El pasado 26
de septiembre, mientras el presidente electo Andrés Manuel López Obrador se
reunía con familiares de los 43 normalistas de Ayotzinapa que fueron detenidos
y desaparecidos hace cuatro años, al otro lado del mundo, en Alemania, Aldo Gutiérrez, uno de los sobrevivientes del ataque, hizo
presencia simbólica en el juicio que se sigue en ese país contra la empresa
Heckler & Koch, la cual ilegalmente proveyó parte del armamento que se usó
contra los normalistas.
Aldo Gutiérrez Solano es el joven
que, desde la noche del 26 de septiembre de 2014, permanece en coma tras
recibir un disparo de arma en la cabeza, durante el ataque que las autoridades
perpetraron contra normalistas en la esquina de Juan N. Álvarez y Periférico,
en Iguala, Guerrero.
“Cuando los
normalistas comenzaron a ser tiroteados por la policía en Iguala, ellos
intentaron huir a bordo de los autobuses que acababan de sacar de la terminal,
a través de la calle Juan N. Álvarez; sin embargo, casi a punto de salir de esa
calle, la policía interpuso una patrulla en su camino, para impedirles
escapar”, narró la abogada Sofía de Robina, integrante del Centro de Derechos Humanos
Miguel Agustín Pro Juárez, que da acompañamiento legal a las víctimas de
Ayotzinapa.
“Como los
policías seguían disparándoles por detrás, lo que hicieron algunos normalistas
que venían en el primer autobús fue descender, para intentar retirar la patrulla
que les impedía el paso, Aldo fue uno de los jóvenes que bajó para mover esa
patrulla y en ese momento recibió un disparo en la cabeza, que lo mantiene en
coma hasta la fecha”, detalló.
Aunque luego del ataque, los policías
agresores limpiaron la escena del crimen (retirando todos los casquillos que
pudieron encontrar), y a pesar de que la Fiscalía de Guerrero no realizó
ninguna acción posterior para preservar las evidencias en la zona, se pudo
comprobar que los uniformados usaron en contra de los normalistas, entre otras
armas, al menos siete fusiles de asalto alemanes Heckler & Coch, y de
hecho, en la zona de Juan N. Álvarez se pudieron rescatar casquillos de tres de
estas ametralladoras.
Desde 2010, esta empresa fabricante de armamento de
guerra comenzó a ser investigada en Alemania, luego de que el gobierno de ese
país le prohibiera vender armas cuyo destino final fueran los estados de
Chihuahua, Jalisco, Chiapas y Guerrero, debido a la situación de violencia y
violación de derechos humanos en esas entidades.
Con el paso
de los años, sin embargo, se pudo
comprobar que el veto a la venta de armas alemanas a esos estados no fue
cumplido, y de hecho, de los 10 mil fusiles de guerra que esta empresa vendió a
México, 49% terminaron precisamente en esas cuatro entidades vetadas.
Tal como consta en documentación
oficial, de esos 4 mil 900 fusiles que se entregaron a estados mexicanos
vetados por las normas alemanas, 2 mil llegaron a Guerrero, y de ellas un
centenar terminó en manos de las policías de Cocula, Iguala y Huitzuco,
controladas por el crimen organizado.
Entre ellas iban los fusiles de
guerra disparados contra los normalistas el 26 de septiembre de 2014.
Por ello,
explicó la abogada del Centro Pro, “el
caso de los normalistas de Ayotzinapa es pieza clave en el juicio que se sigue
en Alemania contra la empresa Heckler & Koch, porque prueba fehacientemente
que estas armas no sólo terminaron en estados mexicanos vetados por la ley
alemana, sino que fueron usadas para violar los derechos humanos de personas
indefensas”.
Por el
momento, detalló la abogada, “en
Alemania se está juzgando a cinco funcionarios de la fábrica de armas, así como
a la empresa misma Heckler & Koch, por presunta corrupción, al haber
establecido, junto con la Secretaría de la Defensa Nacional (del gobierno
mexicano), un método para burlar la prohibición de venta de armas cuyo destino
final fueran los estados de Guerrero, Jalisco, Chihuahua y Chiapas”.
La venta de armas subrayó la abogada, se realizó directamente con la Secretaría
de la Defensa Nacional, y este órgano del gobierno mexicano fue el encargado de
repartir el armamento.
Así, por un
lado, la empresa alemana no hizo nada
para evitar que esas armas terminaran en las entidades prohibidas previamente,
y el Ejército mexicano no hizo nada para respetar las normas alemanas que
enmarcaban la compra de ese armamento.
“Los testimonios que se han vertido
en el juicio –señaló la abogada– apuntan a que cada vez que un arma alemana era
entregada a una entidad vetada, un general del Ejército mexicano que recibía
una cantidad de dinero”. De acuerdo con la información obtenida por Animal Político, este personaje ocupaba el cargo de Director
de Comercialización de Armamento y Municiones del Ejército.
El amplio número de armas que
terminaron en dichos estados vetados (casi 5 mil fusiles de asalto) “demuestra
que Guerrero, Jalisco, Chihuahua y Chiapas eran un mercado importante para la
empresa Heckler & Koch, entonces, en conjunto con funcionarios de la
Sedena, idearon un mecanismo para ocultar que las armas eran destinadas a
dichas entidades”.
El juicio
que se inició en Alemania en mayo pasado, detalló la abogada, está previsto
para concluirse en octubre. Y mientras eso pasa allá, en México las autoridades no han realizado investigación alguna en
torno a este presunto caso de tráfico ilegal de armas.
Por el
contrario, en junio de 2018, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos denunció que al menos 16 fusiles de guerra
Heckler & Koch entregados a la Policía de Iguala, fueron destruidos por el
mismo Ejército Mexicano luego del ataque a los normalistas, impidiendo así
analizarlas para determinar si esas armas se emplearon en el atentado contra los
estudiantes.
El pretexto usado por el Ejército
para justificar esta destrucción de evidencia fue que ese es el trato habitual
para el armamento viejo.
Esta destrucción deliberada de
“evidencia balística” fue calificada por la Comisión Interamericana de Derechos
Humanos como una “grave falta” por parte de las autoridades mexicanas.
De las cien armas Heckler & Koch
con las que contaban las policías de Cocula, Iguala y Huitzuco en 2014, al
menos siete fueron disparadas contra los normalistas la noche del 26 de
septiembre de ese año.
Debido a que los mismos policías
agresores limpiaron la escena del crimen, y a que la Fiscalía de Guerrero no
realizó ninguna acción encaminada a preservar las evidencias, “es muy probable
que no sólo se hayan usado siete de las armas alemanas contra los estudiantes
normalistas, sino muchas más –afirma la abogada Sofía de Robina–.
Pero, lamentablemente, las pocas evidencias que
sobrevivieron a la mala labor de las autoridades judiciales sólo permiten
identificar el uso de siete armas alemanas, de las cuales tres fueron
disparadas en Juan N. Álvarez, donde Aldo cayó gravemente herido”.
Una de esas tres armas disparadas en
Juan N. Álvarez es el fusil de asalto Heckler & Koch asignado al policía
José Vicencio Flores.
Las
declaraciones de este policía, luego de ser capturado, ilustran bajo qué criterios eran empleadas esas armas, y cómo asumían
los integrantes de esta corporación de seguridad pública sus responsabilidades
ante la población.
La noche del
26 de septiembre de 2014, el policía
José Vicencio Flores reconoce haber estado en servicio activo en la ciudad de
Iguala, sin embargo, en su declaración negó haberse percatado de la presencia
de normalistas de Ayotzinapa en la zona, ni de que éstos hayan sido tiroteados
por sus compañeros de corporación en al menos seis puntos distintos de la
ciudad, para luego ser raptados en patrullas y desaparecidos.
Aunque casquillos disparados esa
noche por su rifle de asalto alemán fueron descubiertos en la calle Juan N.
Álvarez, este policía negó haber participado en la agresión a los normalistas
y, de hecho, el único recuerdo que admitió guardar de esos hechos fue cuando
(en la mañana del 27 de septiembre de 2014, horas después de los ataques) él y
todos sus compañeros policías fueron puestos bajo arresto por cuerpos de
seguridad federales.
Cuando a este policía de Iguala se le
preguntó qué entendía él por el concepto “uso de la fuerza pública”, el
uniformado respondió: “Sé que se emplea el uso de la fuerza cuando hay una
manifestación”.
Cuando se le preguntó cuándo podía él
hacer uso legítimo de la fuerza, la respuesta fue “no me acuerdo”.
Esa misma fue la frase que repitió
cuando se le preguntó cuáles protocolos aplicaba en su trabajo policial; qué
significa “uso de la fuerza necesaria”; cuáles son los casos en los que puede
hacer uso legítimo de la fuerza letal; o cuáles son las limitaciones al uso de
la fuerza. Para todo, la respuesta fue “no me acuerdo”, “no me acuerdo”, “no me
acuerdo”.
Aunque Aldo no fue reconocido por la
Corte de Stuttgart, Alemania, como “víctima” en el juicio que se sigue en ese
país contra la empresa Heckler & Koch, los funcionarios judiciales que
participan en el juicio, e incluso los cinco ejecutivos de la fábrica de armas
que están acusados de corrupción, pudieron conocer al joven normalista este 26
de septiembre de 2018, tal como era antes del ataque, y cómo vive hoy.
“Aldo se
encuentra en estado vegetativo, conectado a tres sondas: una para respirar,
otra para comer, y una más para evacuar –narra la abogada Sofía de Robina–, él
no pudo estar físicamente en la audiencia que se celebró en la Corte de
Stuttgart, y quien acudió en su representación fue su hermano, Leonel, que
desde entonces está pendiente de sus cuidados, junto con sus otros 13 hermanos.”
Leonel
acudió a la sala de audiencias con dos fotos: una de Aldo antes del ataque, y
una de él, en su estado actual de salud, y “tanto los ministros como los
inculpados pudieron no sólo ver las consecuencias que generó este tráfico
ilegal de armamento, sino que pudieron escuchar del sufrimiento de Aldo, en voz
de su hermano Leonel, y eso fue muy importante”.
Aldo no fue reconocido como víctima
en este juicio, aclaró la abogada, no por desdén de las autoridades alemanas,
sino porque se concluyó que en este momento sólo deben analizarse las
violaciones cometidas por Heckler & Koch en materia de derecho comercial, y
al concluir ese juicio puede iniciarse uno nuevo, por las consecuencias
concretas que esa venta ilegal de armas generó en los estados en los que estaba
prohibida su distribución.
“El juicio inició en mayo y está
programada su conclusión en este mes de octubre –señaló la abogada–, por lo que
en breve podrá saberse cuál es la conclusión a la que llegan los jueces
alemanes.”
–¿Cuáles son
sus expectativas en relación con este juicio? - se preguntó a la abogada del
Centro Pro.
–Sabemos que Stuttgart es una zona
con una importante actividad económica, en donde las empresas tienen mucha
influencia, y sabemos que la Corte de Stuttgart ha mostrado posturas
conservadoras y favorables a los intereses empresariales en el pasado, así que
no podemos asegurar que el veredicto será adverso para la fábrica de armas.
Sin embargo,
está claramente demostrado el mecanismo
empleado para traficar armas hacia zonas de México a donde dichas armas no
podían llegar. Por eso, aún si la Corte de Stuttgart emite un fallo favorable a
Heckler & Koch, será posible impugnar ese fallo.
–¿Cuál es la
situación que enfrentan Aldo y su familia en la actualidad? –
–Aldo está en estado vegetativo, y
eso quizás no vaya a cambiar. El disparo que recibió destruyó alrededor de 70%
de su cerebro. Durante los primeros momentos y días posteriores a la lesión,
Aldo no recibió una atención médica adecuada: al día siguiente de los hechos,
cuando su familia llegó al Hospital General de Iguala para saber su estado de
salud, se encontraron con que los médicos de ese hospital no habían hecho nada,
sólo le habían puesto una bolsa de plástico en la cabeza, y de hecho le dijeron
a la familia que estaba por morir, que mejor se lo llevaran a morir a su casa.
Luego de permanecer 12 días bajo
prácticamente nula atención médica en el Hospital General de Iguala, Aldo fue
trasladado al Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía de la Secretaría
de Salud federal, en la Ciudad de México, donde recibió atención durante los
dos años siguientes, y finalmente fue transferido al Instituto Nacional de
Rehabilitación, también en la capital del país, donde permanece hasta la fecha.
“Estos cuatro años que Aldo ha estado
en diferentes hospitales, la familia se ha tenido que hacer cargo de él las 24
horas del día, los siete días de la semana –explicó la abogada–. La verdad es
que se trata de una familia, como todas las familias de Ayotzinapa, con una
dignidad impresionante y una fuerza y una moral impresionantes: Lo que hacen lo
hacen con mucho amor, es muy tierno verlos platicarle cosas, cómo intentan
bromear con él, cómo le ponen los partidos de futbol que tanto le gustaba ver,
es un cuidado muy lindo por parte de personas que no pueden hacer mucho más que
estar ahí, junto a Aldo”.
Pero el costo para la familia ha sido
inconmensurable: no sólo vieron truncado el proyecto de vida del menor de la
familia, hoy postrado en estado de coma; sino que, para poder permanecer a su
lado, muchos de ellos han tenido que abandonar sus trabajos, total o parcialmente,
y dejar en Guerrero a sus hijos y cónyuges, para poder estar en la Ciudad de
México.
Para atenuar esta crisis económica y
afectiva en la que se encuentra la familia de Aldo, pero sobre todo para
cumplir la recomendación médica de acercarlo a su hogar, en la actualidad se
construye en Ayutla, el municipio de procedencia de esta familia, una casa para
Aldo, que contará con una habitación acondicionada y técnicamente equipada con
todos los instrumentos que requiere la terapia de rehabilitación de Aldo.
Esta casa contará también con
espacios para que los familiares encargados de su cuidado puedan habitar con él
dignamente, y tendrá un patio donde la familia, campesina, pueda mantener a sus
animales.
El compromiso de las autoridades,
además, es proveer de capacitación tanto a las enfermeras que deberán estar al
cuidado de Aldo de forma permanente, como a los familiares que lo asistan, así
como mantener una ambulancia a su disposición, y un área especial para su
atención médica en el hospital de Ayutla, para que pueda recibir auxilios
médicos adecuados en caso de emergencia.
“No hay en realidad muchas
posibilidades de que la situación de Aldo cambie para mejor, entonces, el
trabajo es mantenerlo estable –señaló la abogada–. La mejoría, sin embargo, es
evidente. Sus hermanos cuentan que Aldo sigue siendo berrinchudo, como siempre
lo fue, y que cuando le toca bañarse notan cómo se tensa, porque no le gusta. Y
cuentan también que cuando comienzan a hablar de la noche de Iguala, perciben
cómo Aldo se tensa, y es ahora algo evidente porque Aldo es muy grande, y muy
fuerte. En los dos primeros años, perdió mucha masa muscular, pero luego de
eso, con las terapias, ha recuperado fuerza muscular, y eso habla de la buena
reacción ante el cuidado que su familia le está dando”.
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