé de siete meses, no es un feto que no esté formado.
Entonces ¡queremos justicia! ¡Que aparezca el bebé para saber realmente [qué
pasó]! ¿A dónde está el bebé y a manos de quién fue a parar? Necesitamos dar
con el paradero del bebé ya que eso le quitó la vida a mi sobrina”, pidió la tía.
Ángela y sus
tres hermanos son huérfanos desde hace ocho años. Viven solos en el mismo
domicilio donde velaron el cuerpo de la joven este lunes. Ella estuvo pasando
unos meses con la señora María, una mujer que le dejaba quedarse en su casa.
“Ya que mi sobrina perdió la vida,
nosotros queremos, necesitamos saber y le pedimos a la sociedad entera, si
alguien sabe nos hagan el favor de decir dónde está mi sobrinito. ¿Dónde está
el bebé de ella porque tiene que aparecer en algún lugar, vivo o muerto”, reiteró Lidia Castillo?
“Queremos al niño porque a ella ya no
la podremos volver a la vida, pero es necesario que las autoridades hagan su
trabajo. ¡Queremos justicia! ya estuvo bueno de quedarnos callados; señala doña Lidia Castillo Carbajal
de 41 años”, añadió.
El caso
quedó radicado en la carpeta de investigación 2114/2018, oficio 1748/2018, donde se asentó formalmente que la causa de
la muerte fue: Choque hipovolémico secundaria a hemorragia por atonía uterina y
retención placentaria.
No obstante,
la familia no acepta este dictamen y
exige que las autoridades recuperen al niño, pues sospechan que la joven murió
como la mujer de Alvarado a la que asesinaron para extirparle a su bebé de
manera reciente.
Giovanna
Rodríguez Carvajal, hermana de la
víctima, explicó que Ángeles no abortó y que a pesar de su humilde condición
había estado al pendiente de su embarazo. Lo cual también corroboró Óscar
Fuentes, activista y vecino de la joven, quien dijo que ella ya había llegado a
las 32 semanas de gestación.
EL SEPELIO
El pasado
martes, el cuerpo de la muchacha fue velado en medio de las exigencias de sus
familiares de que den con el paradero del bebé.
“Hasta ahorita las autoridades no han
dicho nada; pedimos justicia para encontrar a mi sobrino sea vivo o sea muerto
lo queremos”, sentenciaron sus familiares y agregaron que quieren que la
sociedad sepa que ella no se provocó un aborto e incluso ha sido juzgada de
forma “cruel”, pues
así se manejó en un principio.
El cuerpo de la joven que se
convertiría en madre fue velado en una casa de paredes que, literalmente, se
caen a pedazos y sus restos reposaron en un ataúd gris para el cual los vecinos
se cooperaron, pues la familia es de recursos limitados.
En el marco
del sepelio, dos de los hermanos de Ángela portaron cartulinas donde se leían
frases que clamaban justicia por este feminicidio.
Los vecinos, conmovidos por la
tragedia, cooperaron para pagar los gastos del entierro, que alcanzó para el
café, algo de pan, alquilar sillas y una carpa, para pagar los gastos de la
funeraria que sólo les mandó el féretro gris, dos jarrones para flores y una
cruz plateada con un Cristo.
Para Ángela no hubo mampara ni muchas
flores, apenas dos rollos y una cruz hecha con veladoras a los pies para
alumbrar su camino. El camión que llevó a los acompañantes y dolientes al
panteón municipal donde fue sepultada y solo su descenso tres metros bajo
tierra fue acompañado por los rezos solidarios de su vecino Oscar Fuentes.
En este sepelio no hubo música como
en otros, largas filas de acompañantes, tampoco coronas, arreglos ni grandes
ramos de flores, ninguna organización defensora de las mujeres, ninguna
autoridad que se presentara para ofrecer ayuda jurídica para apoyar a la
familia en la búsqueda del hijo de Ángela. Ni la diputada panista por este
distrito Mary José Gamboa o la representante del Instituto de la Mujer en
Veracruz, Blanca Aquino. Nadie, ya no es época de campañas.

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