En México, comprar una casa nueva
sólo es accesible para quienes perciben más de cinco salarios mínimos diarios
(441.8 pesos), por
lo que 73.6 millones de mexicanos se
encuentran prácticamente excluidos del mercado formal de vivienda, de acuerdo
con un estudio del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo
Social (Coneval).
El documento
“Diagnóstico del derecho a la vivienda
digna y decorosa 2018” también arrojó que a las personas con menores ingresos
(2 mil 722 mensuales) les toma más de 30 años terminar de pagar su vivienda,
mientras que los que perciben un salario mensual mayor a los cuatro mil pesos
tardan entre 15 y 20 años.
De acuerdo
con el Coneval, se estima que en México
hay rezago en más de 14 millones de viviendas, en la mayoría de los casos el
ingreso es uno de los principales factores asociados: 57.9 por ciento de los
hogares que se ubican en los primeros cuatro deciles económicos (mismos que en
su totalidad cuentan con ingresos por debajo de la línea de pobreza por
ingresos) presentan rezago de vivienda.
Entidades federativas como Chiapas,
Guerrero y Oaxaca, cuentan con el mayor porcentaje de población por debajo de
la línea de pobreza por ingresos y también con mayor porcentaje de rezago de
vivienda. En contraste, la Ciudad de México y Nuevo León se encuentran entre
los estados con menor porcentaje de rezago de vivienda.
El rezago de vivienda se concentra en
mayor medida en las zonas rurales del país, con el 78.3 por ciento de las casas
en estado precario, en contraste con el 35.4 por ciento de las zonas urbanas.
En el caso
de Chiapas, el 96.5 por ciento de las
viviendas se encuentran en rezago y en la población en cuya casa radica al
menos una persona que hable alguna lengua indígena presenta una incidencia de
rezago de 79.1 por ciento, lo que los ubica en una situación de mayor
vulnerabilidad.
Sobre el
rezago de vivienda de los hogares a nivel nacional, organizados por deciles de
ingreso, éste asciende a 44.7 por ciento a nivel nacional, con la mayor
concentración en las familias con menores ingresos.
De acuerdo
con el informe del Coneval, en México la
compra de vivienda nueva solo es accesible para quienes perciben más de cinco
salarios mínimos, ya que a partir de ese nivel de ingreso se puede acceder a
créditos hipotecarios públicos y privados.
Al analizar
dicha información, resulta que los
primeros seis deciles de la población, aproximadamente 73.6 millones de
mexicanos, se encuentran prácticamente excluidos del mercado formal de vivienda
al no percibir ingresos por hogar equivalentes a más de cinco salarios mínimos.
Los ingresos de los hogares en México
se miden por deciles y van del I al X, donde los de menor salario se ubican en
el primer nivel y los de mayor en el último.
Así, las familias que se ubican en el decir I
perciben un salario mensual de 2 mil 273.33 pesos mensuales, situación que les
impide adquirir una vivienda propia. En cambio, los del decil X perciben al mes
un promedio de 53 mil pesos, lo suficiente para comprar una propiedad.
Respecto de
los créditos hipotecarios, 77 por ciento
son ofertados por instituciones como INFONAVIT y FOVISSSTE a sus afiliados y no
exceden, en ninguna de sus modalidades, plazos de 30 años; el restante 23 por
ciento de los créditos hipotecarios públicos, son presumiblemente otorgados por
instituciones de vivienda de gobiernos estatales y municipales, para los cuales
no se cuenta con información a través del Sistema Nacional de Información e
Indicadores de Vivienda (SNIIV).
El plazo
promedio de los créditos hipotecarios públicos y privados en 2015, fue de 21
años; en específico, los créditos hipotecarios
ofertados por el sector privado promediaron un plazo de 19 años (con un rango
de 14 a 29 años).
En cuanto al contraste entre el
ingreso mensual por decil y el valor promedio autor-reportado de la vivienda,
también por decil económico, partiendo de que la persona dedique 30 por ciento
de su ingreso al pago de la vivienda, resulta que 10 por ciento de la población
con menores ingresos (decil I), de contar con financiamiento, le tomaría más de
30 años terminar de pagar su vivienda.
Para los casos de los deciles II,
III, IV y V, los años aproximados para pagar una vivienda ascenderían a 20, 19,
16 y 15 años respectivamente, ello si contaran con el financiamiento requerido,
mismo que resulta inexistente para las personas por debajo del VI decil económico.
RENTAS, UNA
OPCIÓN QUE ABSORBE EL SALARIO.
Actualmente,
30 por ciento de los hogares mexicanos
–los primeros tres deciles- destinan una proporción de sus ingresos a la renta
de su vivienda, mayor a la recomendada por ONU-Hábitat.
Las personas
ubicadas en el primer decil de ingresos
destinan 61 por ciento para el pago de renta, es decir, 863 pesos mensuales. El
segundo y tercer decil el 34 por ciento (949 y mil 331 pesos al mes,
respectivamente), lo cual genera que se ubiquen en una situación de riesgo de
no poder satisfacer otras necesidades básicas.
De acuerdo
con el Coneval, el rezago afecta casi a
50 por ciento de viviendas en el país; este fenómeno se acentúa en la población
de escasos recursos, comunidades indígenas, entorno rural y entidades de sur.
La pobreza está ligada a la falta de
acceso a una vivienda digna en México, lo cual se manifiesta a través de la
carencia por calidad de los materiales y hacinamiento.
Uno de los mayores focos rojos de
atención en materia de rezago de vivienda se localiza en el entorno rural del
país: casi ocho de cada diez viviendas que se ubican en el entorno rural del
país padecen de rezago de vivienda.
Además, en términos de rezago, resultó notoriamente
vulnerable la población de las entidades del sur-sureste como Chiapas (78.2 por
ciento), Oaxaca (77.8 por ciento), Guerrero (72.0 por ciento), Veracruz (63.9
por ciento) y Campeche (61.2 por ciento).
En el diagnóstico del Coneval no se
observó una distribución equitativa de los subsidios para la vivienda, que en
principio deberían atender a los segmentos más desfavorecidos (población por
debajo de la línea de pobreza por ingresos, la población vulnerable en el
ámbito rural, los estados del sur y comunidades indígenas).
Por ejemplo,
se encontró que entre 2007 y 2012
alrededor de 42.8 por ciento de los subsidios gubernamentales se otorgaron a
viviendas pertenecientes a los cinco deciles superiores de ingreso.

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