Desde hace varios años, el gobierno de Chimalhuacán ha venido
impulsando un proyecto que –asegura– cambiará la vida y la ecología de ese
municipio, uno de los más pobres de México. Se trata del Centro Estratégico de Recuperación Ambiental del Oriente
(CERAO). La versión oficial dice que se ubicará en los terrenos desecados del
Lago de Texcoco, en una zona que se conoce como El Moño o Los Tlateles, a un
costado del Lago Nabor Carrillo, muy cerca de donde se proyecta la entrada principal
del Nuevo Aeropuerto de México.
El CERAO comprende 221
hectáreas. “Más del 50% serán áreas verdes”, informa un video promocional que
promete eliminar la contaminación del aire, aprovechar aguas pluviales, tratar
aguas negras y usar tecnologías constructivas sustentables. Además, permitirá
la inversión privada, generará 40 mil empleos, así como una matrícula de 6 mil
estudiantes. El parque tecnológico tendrá, según la publicidad, una “superficie
de 150 hectáreas”, con investigación y desarrollo tecnológico, robótica,
nanotecnología, data center, desarrollo de software, aeroespacial y
biotecnología, además de infraestructura y servicios.
Este proyecto ha resultado controvertido. Principalmente, porque, el 29 de septiembre de 2016, el Diario Oficial
de la Federación publicó la autorización para donar 150 hectáreas de Los
Tlateles a una empresa paramunicipal (de capital estatal y privado), denominada
Desarrollos de Infraestructura Sustentable Nuevo Chimalhuacán, S.A. de C.V., la
cual permite la “enajenación a título oneroso” de hasta el 40% de esas
hectáreas, “para obtener fondos a efecto de aplicarlos en acciones de beneficio
colectivo” (sic). Se trata de un área de 600,000 metros cuadrados, equivalentes
a casi nueve veces el Estadio Azteca.
El municipio declaró,
vía Transparencia, que cada metro cuadrado de estos terrenos tiene “un valor
catastral en el catálogo de valores unitarios del suelo” de 80 pesos, por
encontrarse en un área homogénea E1 048. En una solicitud de informes vía telefónica, el
responsable del CERAO, doctor Edgardo Amílcar Lara Córdova, informa que podrían venderlos en 2,500
pesos el metro cuadrado. La ganancia por cada metro cuadrado sería, entonces,
de 3,125 % de dicho valor catastral.
“ESTO ES BUSINESS PURO. La
donación se hizo en 2016. ¿Y que han hecho? Una especie de escuelita, ¿no?”,
denuncia José Luis Luegue Tamargo, quien fuera director de la Comisión Nacional
del Agua (Conagua), durante el gobierno de Felipe Calderón, en referencia a la
única construcción que se está haciendo en estos terrenos: la Universidad
Politécnica de Chimalhuacán. “No han hecho nada más –continúa–. Porque no es el
objetivo. El objetivo es la plusvalía de un terreno para venderlo en el
futuro”.
Organismos oficiales,
como el municipio de Chimalhuacán y la Comisión Nacional del Agua (Conagua), se
han negado a transparentar la información. Además, el Instituto de
Administración y Avalúos de Bienes Nacionales (INDAABIN) informa que todo lo
referente a los terrenos de El Moño o Los Tlateles se encuentra reservado por
tres años.
Vía Transparencia, la delegación federal de la Secretaría del
Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), en el Estado de México, informa que “no ha recibido trámite alguno
en materia de impacto ambiental, ni cambio de uso de suelo en terrenos
forestales, para el proyecto de rescate ambiental denominado ‘Centro
Estratégico de Recuperación Ambiental Oriente’ (CERAO), ubicado en el municipio
de Chimalhuacán”.
La Conagua responde que
no tiene información, porque eso es “de competencia municipal”, a pesar de que,
en un documento que se hizo público en 2017, dirigido a la mesa directiva de la
comisión permanente del H. Congreso de la Unión –con copia al entonces
secretario de gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong–, se muestra el oficio
BOO.5.-03545 donde informa que hay una solicitud de donación “para la
realización de un Proyecto Ecológico Social y de Desarrollo Económico,
denominado ‘Centro Estratégico de Recuperación Ambiental del Oriente (CERAO)’”.
El municipio escribió
en un oficio de enero de 2018 que dicho proyecto “todavía no ha sido aprobado y
por lo tanto no se le asignado (sic) recurso económico y entonces todavía no
adquiere el carácter de público y, por lo tanto, no es información que se tenga
disponible para hacerla de conocimiento de los ciudadanos”. Seis meses después,
volvió a insistir en no proporcionar información y argumentaba que este
proyecto “se ha visto envuelto en comentarios que tienen la finalidad de opacar
y crear dudas acerca de su importancia y confiabilidad”, que “llevará su
tiempo” y que “es un proyecto de sustentabilidad ambiental que evolucionará la
calidad de vida de los chimalhuacanos”.
Dos proyectos CERAO.
En contraposición a lo
declarado vía Transparencia por el ayuntamiento, el actual presidente municipal
electo de Chimalhuacán, quien ya ha sido alcalde de ese municipio en dos
ocasiones, Jesús Tolentino Román Bojórquez, escribió en la página oficial del
Movimiento Antorchista Nacional que se han “invertido casi 20 millones de pesos
en estudios muy profesionales, contratando los servicios de instituciones muy
prestigiadas, como la Universidad Autónoma Chapingo, la Universidad Tecnológica
de Nezahualcóyotl, la Universidad Iberoamericana, el Centro Mexicano de
Estudios Económicos y Sociales y otras”. Y confesaba: “no existe otro proyecto
tan sustentable ni tan blindado como éste en México”. Eso fue en 2014.
En su origen, el CERAO
era diferente a como es hoy. Así lo hace saber el doctor Ramón Ojeda Mestre. No
contemplaba, “el daño ambiental que se está haciendo ni la autorización de
predios para lo que se está planteando ahora. Para lo que se planteaba –subraya
enérgico– era para una zona de recuperación ambiental, por eso se llamaba zona
de recuperación ambiental del Oriente. Y esto ya no es recuperación ambiental.
Esto es lesión ambiental. Es un vil negocio para centros comerciales y hoteles
y viviendas que no estaban en el proyecto original”.
Ojeda Mestre, experto
en políticas públicas en materia ambiental, fue uno de los impulsores del
CERAO. Actualmente es titular del Organismo Operador Municipal del Sistema de
Agua Potable, Alcantarillado y Saneamiento de Los Cabos, en Baja California
Sur. Él firmó con el municipio de Chimalhuacán, en 2011, un convenio de
colaboración para “generar, coordinar e integrar los estudios que realicen los
demás consultores o investigadores para el Municipio de Chimalhuacán o sus
dependencias en relación con el CERAO y con el gran corredor tecnológico y
cultural del Oriente del Valle de México”.
Por este trabajo,
cobraría 494,160 pesos y estaba obligado a entregar ejemplares impresos y
discos compactos “con información de reporte y base de datos estadística del
estudio”, así como de los estudios de carácter ambiental. El municipio dice que
esa información no está en sus archivos. Y, con respecto al proyecto original
del CERAO, Ojeda Mestre asegura tenerlo en su poder, pero no lo piensa publicar
mientras dure este sexenio.
En la entrevista, el
doctor también habla de “robo de predios” en esta región.
—Concretamente, ¿a qué
se refiere?
—Me refiero a todos los
predios del ex Vaso de Texcoco, que fueron tanto de los ejidos, como de la
asignación del Fideicomiso para el Vaso de Texcoco, que era un fideicomiso para
cuestiones hidráulicas y ambientales. Ahí está el decreto e incluye el lago
Nabor Carrillo y todo eso lo entregaron a particulares. Y lo han vendido. Y
ahora estamos padeciendo las consecuencias. Esto incluye predios, incluso, de
Texcoco, predios de Atenco, predios de Tepetlaoxtoc, predios de Chimalhuacán y
predios del municipio de Nezahualcóyotl.
—¿Eso incluye la zona llamada Los Tlateles?
—Desde luego que sí.
Porque esos eran terrenos ejidales. Los expropiaron indebidamente.
En 2017, a la Comisión
Permanente del H. Congreso de la Unión se le turnó una proposición con punto de
acuerdo para exhortar a la Secretaría de la Función Pública a investigar la
donación de los terrenos a favor de la empresa paramunicipal. También señalaba
que la Conagua había informado que “previo análisis se determinó la viabilidad
de ceder 200 hectáreas del inmueble denominado ‘El Moño o Los Tlateles’”.
Lo anterior porque un
grupo de senadores del Partido Acción Nacional habían denunciado que dicha
donación tenía “omisiones importantes como lo es los estudios y evaluaciones de
obra pública, impacto ambiental, así como el riesgo de inundación del lugar
donde se llevará acabo la donación de las 200 hectáreas (sic)”. Además,
advertían sobre la posibilidad de vender 60 hectáreas de lo donado: “es un
negocio redondo y así se explica la celeridad en el trámite de
desincorporación, ya que esto parece ser un trato, disfrazado de ‘rescate
ambiental y desarrollo social’ que dejará ganancias millonarias, debido a la
cercanía al Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México”.
El 25 de junio de 2018, en una respuesta vía Transparencia
para esta investigación periodística, el
doctor Arturo Garita, secretario general de Servicios Parlamentarios, informó
que dicha secretaría “no cuenta con ningún antecedente o documento relativo a
una investigación derivada de dicho punto de acuerdo, por no haber sido avalado
por el Pleno del Senado”.
Por otro lado, hay dos
juicios de amparo, el 318/2015 y el 327/2015, que fueron promovidos por dos
particulares, relativos al predio El Moño o Los Tlateles y cuya información se
encuentra reservada. Lo que se sabe es que en el 327/2015, “se dictó un auto de
fecha 10 de julio de 2018, en el que se tiene a la quejosa ratificando su
desistimiento; sin embargo, el juzgado del conocimiento aún no está en
posibilidad de declarar que el asunto ha causado estado, quedando pendiente
conocer la postura de todas las demás partes respecto de dicho desistimiento”,
informó la Dirección de Asuntos Contenciosos por correo electrónico al
INDAABIN, el 11 de julio de 2018. Este último subrayó, el 13 de agosto de 2018,
que “los particulares se han desistido de los amparos, y toda vez que no han
ratificado dichos escritos, se prosiguen los trámites para la ejecución de la
sentencia, por lo que dichos amparos no han causado estado”.
¿A quién le regalaron los Tlateles?
Doña Isabelita tiene
más de 60 años y 12 ellos los ha vivido en Chimalhuacán. Está sentada en la
banca de un parque contiguo al majestuoso teatro Acolmixtli Nezahualcóyotl.
Frente de ella, colgando de uno de los gigantescos muros del recinto, dos
enormes mantas del municipio piden apoyo de la ciudadanía para el CERAO. Ella
no sabe ni entiende de qué se trata. “Creo que es un partido político”, comenta
con dudas. Piensa que el nuevo aeropuerto traerá empleos para esa zona, pero
sólo para quienes han estudiado. “Yo digo que a los que trabajan así, de
albañiles, o de otros trabajos, no los va a ayudar”.
Para recibir en
donación los terrenos en los que se llevará el CERAO, el municipio de
Chimalhuacán creó, en abril de 2016, la empresa de capital privado y municipal
Desarrollos de Infraestructura Sustentable Nuevo Chimalhuacán. A través de
ella, el ayuntamiento tiene como propósito “producir bienes y servicios de
mayor demanda social y comercial, utilizando los recursos naturales y la fuerza
de trabajo del área de influencia del municipio”. Dicha sociedad tendrá una
duración de 99 años y el ayuntamiento cuenta con la “mayor participación del
capital social, el cual no podrá ser inferior del cincuenta y uno por ciento”. Eso dice el “primer testimonio” de
la escritura 114,565 de la que da fe el licenciado Raúl Name Neme.
El 21 de julio de 2016, el
Diario Oficial de la Federación publicó que se autorizó al ayuntamiento a crear
esta empresa paramunicipal, con el fin de “prevenir, controlar, manejar y
restaurar todo lo relacionado a la contaminación ambiental del Municipio, para
mitigar los efectos adversos provocados por la desecación del Ex Vaso del Lago
de Texcoco”. También se explica que se destina esta fracción de terreno para
realizar el CERAO.
¿Quiénes conforman la
empresa? Aparte del municipio, de acuerdo con la escritura, hay participación
de dos particulares: la licenciada Amina Isolda García Córdova, sobrina del
líder antorchista Aquiles Córdova Morán y prima hermana del doctor Edgardo
Amílcar Lara, y un licenciado en Administración de Empresas por la UNAM, de
nombre Heberto Gabriel Guzmán Gómez.
Amina Isolda es
originaria de Tecomatlán, Puebla, e hija de la ex diputada federal del Partido
Revolucionario Institucional (PRI) Hersilia Onfalia Adamina Córdova Morán. En
el acta, Amina es mencionada en dos ocasiones; una, como presidenta del consejo
de administración de la sociedad anónima de capital variable Servicio Techaluta
y, la otra, como “administradora única” de la sociedad anónima de capital
variable Servicio Cuatro Vientos, la cual se dedica al expendio al público de
petrolíferos y cuyo representante legal es Jorge Adrián Barrera Vázquez, quien
figura como director general de Desarrollos de Infraestructura Sustentable
Nuevo Chimalhuacán.
Al igual que Amina Isolda, el movimiento Antorcha Campesina nació en Tecomatlán, en los años 70.
Hasta el año 1976, “utilizó formas de lucha y discursos propios de las
organizaciones de izquierda radical”, pero luego cambió y “desarrolló una
dinámica de impugnación y cuestionamiento hacia los partidos que enarbolaban
esas tendencias”. Entonces, Aquiles Córdova buscó el ascenso al poder
municipal, a través de la unión con los grupos que dominaban la política en el
estado, explica María Guadalupe Godoy en una tesis presentada en la Universidad
Autónoma del Estado de México.
Antorcha Campesina ha
sido una organización fundamental para el PRI. En 1988, el entonces secretario
general del partido, Manuel Camacho Solís, le entregó una constancia que “le
reconoce como una agrupación agraria adherida al partido”, apunta Godoy y cuenta
que unos de sus valores fundamentales son “la fe y la obediencia” y que si
alguien incumple alguno pierde la militancia, “pero haciendo uso de la
vergüenza pública”.
Esta agrupación obliga
a sus agremiados –la mayoría de bajo nivel educativo– al tributo en especie, a
la movilización y a que participen en mítines. Es “una empresa familiar que
vive del erario público, gracias al chantaje, es decir busca influir en el
sistema a través de manifestaciones, marchas, mítines, cierres de carreteras,
etc., para lograr sus objetivos”. Es, explica Godoy, “el mejor ejemplo de cómo
el clientelismo político se traduce en beneficio electoral”, además de que se
aprovecha de “cuantiosos recursos obtenidos por todo el país, gracias a los
apoyos y proteccionismo llevado a cabo por el PRI”.
En Chimalhuacán, Antorcha
Campesina es un grupo con una cabeza: Jesús Tolentino Román. A nivel Estado de
México este papel lo tiene Aquiles Córdova Morán, “a quien respetan como si
fuera su ideólogo”, dice el periodista Alberto González. Además, cuenta que
Antorcha tiene un control de zonas en el estado que el priismo tradicional no
puede tener. Una de las vocaciones de este grupo –profundiza– es la creación de
escuelas, de las cuales se sospecha que sirven como vehículo para el adoctrinamiento
de la población. Antorcha Campesina ya anunció que, para 2019, buscará su
registro como partido político.
Empresario y amigo de Peña Nieto.
El CERAO se aprobó por
“unanimidad” en una junta de cabildo, en el Palacio Municipal de Chimalhuacán.
Era el 4 de abril de 2013. Aquel día, se decidió hacer una “solicitud formal
del H. Ayuntamiento”, ante los gobiernos estatal y federal. Para lo cual se
pidió –según consta en el acta de la reunión– que se convocara a Heberto
Gabriel Guzmán Gómez, director general de HG Desarrollos y Asociados, S.C., y
al doctor Ramón Ojeda Mestre, entonces secretario de la Corte Internacional de
Arbitraje Ambiental, “para que expliquen el Proyecto del Parque Industrial”.
Ambos, según escribió Román Bojórquez en la página del Movimiento Antorchista,
en 2014, tienen “altísima confiabilidad en materia de proyectos económicos y
comerciales de alto impacto en el país”.
Heberto Guzmán es una
de las personas que más ha impulsado el CERAO. En junio de 2018, dio una rueda
de prensa junto a Jesús Tolentino Román, entonces candidato a la presidencia
municipal de Chimalhuacán, para presentarlo públicamente. Faltaban pocos días
para la elección del 1 de julio de 2018. “Las empresas que se desarrollen en
este proyecto van a tener la obligación de desarrollar mano de obra”, dice en entrevista Guzmán Gómez.
En el acta de
constitución de la empresa paramunicipal que recibió en donación los terrenos
para el CERAO, Guzmán Gómez aparece como presidente del consejo de
administración de Grupo Urbano Continental. Explica que su nombre aparece en
esta acta porque su participación es “estrictamente” para desarrollar el
proyecto y lograr que “tenga una afinidad con su propósito, que es la generación
de fuentes de empleo”. Él es un empresario que ha promovido varios proyectos en
esta región del Estado de México, aunque “la mayoría de estas inversiones son
directamente de Carlos Slim”, asegura Hugo de la Rosa, presidente municipal de
Nezahualcóyotl, quien en algún momento afirmó que Guzmán era empleado de Slim.
En Ciudad Nezahualcóyotl Carlos
Slim y Guzmán Gómez colaboraron juntos en la creación del proyecto Ciudad
Jardín Bicentenario. En el caso del CERAO, este último afirma que Carlos Slim
es totalmente ajeno al proyecto. “Todos están invitados, pero no hay un
propósito definido a una empresa o a algún grupo”.
Guzmán también es
presidente del Patronato de la Orquesta Sinfónica del Estado de México (POSEM)
desde 2010. De acuerdo con la Secretaría de Cultura del Estado de México, es
una asociación civil sin fines de lucro que “no recibe y no ejerce recursos
públicos” y “solamente” es “un apoyo promocional” para la orquesta, pero recibe
importantes cantidades de dinero como donativo: en 2010, por ejemplo, sumó 10
millones de pesos (el año anterior, las donaciones apenas alcanzaban los 320
mil pesos). Para 2014, las aportaciones rebasaban los 18 millones de pesos y,
en 2016, superaban los 20 millones.
La Orquesta Sinfónica del Estado de México (OSEM) nació en
1971, por iniciativa del gobernador del estado, Carlos Hank González, y el
músico Enrique Bátiz. Al primero, ya fallecido, se le reconoce como líder del
Grupo Atlacomulco, agrupación en la que también se identifica a Enrique Peña
Nieto. Batiz abandonó la orquesta, este 2018, en medio de escándalos por acoso
sexual y malos tratos hacia los músicos; ahora dirige la Orquesta Sinfónica de
Chimalhuacán. Por cierto, la revista Quien publicó en noviembre de 2010 que
miembros de la OSEM acompañaron la celebración de la boda de Peña Nieto con
Angélica Rivera, “con temas como ‘Pompa y Circunstancia’ de Edward Elgar y el
Ave María en la Iglesia”.
Heberto Guzmán es una
persona con influencias en el Estado de México. Es “amigo de personajes” como
Peña Nieto y el gobernador del Estado de México, Alfredo del Mazo, así como de
Carlos Slim, según ha apuntado en diversas ocasiones el periodista Enrique Castillo
Pesado. En 2009, tomó protesta como consejero del Consejo Consultivo de
Valoración Salarial del Poder Legislativo del Estado de México y ha formado
parte del consejo directivo de la Fundación de la Universidad Autónoma del
Estado de México, entre otras.
—¿Qué relación tiene con Enrique Peña Nieto?
—La tengo como
ciudadano. He desarrollado proyectos en el Estado de México, como en otros
estados. He desarrollado proyectos en toda la República. Proyectos, obviamente,
en los que se tienen cercanías, pero el propósito es vincular el proyecto
[CERAO] a fuentes de empleo.
En su web explica que inició en 1981 con el “royalty” y
confección de ropa de marca Pierre Cardin, y en 1994, comenzó “su trayectoria
inmobiliaria junto a la empresa francesa Grandes Superficies de México
‘Carrefour’”. También participa de la vida cultural y política del municipio de
Chimalhuacán. Por ejemplo, en 2011, durante su segundo informe de gobierno,
Jesús Tolentino Román dijo que él era “parte fundamental” en la creación de un comité
de promoción cultural, “para impulsar el desarrollo integral humanista y social
de la región”.
En ese sitio, en 2016
se inauguró el Teatro-Auditorio Acolmixtli Nezahualcóyotl, que recibió, como
primera exposición, la obra de la fotógrafa Susana Orozco López. Ella es esposa
de Heberto Guzmán. De las 30 fotografías que conformaron la exhibición
inaugural, resaltan dos: un retrato a Peña Nieto y otro a Aquiles Córdova
Morán. Susana Orozco es “gran amiga de Chimalhuacán desde hace algunos años”,
dijo la entonces presidenta municipal, Rosalba Pineda Ramírez, en la
inauguración. Pineda es la funcionaria que firma el acta constitutiva de la
empresa paramunicipal que recibió la donación de las 150 hectáreas de Los
Tlateles y a quien Antorcha Campesina reconoce como “rectora” de la futura
universidad politécnica.
Luege Tamargo, que fuera secretario de Medio
Ambiente y Recursos Naturales de México, por un periodo breve, durante el
mandato de Vicente Fox, confiesa que le
enferma que le recuerden el CERAO. Además, insiste en que el sitio donde se
encuentran estos terrenos es una zona con alto riesgo de inundación. “¿Quién te
garantiza que no se rompa un bordo un día por cualquier razón? Se te rompe un
bordo y te inunda toda la zona. Esta debe estar protegida, considerada de alta
seguridad; es una zona federal del lago de Texcoco y es totalmente ilegal e
inconstitucional lo que hicieron”.
Hoy, el proyecto CERAO
se encuentra a punto de despegar, como también el Nuevo Aeropuerto de México.
Ambos, frente a la expectativa del resultado de la consulta ciudadana que
convocó el presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador, para estos
días. “Este proyecto es anterior a lo que es el aeropuerto. Ya lleva más de 10
años y se concibió sin llevar a cabo la construcción del aeropuerto. Y es un
proyecto que se tiene que desarrollar con o sin aeropuerto”, afirma Heberto Guzmán
Gómez. ¿Seguirá defendiéndolo con tanto interés el gobierno de Chimalhuacán si
se suspenden las obras del aeropuerto o lograrán convertir esa tierra salitrosa
en un polo de atracción de inversionistas si los aviones toman rumbo a Santa
Lucía como han prometido?
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