Jenaro
Villamil.
A 28 días de que se conmemoren los 50
años de la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco, la violenta provocación
surgió este lunes 3 en la explanada de Rectoría: un grupo de porros atacó de
manera artera, impune, sin que ningún cuerpo de seguridad interviniera, una
manifestación pacífica de estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades
(CCH) de Azcapotzalco. Al menos 14 jóvenes resultaron lesionados.
Los datos
preliminares señalaron a dos estudiantes
graves tras las agresiones: Emilio Aguilar Sánchez, alumno de la Escuela
Nacional Preparatoria Número 6, y Joel Meza García, de la Facultad de Filosofía
y Letras.
La
consternación fue generalizada en las redes sociales y en los principales
campos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Desde el principio se señaló a tres grupos
porriles identificados como “Treinta y Dos” del CCH Azcapotzalco, “3 de Marzo”
del CCH Vallejo, y “Federación de Estudiantes de Naucalpan”, organizados
precisamente para desestabilizar, generar conflictos y agresiones que
justifiquen el uso de la fuerza pública… tal como ocurrió hace cinco décadas.
La reacción este martes 4 ha sido
intensa. En las redes sociales se promovió el hashtag #UNAMenPaz, así como una
serie de fotografías para identificar a los presuntos agresores.
Un total de 32 planteles iniciaron un
paro de 48 horas y algunos planean llegar a 72 horas. Entre ellos se encuentran
los CCH de Azcapotzalco, Naucalpan Sur, Oriente y Vallejo, las preparatorias 2,
5 y 6, así como las facultades de Ciencias Políticas, Filosofía y Letras,
Arquitectura, Psicología, Derecho, Economía, Químicas y Ciencias, más las FES
de Acatlán, Iztacala, Aragón, Cuautitlán, el CUEC y la Escuela Nacional de
Lengua, Lingüística y Traducción.
Ha sido mucho más ágil y eficaz la
respuesta de los propios maestros y estudiantes que de las autoridades para
plantear una firme condena a la violencia premonitoria de una escalada de
desestabilización.
A las 15:00
horas del martes, el rector Enrique Graue tenía programada una conferencia que
canceló media hora antes. Después emitió un mensaje video grabado. El rector
afirmó que ya tienen “evidencias” en contra de los tres grupos porriles que
intervinieron; afirmó que 18 personas serán expulsadas de la UNAM y reportadas
ante las autoridades de la Procuraduría de Justicia de La Ciudad de México.
El rector
indicó que comparte el enojo, la indignación y el repudio a estos grupos, que
se generalizó en asambleas en prácticamente todas las escuelas y facultades de
la institución académica.
“Estoy claro, sin embargo, que no
basta con reprobar enérgicamente los hechos ocurridos; es necesaria una acción
definitiva que erradique para siempre estas oscuras y cobardes agresiones”,
afirmó Graue en su mensaje.
Ni las palabras del rector ni la
condena generalizada al porrismo y los actos vandálicos han frenado una
escalada de críticas y conjeturas frente a lo que está sucediendo en la UNAM.
La agresión del 3 de septiembre no es un hecho aislado. Es la concatenación de
varios eventos y de una acentuada percepción de vacío y lucha de poder en la
máxima casa de estudios.
El ataque se produjo el mismo día en
que el rector Graue asistió al sexto y último informe de gobierno de Enrique
Peña Nieto. Fue el mismo día que el equipo del presidente electo Andrés Manuel
López Obrador decidió nombrar al exfiscal electoral Santiago Nieto Castillo
como futuro responsable de combatir el lavado de dinero. Se produjo un mes
antes de la conmemoración de los 50 años de la matanza del 2 de octubre. Y
todos los análisis internos responsabilizan a grupos vinculados al priismo como
artífices de estos grupos porriles.
La UNAM siempre ha sido un termómetro
no sólo de la vida social y política de la Ciudad de México, sino de los
procesos de transformación y de las grandes disputas al interior de los grupos
dominantes en la clase política. El 68 mexicano no se puede excluir de la
intensa lucha al interior del gabinete de Gustavo Díaz Ordaz por la sucesión
presidencial del 70. El halconazo del 71 también fue una disputa al interior
del echeverrismo.
La emergencia del CEU, en el 86,
anticipó la ruptura de la Corriente Democrática del PRI. Y la terrible y
contraproducente huelga del CGH, a finales de los 90, fue un claro mensaje para
confrontar a la izquierda gobernante del PRD en la Ciudad de México con los
grupos de ultraizquierda, enemigos del voto, que se emparentaron con las
fuerzas más conservadoras del PRI.
Desde 2012 en la UNAM han operado de forma violenta lo
mismo grupos que se autodenominan “anarquistas” y fuerzas porriles. No los
emparenta la ideología, sino el método violento y la intención permanente de
generar desestabilización. En vísperas de una transición sexenal, vuelven a
aparecer como los viejos buitres, algunos grupos que actúan con una impunidad
sorprendente.
Algunas
notas periodísticas señalan que el grupo
“3 de Marzo” surgió hace 12 años como una “asociación cultural y deportiva” y
se vinculó originalmente al Frente Juvenil Revolucionario del PRI, pero
extendió luego sus relaciones a grupos y personajes del PRD en las delegaciones
Gustavo A. Madero y Azcapotzalco.
La “Federación de Estudiantes de
Naucalpan” (FEN) presuntamente recibió apoyo de grupos políticos mexiquenses,
en Naucalpan y Acatlán, desde la época de Arturo Montiel.
El grupo “Treinta y dos” del CCH
Azcapotzalco pertenece a la Alianza Universitaria, a la que consideran como una
“federación de grupos porriles” con presencia en varios CCH’s. Su presencia y
activismo va más allá de la vida universitaria.
Grupos
estudiantiles de la UNAM han señalado a
Teófilo Licona, conocido como “El Cobra”, coordinador de Auxilio UNAM, como uno
de los instigadores de los grupos porriles que actuaron el pasado 3 de
septiembre. Esto explicaría la inacción del cuerpo Auxilio UNAM durante los
eventos.
Las pintas en los alrededores de la
Facultad de Derecho, este martes 4, señalaron claramente a este personaje:
“Licona, eres el jefe de los porros” y “la vigilancia es falsa, por qué
protegen a los porros”.
Decenas de periodistas,
investigadores y organizaciones firmaron una carta abierta este martes,
dirigida al rector Graue con el título “Ojos de Perro contra la Impunidad”. La
carta reprocha a las autoridades de la UNAM la falta de contención de los
grupos violentos y demandan:
“1. Que la Universidad Nacional debe jugar un
papel de liderazgo en esta coyuntura histórica.
“2. Que para
poder ejercerlo, necesita limpiarse de
intereses anti-universitarios y de todo tipo de violencia.
“3. Destacando –además– la que se ejerce
cotidianamente contra alumnas, profesoras y trabajadoras universitarias”.
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