Hoy, 2 de octubre de 2018, con la
mirada puesta hacia el futuro, “estamos reunidos para conmemorar el movimiento
de masas más brillante, trascendente y generoso de los últimos tiempos, y
también estamos aquí para seguir reclamando justicia por los crímenes que el
Estado asestó en el corazón de la juventud mexicana y que hoy, 50 años después,
sigue impune”.
Fue la declaración que desde tribuna
hizo Félix Hernández Gamundi, quien formó parte del Consejo Nacional de Huelga
(CNH) estudiantil de 1968. A su costado izquierdo, en el muro de honor de la
Cámara de Diputados, brillaba, en oro, la frase inscrita: “Al movimiento
estudiantil de 1968”.
Tuvieron que
pasar seis legislaturas para que la demanda de plasmar esa leyenda se
concretara. La alternancia en el poder presidencial que se logró con la llegada
del panista Vicente Fox no tuvo suficiente impulso para rendir honor a los
jóvenes caídos, encarcelados y torturados, pilar de lo que hoy se vive en San
Lázaro.
Pablo Gómez, estudiante y
participante de aquel movimiento, lo demandó en más de una ocasión. Hoy, como
tribuno sagaz y diputado por Morena, sintetizó: “El programa del movimiento del
68 fue el de las libertades democráticas. No más, pero no menos”.
Cuando ambos
participantes del movimiento estudiantil del 68 pasaron a tribuna, ya se había
develado la frase en oro en el muro de honor y se había reconocido la presencia
de 11 integrantes más del CNH de 1968: Mario Álvaro Cartagena López, Ernesto
Araiza Cervantes, Mirtocleya González Gallardo, Amapola Grijalva Vega, Carlos González
Arriaga, Alejandro Álvarez Bejar, Humberto Campos, Emilio Reza, Adriana Corona,
Marcia Gutiérrez y Salvador Martínez de la Rocca, quienes desde las gradas
escuchaban un pleno que apenas hoy los reconocía como uno de los impulsores del
cambio ocurrido el pasado 1 de julio.
Protagonistas
del movimiento estudiantil ocurrido hace 50 años, pero no por ello desfasados,
“hoy exigimos la presentación con vida de los 43 jóvenes de Ayotzinapa (los
mismos que hace cuatro años se preparaban para marchar y conmemorar el 2 de
octubre de 1968) y castigo a sus agresores. Nos sumamos al ímpetu de los
jóvenes que luchan contra el porrismo y claman por el fin de los juvenicidios
en México”, soltó Félix Hernández Gamundi.
El 68 es un
caso emblemático. Nunca las cosas volvieron a ser iguales y nunca volverán a
serlo, agregó el exdirigente estudiantil. Después del 2 de octubre –sostuvo–
comenzó un deterioro implacable del régimen dominante, y aunque éste refinó sus
prácticas represivas a contrapelo, el movimiento estudiantil se reprodujo en
los sindicatos, en las organizaciones campesinas, populares, y poco a poco fue
construyendo una victoria política, moral y cultural que hoy está viva.
Félix Hernández acertó:
“Las demandas del 68 siguen vigentes
y se expresan en un anhelo por un nuevo proyecto de país, una forma distinta de
gobernar sin autoritarismos, con un manejo soberano de los recursos nacionales
y un modelo económico, científico, tecnológico y educativo que garanticen el
desarrollo nacional independiente”.
En su
discurso, el líder del 68 demandó la
reapertura de los procesos “en contra de los genocidas de 1968, 1971 y la
guerra sucia”; el restablecimiento de la fiscalía especial que Vicente Fox
lanzó durante la alternancia; la “reapertura de los archivos de Sedena
(Secretaría de la Defensa Nacional) que contienen la actuación militar en
diversos actos genocidas, empezando con Tlatelolco 1968, y poner un alto a la
corrupción y a los signos que degradan la vida política nacional”.
En su turno,
Pablo Gómez relató las demandas
estudiantiles de 1968 que fueron completadas con un crucial “diálogo político,
pero uno que fuera público y que partiera del reconocimiento, de la
organización que los estudiantes se habían dado, que era voluntaria,
participativa, parlamentaria y democrática”.
De nuevo, el
morenista resumió y evidenció: “La
impronta del movimiento ha sido fecunda. Pero hay que admitir que no hemos
logrado las libertades democráticas en todos los ámbitos. Es escasa la
democracia sindical, los cacicazgos siguen presentes, la escuela mexicana es
autoritaria y la democracia por la que se ha luchado desde las universidades no
florece todavía en la mayoría de ellas, sin exceptuarse de ese rezago las cunas
mismas del Movimiento del 68: la Universidad Nacional y el Politécnico”.
Antes, el rector de la Universidad Nacional
Autónoma de México (UNAM), Enrique Graue Wiechers, subió a tribuna, y luego de
que rugieron desde las gradas y curules las consignas “fuera porros de la UNAM,
fuera porros de la UNAM”, siguió un largo “¡goooyaaa, universidad!”.
Graue soltó:
“Hace 50
años nos enfrentamos los mexicanos con un aparato de Estado indiferente e
incrédulo en la juventud, infundioso y autoritario, que creía ver en las genuinas
manifestaciones estudiantiles las maquinaciones de una conspiración
internacional encaminadas a derrocar al régimen establecido…
“Hace 50
años el señor director del Politécnico Nacional y yo éramos entonces jóvenes y
estudiantes de nuestras respectivas instituciones que hoy dirigimos, tanto él
como yo participamos en ese singular y desbordado entusiasmo que sólo a esa
edad se puede tener. Teníamos nuestra verdad y la defendíamos, queríamos
transformar y no sabíamos cómo, pero de alguna forma percibíamos que estábamos
siendo actores de algo distinta e inesperado”.
Al rector de
la UNAM se les escuchó con respeto y en silencio: “Hace 50 años, a las 6 y 10
de la tarde (sic), en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, sucedió una
masacre cruel e inexplicable que es difícil describir. Al día siguiente todo
era silencio. Poco, escandalosamente poco, se redactaba en los medios de
comunicación. La atrocidad había sido minimizada y las escasas imágenes que
circulaban de lo acontecido en la Plaza, apenas existía en algunos medios de
comunicación. Y las observamos como dolorosas, oprobiosas y lacerantes”.
A 50 años de
aquel entonces, siguió, no estamos exentos de crímenes abominables que no han
tenido explicación satisfactoria.
“Y también
sabemos que vivimos en una sociedad con mayor violencia e inseguridad. Nos
seguimos sintiendo indefensos ante ellos. Pero hoy también, con estas palabras
que se inscriben en sus muros, se reconoce por esta cámara que algo se ha
logrado y que mucho más debemos alcanzar”, dijo.
Finalizó:
“Señores diputados. Ese México que levantó su voz. Esos jóvenes golpeados y
perseguidos. Esa sangre derramada. Esos presos a quienes injustamente se les
acortó su vida en libertad. Todas estas muertes atroces y todas esas luchas
ciudadanas posteriores se los agradecen sentidamente”.
Después,
Pablo Gómez, quien participó en el movimiento estudiantil hace 50 años y hoy
forma parte de la bancada más grande, Morena, admitió:
“No hemos logrado las libertades
democráticas en todos los ámbitos… completar la democracia por la que se
luchaba hace 50 años no sería suficiente para dar respuesta a la actual
sociedad, más politizada y exigente. Ya no bastan los mecanismos de democracia
formalista, son más necesarios los métodos participativos, donde la gente pueda
proponer y objetar, decidir y derogar, elegir y revocar”.
Y cerró ligando el llamado que ha
hecho el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador: recurrir a la consulta
popular para que la ciudadanía tome parte en las decisiones “cuando se denuesta
o soslaya la consulta al pueblo, porque a éste se le considera falto de
conocimiento o peligroso, (pero) en realidad se idolatra el despotismo, el
mismo que ha sido una gran loza en la espalda de las generaciones mexicanas,
ahora recubierto con principios tecnocráticos”.
Por otro
lado, en la Cámara de Senadores también se debelaron las letras del muro de
honor de mano del presidente de la Mesa Directiva, Martí Batres, y otros
coordinadores de bancada como Rafael Moreno Valle.
Por la
mañana, representantes de los tres Poderes de la Unión, Alfonso Navarrete,
titular de Segob, Martí Batres, presidente del Senado, Dolores Padierna,
vicepresidenta de la mesa Directiva de San Lázaro y el ministro presidente de
la SCJN, Luis María Aguilar, izaron la bandera del Zócalo a media asta y la
banda de guerra interpretó el toque de silencio en memoria de los estudiantes
caídos.
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