Javier Risco.
Alguna vez un especialista en temas electorales me dijo que
los 10 candados de seguridad que tenía la boleta electoral mexicana retrataban
mucho de lo que éramos como sociedad democráticamente madura. Ponía el ejemplo
de países donde usaban el papel más corriente para emitir el voto, porque
después de ser contabilizado se convertía en basura electoral inservible. Pero
en México la desconfianza no es gratuita, la clase política nacional se la ha
ganado con base en caídas de sistema, embarazo de urnas, mapaches profesionales
y robos electorales descarados.
Hemos caído en el juego
perverso de la trampa porque llevamos décadas bajo el yugo del que no transa no
avanza.
Ayer se llevó acabo la
primera jornada de la primera consulta nacional hecha por el gobierno en
transición: la consulta por el Nuevo Aeropuerto Internacional de México resultó
ser un ejercicio para no olvidar, falló en la organización, transparencia y
está llena de incertidumbre. Las hojas en las que se emitía la votación no
estaban foliadas, la aplicación que impedía que se votará más de una vez falló
y hubo personas que lo hicieron hasta cinco veces, la tinta indeleble se
borraba al primer intento de ser limpiada, no se anunció ningún tipo de
protección de datos personales de los votantes, la página donde se informaba la
localización de las mesas de votación estuvo caída gran parte del día, todo
salió mal, en materia de organización resultó ser una decepción.
En realidad, el
resultado de esta votación estará manchado por el poco rigor del ejercicio de
participación. Vivimos en una sociedad que exige transparencia y que su voto
sea protegido, y en este caso la consulta resultó ser una burla. Era una
oportunidad para demostrar de lo que el gobierno en transición era capaz de
hacer para escuchar a la ciudadanía y la desaprovecharon, ojalá rectifiquen.
Es grave porque sienta
el precedente de un instrumento tan democrático como las consultas, que por
años se buscó para facilitar la participación ciudadana, y que ahora tiene la
mancha de un ejercicio a modo que pretende sólo legitimar una decisión tomada a
priori.
Sin embargo, hay un
par de elementos ganados: jamás había visto que la construcción de un proyecto
de tal magnitud entrara en la conversación de la gente y llevara a miles a
participar activamente, a opinar, a informarse; nos mostró que no somos la
sociedad agachada y apática, somos una sociedad que exige y que evidencia lo
que está mal hecho, que se indigna ante lo que parece una tomadura de pelo.
No defiendo la
consulta, lo repito, es un ejercicio de participación ciudadana que fracasó, no
importa si gana Texcoco o Santa Lucía, no hay forma de tomar en serio esta
convocatoria; sin embargo, sí debemos como sociedad de asumir responsabilidades
y de tomar en serio la oportunidad de participar de manera honesta ante un
ejercicio como este.
Llevamos años exigiendo
que se nos tome en cuenta y fue patético ayer ver cómo algunos ciudadanos
votaron dos, tres, cuatro veces. Entiendo el ejercicio por parte de algunos
periodistas de evidenciar una de las múltiples fallas, pero al menos en mi
timeline de Twitter encontré a decenas de personas que repitieron la trampa,
replicando actitudes que hemos criticado en nuestro país hasta el cansancio; al
hacer esto sólo nos engañamos a nosotros mismos.
¿Por qué festejamos que
si nadie nos vigila somos capaces de romper las reglas?
Aprendamos de lo que
acaba de pasar, señalemos a los tramposos, exijamos ejercicios de participación
limpios, ordenados y con rigor, aún hay tiempo de que el gobierno en transición
reconozca la falla y rectifique a partir del 1 de diciembre.
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